El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) CAPÍTULO 30 CONSERVACIÓN DE LAS DOS INSCRIPCIONES
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CAPÍTULO 30 CONSERVACIÓN DE LAS DOS INSCRIPCIONES

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Clara Montalvo volvió a la sepultura con una propuesta distinta de la que habría presentado al comienzo de la investigación.

Cuando aparecieron los primeros trazos antiguos bajo la intervención posterior, había considerado la posibilidad de recuperar una superficie más extensa.

En aquel momento desconocían la formulación completa de la memoria original y no sabían si existía alguna copia anterior a la modificación.

La piedra era el testimonio principal y parecía razonable estudiar hasta dónde podía avanzarse sin dañarla.

El Memorial de Burgos había cambiado aquella situación.

Hernando había copiado la memoria antes de que se realizara la mudanza y había conservado noticia de las diferencias introducidas después. La documentación permitía reconstruir la relación entre ambos estados sin necesidad de retirar toda la materia que los separaba.

Clara contempló las fotografías tomadas durante el estudio material. Adrián Valcárcel estaba a su lado y Martín Arce había llevado las últimas transcripciones cotejadas con las reproducciones autorizadas del Memorial.

La inscripción anterior no había desaparecido por completo.

En ciertas zonas seguían distinguiéndose trazos parcialmente rebajados, mientras otras conservaban indicios de las modificaciones que permitieron incorporar la formulación posterior.

También estaban documentados los cambios de marco y el reaprovechamiento de partes del monumento.

Aquello ofrecía una secuencia material que debía conservarse.

—Si retiramos toda la intervención posterior para recuperar el primer estado, destruimos una parte de lo que hemos conseguido explicar —dijo Clara.

Adrián examinó la ampliación de una zona donde coincidían restos de ambas etapas.

—La inscripción nueva también es histórica.

—Exactamente. Su contenido responde a una decisión de reducción, pero eso no la convierte en un añadido sin valor. Es el testimonio de lo que se hizo después.

Durante siglos, la memoria visible había representado a la casa conforme a la relación breve.

La orden conservada por Hernando demostraba que aquella elección había sido deliberada.

Deshacer por completo la intervención posterior significaría eliminar de la piedra la evidencia material de una decisión cuya existencia acababan de reconstruir mediante el archivo.

Clara tampoco consideraba aceptable mantener la memoria antigua fuera del conocimiento público.

La solución no consistía en dejar las cosas tal como se habían interpretado durante generaciones, como si la inscripción visible fuera la única formulación que había existido.

Debían conservar ambas etapas y explicar su relación.

Martín colocó junto a las fotografías la copia de las letras antiguas realizada por Hernando.

—Podemos establecer la lectura anterior sin completar lo que falta mediante hipótesis.

Clara asintió.

La existencia de aquella copia era decisiva. Permitía diferenciar el texto documentado de los restos que todavía podían observarse sobre el monumento.

Lo que no autorizaba era reproducir materialmente todas las letras perdidas como si nunca hubieran sido modificadas.

—No voy a tallar otra vez lo que ya no está —dijo.

Adrián le preguntó si mantendría esa decisión incluso en las zonas donde conocían la formulación original.

—Especialmente ahí. Saber qué decía una letra no significa que debamos fabricarla de nuevo sobre el soporte antiguo.

La distinción entre restitución documental y reconstrucción material debía quedar clara en el proyecto.

Una reproducción gráfica podía mostrar la lectura completa e identificar las partes conservadas. También podía explicar qué fragmentos se conocían gracias a Hernando y cuáles seguían presentes en la piedra.

Pero si grababan de nuevo una inscripción completa sobre el monumento, el visitante podría dejar de distinguir el testimonio antiguo de una intervención contemporánea.

La restauración terminaría creando una apariencia histórica que el soporte ya no conservaba.

Clara amplió otra fotografía.

En una franja próxima al sector intervenido se distinguía una parte antigua rebajada y el trabajo posterior realizado sobre la misma superficie.

—Esta zona debe protegerse especialmente. Si intentamos igualar el acabado, perdemos las huellas que permiten reconocer las dos operaciones.

Adrián observó las diferencias de talla.

El documento material estaba contando algo que la inscripción, leída únicamente como texto, no revelaba.

Mostraba que la memoria anterior había sido modificada.

La superposición era una parte fundamental de la prueba.

Clara explicó que cualquier actuación tendría que comenzar por un diagnóstico de conservación. Había que comprobar la estabilidad del soporte, identificar los depósitos presentes y determinar si existían zonas que requirieran consolidación.

La limpieza, si se autorizaba, sería localizada y controlada. No tendría como finalidad blanquear la piedra ni uniformar sus superficies. Solo podría retirar aquello cuya eliminación resultara compatible con la conservación y permitiera mejorar la lectura sin destruir las diferencias históricas.

Martín señaló la zona de contacto entre ambas etapas.

—¿Y si queda menos legible de lo que esperamos?

—Habrá que aceptarlo. No podemos sacrificar una huella auténtica para conseguir una fotografía más clara.

Adrián recordó una de las disposiciones medievales que habían estudiado:

“No se deshaga lo que pudiere conservarse, mas corríjase lo que cause diferencia con la memoria que se manda usar.”

Clara volvió a leerla.

La orden antigua había buscado conservar parte del soporte mientras adaptaba su contenido a una memoria distinta. Su intervención había resultado selectiva precisamente porque no necesitaba sustituir toda la sepultura.

El proyecto actual debía utilizar otro criterio.

Ya no se trataba de eliminar las diferencias para obtener una versión uniforme, sino de preservarlas como evidencia de la historia del monumento.

—Nuestra intervención tiene que permitir que se reconozca aquello que la anterior hizo —dijo Clara—. Si borramos sus huellas, tampoco podremos explicar la reducción.

Adrián guardó la transcripción.

La investigación les había permitido conocer una memoria que la piedra conservaba solo parcialmente. Ahora el archivo ofrecía la posibilidad de proteger el soporte sin exigirle que volviera físicamente a un estado perdido.