El silencio de Santiago (Los Secretos de España 4) CAPÍTULO 6 Bajo las piedras de Compostela #2
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CAPÍTULO 6 Bajo las piedras de Compostela #2

El responsable buscó.

Encontró su nombre.

Fecha:

cinco días antes de morir.

Adrián observó.

—Entonces sí estuvo.

Lucía leyó la autorización.

Varela había participado en una inspección documental y visual del sector asociado con el antiguo acceso.

No era una exploración clandestina.

Había autorización.

—¿Quién estaba con él?

La hoja mencionaba dos personas más.

Una responsable técnica.

Y un nombre que ya conocían.

Celia Barreiro.

Adrián miró a Lucía.

—Otra vez Celia.

Lucía no sacó conclusiones.

Celia había trabajado con Varela.

Era normal que estuviera presente.

Lo importante era saber qué vieron.

La memoria de visita incluía una observación añadida:

«Se reconoce diferencia de nivel compatible con el acceso anterior. No puede establecerse dirección completa del paso.»

Lucía sonrió apenas.

Otra vez la cautela.

No habían encontrado un camino.

Habían encontrado evidencia de una fase anterior.

Eso bastaba.

Adrián señaló un añadido manuscrito:

«Varela solicita revisar relación con alto de la vista.»

Lucía se quedó quieta.

Cinco días antes de morir ya estaba conectando Porta Alba con el punto visual.

Eso situaba la evolución de su investigación con mucha precisión.

Después, en los días siguientes, corrigió la posición de la señal y las medidas.

Finalmente trabajó con Riveiro para ubicar el alto.

La secuencia empezaba a cerrarse.

Lucía pidió la hoja de observaciones de Celia.

No había una separada.

Pero figuraba una nota firmada conjuntamente:

«El resto visible no demuestra acceso diferenciado.»

Adrián observó.

—Entonces Celia ya había abandonado esa teoría antes de la muerte.

—Al menos en este punto, sí.

Eso debilitaba cualquier intento de convertirla en defensora cerrada de una ruta especial.

Lucía siguió.

La siguiente frase decía:

«La disposición es compatible con un acceso utilizado según disponibilidad del tránsito.»

Exactamente lo que habían encontrado en las fuentes administrativas.

La evidencia material y documental empezaban a converger.

Eso era mucho más sólido.

No necesitaban una piedra perdida para sostener cada parte de la reconstrucción.

La pieza sesenta y dos podía añadir información.

No era la única base.

El responsable regresó.

La autorización para visitar el sector técnico podía concederse al día siguiente.

Lucía aceptó.

Adrián observó.

—Entonces mañana vemos lo que Varela vio.

—Vemos lo que sigue accesible ahora.

No necesariamente exactamente lo mismo.

El área podía haber sufrido intervenciones desde entonces.

Pero podrían entender la relación de niveles.

Antes de irse, Lucía quiso resolver otra contradicción.

El mensaje anónimo había dicho:

«En el lugar donde cambiaron el nombre sin cambiar la puerta.»

Hasta ahora habían encontrado que Porta Alba mantuvo su nombre mientras cambiaba la función.

¿Dónde se había producido un cambio de nombre?

Buscó referencias posteriores.

Apareció:

«la antigua Porta Alba, hoy llamada puerta del costado.»

Lucía se detuvo.

Ahí estaba.

El acceso había cambiado de denominación sin desaparecer físicamente.

Después, en otros documentos, puerta del costado aparecía como si fuera una entrada distinta.

Adrián lo vio.

—Entonces ahí se multiplicó otra vez.

—Sí.

Dos nombres podían producir dos puertas en una reconstrucción si no se comprobaba que correspondían al mismo acceso en momentos distintos.

Eso era importante.

La historia no solo había perdido caminos.

También había duplicado elementos por cambio de nombre.

Lucía encontró una relación todavía posterior:

«la puerta del costado, antes llamada Alba.»

La equivalencia era explícita.

No había duda.

—Entonces el anónimo no estaba hablando de un cambio sin cambiar la puerta —dijo Adrián—. Exactamente eso ocurrió.

Lucía asintió.

Porta Alba había sobrevivido materialmente mientras su denominación cambiaba.

En fuentes tardías, alguien podía tratar ambas como accesos diferentes.

Eso podía generar otra ruta inexistente.

La investigación empezaba a mostrar un mecanismo complejo pero completamente racional.

Una señal podía moverse.

Una puerta podía cambiar de nombre.

El nivel del suelo podía cubrir parte de una bajada.

Si cada cambio se leía como una estructura nueva en lugar de una transformación, la ciudad medieval se multiplicaba falsamente.

Adrián observó.

—Santiago termina teniendo más caminos en los papeles que en la realidad.

—Si se pierden las correspondencias, sí.

Lucía guardó las notas.

Eso era exactamente lo que necesitaban evitar.

Al salir, la lluvia había vuelto.

Caminaron sin prisa.

Lucía pensaba en Porta Alba.

Una entrada cuyo nombre había sobrevivido durante un tiempo.

Después otra denominación tomó su lugar.

La fábrica antigua quedó parcialmente integrada en una disposición posterior y el pavimento terminó cubriendo restos de la bajada.

Siglos después, alguien podía mirar debajo y creer que había encontrado un corredor oculto.

Pero allí no había existido un corredor subterráneo.

Había existido una calle abierta.

Adrián rompió el silencio.

—Eso me parece clave.

—¿Qué?

—Que lo enterrado no nació enterrado.

Lucía asintió.

Era una distinción simple.

Y podía explicar gran parte del misterio material.

El teléfono vibró.

Número desconocido.

Esta vez había una fotografía.

Mostraba un sector de suelo levantado durante una intervención.

Se veía una alineación de piedras debajo del pavimento moderno.

En el borde inferior aparecía una tarjeta de escala.

Lucía amplió.

No había nada secreto.

Parecía un registro técnico.

Debajo de la imagen:

«Varela pidió esta foto.»

Lucía observó.

Podía pertenecer a la visita autorizada.

Escribió:

¿Quién la tomó?

La respuesta:

«Celia.»

Adrián levantó la vista.

—Entonces Celia puede confirmarlo.

Lucía llamó.

Celia respondió.

—¿Sí?

—Acaban de enviarme una fotografía de una intervención bajo el pavimento. Dicen que la tomó usted para Varela.

Silencio.

—¿Cómo es?

Lucía la describió.

Celia respiró.

—Sí.

—¿La tomó usted?

—Sí.

—¿Dónde está el original?

—En mis archivos.

Eso confirmaba la autenticidad.

—¿Se la envió a alguien más?

—A Manuel.

Otra imagen que podía haber llegado al remitente desde el teléfono de Varela.

El patrón se fortalecía.

—¿Qué muestra?

—Un tramo de pavimento anterior y parte de una alineación asociada con el acceso.

—¿Un camino subterráneo?

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Era superficie antigua. Quedó cubierta después.

Lucía miró a Adrián.

La explicación coincidía completamente.

—¿Varela lo entendió así?

—Por supuesto.

—¿Por qué pidió la fotografía?

—Porque quería compararla con una memoria de niveles.

—¿Encontró correspondencia?

—Sí.

—¿Qué concluyó?

Celia tardó.

—Que Porta Alba estaba algo más baja de lo que se representaba en varias reconstrucciones modernas.

Lucía se detuvo.

Eso podía afectar la visibilidad desde el alto.

También la forma del descenso.

—¿Cuánto?

—No mucho.

Pero suficiente para cambiar la pendiente final.

—¿Eso figura en sus notas?

—Sí.

Lucía pensó en la libreta.

Otra corrección podía estar allí.

—¿Influyó en la reconstrucción de Riveiro?

—Manuel dijo que iba a mandárselo.

Eso explicaba por qué Riveiro había podido ajustar el área del alto.

Todo empezaba a conectarse documentalmente.

No había un gran secreto escondido.

Había una investigación compleja sobre niveles urbanos.

Celia añadió:

—Lucía.

—Sí.

—La foto que le enviaron no debería estar circulando.

—¿Por qué?

—Porque forma parte de documentación técnica de una intervención.

—¿Es confidencial?

—No exactamente.

—Entonces.