El secreto de la Catedral (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo V) BLOQUE 2
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Los expedientes de Históricos Protegidos se conservaban separados de las unidades documentales.

Formaban parte de documentación administrativa relacionada con restauraciones y antiguos movimientos de fondos.

Martín buscó el período en que DHI-32 había dejado de utilizarse.

El cambio no había ocurrido en una fecha única.

Durante algunos años coexistieron los dos sistemas.

Eso explicaba varias anotaciones aparentemente contradictorias.

En una hoja encontraron DHI-32 y, escrito después a lápiz, HP-47.

Era útil.

No suficiente.

La corrección no tenía fecha.

Martín necesitaba un documento que registrara el traslado de manera formal.

Lo encontró bajo el título:

“Registro de unidades separadas por estado material.”

Eso aclaraba además la naturaleza de Históricos Protegidos.

No era una serie temática.

Era una agrupación de conservación.

Documentos pertenecientes a fondos distintos habían sido retirados de sus ubicaciones habituales porque necesitaban mejores condiciones físicas.

La entrada de DHI-32 decía:

“Retirado por fragilidad de cubierta y deformación de hojas. Ubicación de protección: HP-47.”

Adrián señaló la línea.

La equivalencia era directa.

Debajo aparecía:

“Mantener como unidad por relaciones internas y numeración antigua no regularizada.”

Clara volvió a leer aquellas palabras.

Las relaciones internas.

Una vez más, alguien había percibido que los documentos no debían separarse.

El informe añadía:

“No extraer la memoria funeraria de la cubierta pese a pertenecer temáticamente a otra sección.”

Esa decisión podía haber sido determinante.

Durante una reorganización temática, la memoria de sepultura podría haber terminado entre documentación funeraria, mientras las piezas sucesorias o patrimoniales eran enviadas a otras series.

No se habría perdido ningún papel.

Pero el Memorial habría dejado de existir como unidad.

El archivero que preparó aquella revisión había decidido exactamente lo contrario.

Mantenerlo junto.

No porque conociera la intención de Hernando.

Porque la estructura material del conjunto lo justificaba.

La fecha de ese traslado coincidía además con una reforma interior de las dependencias del archivo.

El movimiento había respondido a dos motivos compatibles.

La fragilidad física de la cubierta y la reorganización de los espacios de custodia.

Eso podía explicar por qué después resultaba tan difícil reconstruir dónde había estado antes.

Elena regresó con la relación moderna de consultas de C12.

Eran pocas.

Varias correspondían a inspecciones técnicas.

La carpeta 4 aparecía únicamente en tres registros.

Uno muy antiguo.

Otro vinculado con conservación.

Y uno relativamente reciente.

Martín se acercó.

El nombre no era Julián Velasco.

Tampoco Roberto Navas.

Era Marta Llorente.

La misma profesional que había trabajado en distintos momentos para Armentia, Patrimonia y posteriormente para Navas.

También era la mujer que había consultado las referencias detectadas por Martín pocas horas antes del atropello.

Adrián preguntó por la fecha de aquella solicitud.

Era muy anterior a los acontecimientos recientes.

Marta había llegado físicamente hasta la carpeta mucho antes de que ellos conocieran su existencia.

El registro especificaba:

“Consulta restringida, revisión externa y ficha descriptiva.”

No había autorización para una apertura completa.

El motivo declarado era:

“Estudio de procedencia de documentación recibida con patronatos.”

La línea de investigación era exactamente la que años después aparecería en los trabajos acumulados por distintas consultoras.

Elena quiso saber qué había producido aquella consulta.

No constaba ninguna reproducción.

Solo:

“Se toman notas.”

Eso significaba que Marta pudo ver las marcas exteriores y acceder a la descripción básica.

Sabía que la carpeta existía.

Lo que no sabían era qué había hecho después con esa información.

La signatura no aparecía en los informes de Navas que habían recuperado.

Tampoco en la documentación conocida de Velasco.

Eso dejaba dos posibilidades abiertas.

Marta podía no haber incorporado el dato a los informes que ellos conocían.

O podía existir documentación posterior que todavía no habían encontrado.

Elena decidió no citarla de inmediato.

Primero quería saber qué había escrito durante aquella consulta.

Martín estuvo de acuerdo, pero insistió en terminar antes la identificación material.

Las dos investigaciones podían avanzar en paralelo.

Una buscaba reconstruir la trayectoria histórica.

La otra debía establecer quién había accedido a esa trayectoria en el presente y con qué consecuencias.