Capítulo 64
CAPÍTULO
SESENTA Y CUATRO
Z achary Godson estaba escribiendo en su diario cuando oyó que llamaban a la puerta.
—Adelante —indicó.
Un momento después la puerta se abrió, y una delgada franja de luz iluminó la habitación en penumbra. Entró Yasmin.
Yassy la Gaseosa.
La chica que salvaría el día.
—Gracias por venir —le dijo, y luego señaló la silla junto a él—. Siéntate.
Observó cómo rebotaban los pechos de la joven de dieciséis años mientras se acercaba hacia él. Había perdido mucho peso en las últimas semanas, y se veía fantástica. Le había hecho sentir orgulloso.
—¿Querías verme?
—Esta noche es la noche —comenzó, cerrando la tapa de su cuaderno—. ¿Cómo te sientes?
—Bien... —dijo ella nerviosa.
—¿Solo bien ? ¿No estás emocionada?
—¿Qué? ¡Sí! Por supuesto que lo estoy. No puedo esperar. Esto es por lo que hemos trabajado tan duro durante tanto tiempo. Solo que se siente extraño que finalmente haya llegado.
Bajó la cabeza y comenzó a jugar con sus uñas. Zachary colocó su pulgar debajo de su barbilla y le levantó la cabeza. La luz detrás de él iluminaba el lado izquierdo de su cara, revelando un oscuro moratón que le cubría el ojo y la mejilla.
—Algo más te preocupa —dijo—. Dímelo. ¿Qué es?
—Es... es... lo de anoche. Me equivoqué. La pistola eléctrica... No dejo de pensar en ello. Lo siento.
Zachary soltó su barbilla.
—Y yo siento haberme comportado como lo hice.
Estaba enfadado. No debería haberte atacado así.
Pero no todo está perdido. Tenemos otra oportunidad.
Esta noche, las guerras raciales comenzarán, el demonio perecerá, y pasaremos a la otra vida.
Todos nosotros. Juntos. Tú y tus hermanas. Es momento de estar felices, jubilosos.
—Yo... lo estoy —dijo ella, forzando una sonrisa.
Zachary dudó un momento. Tomó un mechón de su pelo en su mano y comenzó a jugar con él.
—¿Cómo está Kandy? —preguntó.
—Nerviosa. Emocionada. No lo sé. No he hablado mucho con ella.
—Muy bien. Eso es de esperar. Por eso debo pedirte algo...
Yasmin levantó la cabeza, con los ojos muy abiertos. —¿Qué es?
—Es hora de que tú cumplas tu profecía —respondió, y luego alcanzó el cajón de la cómoda y sacó una bolsa grande de congelación llena de LSD, éxtasis y otras drogas. Metió la mano y sacó una mezcla de narcóticos.
Los colocó en la mano de Yasmin y dijo: —Estás cumpliendo tu profecía. Te he pedido esto, y harás lo que te indique.
Yasmin cerró lentamente los dedos alrededor de las drogas, susurrándose a sí misma. —Estoy cumpliendo mi profecía. Debo hacer lo que se me indica.