Capítulo 73
CAPÍTULO
SETENTA Y TRES
C harlas y risas se filtraban por la puerta, ahogando el sonido metálico que emitía su televisor.
Estaba viendo Doctors . Uno de sus programas favoritos, aunque le decepcionó enterarse de que la BBC lo había cancelado.
Ahora solo le quedaban las repeticiones y las mismas tramas que había visto una y otra vez. Aun así, le mantenía contento.
Mientras se recolocaba en la cama, esforzándose por escuchar el sonido de Jimmi Clay explicando noticias devastadoras a uno de sus pacientes, el móvil de Nathan vibró en su bolsillo. Se bajó de la litera de arriba, entornó la puerta y contestó la llamada.
—¿Qué tal Italia? —preguntó, dirigiéndose hacia la ventana.
—Gloriosa —respondió el hombre—. Realmente impresionante. Preciosa.
—Es bueno que ahora sepa lo que significan esas palabras.
El hombre se rio al otro lado de la línea. —¿Qué tal te fue? —preguntó—. ¿Encontraste a su hija?
—No, por desgracia. Tomek la encontró por su cuenta.
Desde fuera, Nathan oyó cantar a un pájaro.
—Es una pena.
—No hasta que oigas lo que le pasó.
—¿Qué fue?
Nathan se lo explicó .
—¿Cómo lo sabes? —preguntó el hombre.
—Porque él me lo contó. Creo que solo necesitaba a alguien con quien desahogarse, con quien soltarse. Deberías haber oído algunas de las cosas que dijo sobre el tipo que lo hizo. ¡Uf! Nunca he oído a alguien soltar tantos tacos en mi vida.
El hombre resopló. —Pobre desgraciado. Parece que lo que le pasó a su hija fue peor que lo que le hicimos a su hermano. Imagínate si Tomek la hubiera perdido igual que a él.
—Sí —dijo Nathan, apartándose de la ventana y volviendo a subir a la cama—. Imagínate.