Chapter 30
Venecia, hoy
Valeria Corradi tenía la costumbre de llevar los expedientes impresos cuando iba a hablar con alguien de importancia; decía que las personas leían de forma diferente sobre el papel que sobre la pantalla, y que la fisicidad del documento permitía señalar el punto exacto de una frase con el dedo.
Llegó al apartamento de Elena a las siete de la tarde con un fascículo de cuarenta y dos páginas y el aire de quien ha pasado la jornada verificando hechos que hubiera preferido no encontrar.
—Os habéis visto con Vance —dijo Valeria, sentándose a la mesa de la cocina sin preámbulos. —Él sabe quién eres. Probablemente conoce tu proyecto de digitalización desde antes de que tú supieras de su existencia.
Elena leyó el párrafo en silencio, asimilando la magnitud del desafío.
Valeria le advirtió que la audiencia preliminar ante el Tribunal Administrativo Regional (TAR) ya estaba fijada para dentro de cuatro semanas .
Si para entonces no encontraban una prueba física y verificable que desmontara la autenticidad del sello, el juez se vería obligado a examinar el fondo de la reclamación.
Antes de marcharse, Valeria dejó caer una última pieza del rompecabezas: Vance estaba siendo investigado por la Europol por blanqueo de capitales, pero necesitaban un vínculo directo con un acto fraudulento para actuar de urgencia.
Elena se quedó mirando el expediente bajo la luz de la cocina.
Un escalofrío le recorrió la espalda al reconocer una conexión histórica que solo ella podía ver: — La Speranza —susurró Elena hacia Matteo—.
Es el mismo nombre de la nave insignia que el embajador austriaco mencionó en 1755.
El complot no era solo una invasión; querían comprar los secretos comerciales de la República