El Secreto de San Millán (El Secreto de San Millán: Tomo VII) BLOQUE 3
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La primera referencia claramente equivocada apareció en un inventario posterior.

Sebastián tardó unos segundos en comprender lo que estaba leyendo:

Miscelánea religiosa. Papel y pergamino. Siglo XVIII-XIX.

Irene levantó inmediatamente la cabeza.

—La fecha no puede corresponder al volumen.

No era una cuestión de contenido.

La materialidad que habían seguido durante toda la investigación hacía incompatible una datación tan tardía del conjunto como objeto.

Mauro preguntó si podían estar delante de otro manuscrito que hubiera reutilizado la misma referencia.

Era una posibilidad.

Sebastián comprobó la ubicación.

Coincidía con el mismo sector.

Después encontraron una hoja de traslado posterior que mantenía la referencia sin indicar sustitución de pieza.

La continuidad seguía apuntando al mismo volumen.

Irene examinó la expresión papel y pergamino.

Podía tener una explicación razonable.

Un manuscrito de pergamino podía contener añadidos posteriores en papel.

El problema verdadero era la datación.

Sebastián buscó de dónde había salido.

No procedía de un análisis del soporte.

Había sido inferida a partir de una anotación tardía incorporada al volumen.

Eso explicaba la equivocación.

Quien catalogó utilizó la fecha de un añadido como aproximación para el conjunto.

Mauro negó con la cabeza.

—Es un error demasiado grande.

Sebastián no quiso juzgarlo desde la ventaja que ellos tenían ahora.

—Nos resulta evidente porque llevamos meses siguiendo la materialidad de esta pieza. El catalogador trabajaba con cientos de volúmenes y tenía delante uno sin título seguro, con añadidos posteriores y sin procedencia visible.

En ese contexto, una datación aproximada podía entrar en la ficha sin provocar ninguna alarma.

Irene pasó a la versión siguiente.

La misma fecha se había copiado.

Más adelante volvía a aparecer.

Una estimación inicial había empezado a convertirse en dato heredado.

Eso era más grave que la confusión con C-2.

Ahora el error alteraba la cronología.

Un investigador que limitara su búsqueda a códices medievales podía descartar aquella ficha antes siquiera de examinarla.

Mauro lo resumió:

—Ya no está solamente bajo otro nombre.

Sebastián asintió.

Ahora también estaba bajo una época equivocada.

La protección inicial había retirado de la vista la procedencia.

Después, las sucesivas simplificaciones administrativas fueron deformando la identidad.

No había una única referencia errónea que pudiera corregirse y resolver todo.

Había varias capas construidas en momentos diferentes.

Cada una había resultado comprensible dentro del sistema que la produjo.

Juntas convertían el volumen en algo distinto de lo que materialmente seguía siendo.

Fray Julián observó la datación.

—¿Cómo pudo durar tanto sin corregirse?

Irene respondió:

—Porque nadie volvió a examinar el objeto con esa pregunta.

Sebastián tomó la fotografía de la campaña.

El manuscrito había permanecido visible durante décadas.

Lo que cambiaba era la ficha que lo representaba.

Primero se debilitó la procedencia.

Después aparecieron referencias que ya no coincidían entre instrumentos.

Más tarde una fecha equivocada alejó todavía más cualquier búsqueda histórica.

No necesitaban sumar más ejemplos.

El patrón estaba demostrado.

Sebastián escribió:

LOS INVENTARIOS NO CONTRADICEN NECESARIAMENTE AL OBJETO; CONSERVAN MOMENTOS DISTINTOS Y A VECES INCOMPATIBLES DE SU HISTORIA ADMINISTRATIVA

Irene leyó la frase.

—Eso es lo que tenemos.

Una ficha conservaba mejor determinados rasgos materiales.

Otra reflejaba la clasificación catalográfica.

En una versión posterior aparecía una procedencia administrativa que había sido entendida como histórica.

Ninguna contenía por sí sola la identidad completa.

Sin embargo, todas seguían hablando del mismo volumen.

Fray Julián cerró el inventario más reciente.

—Entonces cuando llegue el momento de localizarlo no podremos confiar únicamente en el nombre.

Sebastián miró a Irene.

Ella comprendió inmediatamente.

La identificación física tendría que apoyarse en características materiales que hubieran sobrevivido a todos los cambios de catálogo.

La cubierta oscura y la reparación antigua seguían siendo más fiables que muchas palabras añadidas décadas después.

También estaban la pérdida inferior y las dimensiones registradas en las fichas técnicas.

El cuerpo del manuscrito conservaba una continuidad que los inventarios habían dejado de expresar correctamente.

Sebastián ordenó nuevamente los documentos.

Ahora comprendían por qué tantas búsquedas anteriores podían haber fracasado.

Quien preguntara por San Millán no encontraría la ficha moderna.

Una búsqueda limitada a procedencia emilianense tampoco conduciría hasta ella.

Y si alguien descartaba materiales atribuidos a los siglos XVIII o XIX, podía pasar por delante del registro sin sospechar que estaba eliminando precisamente el volumen que buscaba.

Nada de aquello había sido construido para impedir su hallazgo.

Eso era lo más inquietante.

Había surgido porque cada generación recibió una versión incompleta del instrumento anterior y la trató como suficiente.

Cuando los inventarios dejaron de coincidir, el Códice quedó atrapado entre todos ellos.