El sello de los diez Chapter 37
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Chapter 37

La mañana siguiente al hallazgo en las Corderías, Marco Foscari depositó sobre la mesa de piedra de la sala de los Inquisidores la matriz, los libros contables y una relación de cuatro páginas escrita de su puño y letra durante la noche, en la que reconstruía la cadena de la operación desde el inicio.

Permaneció de pie esperando mientras los tres Inquisidores examinaban los materiales en silencio durante cincuenta y dos minutos.

Los magistrados se intercambiaron los documentos sin realizar comentarios.

El más anciano pasó la matriz a su colega de la derecha con la cautela de quien sabe que ese objeto tiene un peso mucho mayor que el físico.

Este último la examinó bajo la luz de la ventana, haciéndola girar lentamente antes de devolverla a la mesa y cubrirla con un paño de terciopelo.

Al ser interrogado sobre los conspiradores, Marco informó que Zorzi probablemente ya había cruzado el río Brenta con una ventaja de al menos cuarenta y ocho horas.

Sobre Gradenigo , confirmó que no había sido hallado en su palacio, habiendo tenido tiempo suficiente para organizar su huida.

Marco mencionó además que en el despacho del senador Contarini había encontrado una caja de cuero vacía, sugiriendo que el senador podría haber entregado su contenido a Gradenigo o conservarlo bajo custodia personal.

El Inquisidor más anciano dictó entonces que la matriz fuera secuestrada, los libros contables incluidos en el expediente oficial y el registro de la Ceca reclamado para su cotejo en un plazo de tres días.

«Habéis hecho vuestro trabajo, Foscari...

suficientemente», concluyó con una pausa medida.

Para Marco, esa palabra — suficientemente — tenía un peso específico en la lengua de los Inquisidores: significaba que tenían lo necesario para proceder, pero que las consecuencias de lo que aún faltaba recaerían sobre él.

Al salir del Palacio Ducal bajo el frío de enero, Marco comprendió que la victoria era incompleta.

Aunque la matriz y los libros estaban en custodia, Gradenigo seguía libre y el Título de Estado ya viajaba hacia Colonia.

Tenía la certeza de que, cuando examinaran el registro de la Ceca en tres días, las páginas más importantes ya no estarían allí.

Mientras tanto, Gradenigo recorría el camino hacia Trieste con la seguridad de quien sabe que ha dejado sus secretos a salvo.