El riesgo de desearte (Los Hunt nº 3) Capítulo 13 #3
78%

Capítulo 13 #3

Caminamos detrás de una enfermera que nos colocó en una sala.

Había rellenado un formulario en la sala de espera y sería nuestro primer encuentro con la doctora Stacey Nills, una obstetra respetada de Los Ángeles que Logan se empeñó en conseguir en cuanto Vic empezó a hablar de cómo la médica era la más solicitada por estrellas de Hollywood.

No me importaba mucho, pero Logan y sus conclusiones decidieron que, si la gente exigente quedaba satisfecha con ella, debía haber alguna razón.

Aunque Logan encontró larguísima la espera de cinco minutos —en los que rellené el formulario y lo entregué en recepción—, dio tiempo a notar lo que diferenciaba a esa mujer de una médica para personas normales.

Zumos naturales, tentempiés saludables, folletos de clases con nombres raros y una banda sonora de mantras de yoga.

En la salita estábamos Logan, yo y la chica que lo devoró con los ojos, lo que demostraba que intentaban mimar a las pacientes al máximo hasta en no tener retrasos.

Por las fotos en su sitio web, podía apostar que participaba en algún programa de televisión sobre el día a día de los médicos.

El ambiente entero parecía una mezcla de maniobras naturales e inciensos y tenía miedo de que no le gustaran los buenos y viejos medicamentos contra el dolor, si el parto natural pasaba factura.

Cuando nos sentamos frente a ella, lo primero que pude notar era que la doctora Stacey no parecía una  neo-hippie .

Era una mujer de mediana edad, con más de veinte años de experiencia y muchos bebés en el currículum.

Tenía respuesta para todo, incluyendo las preguntas más idiotas que hizo Logan, como si podía o no comer lasaña en su cumpleaños.

Me confirmó que, si quería anestesia, la tendría, pero que lo discutiríamos cuando llegáramos allí, no ahora.

Después de pedir una serie de análisis, darme una lista de cosas que debía evitar consumir y las vitaminas que necesitaba tomar, decidí que tenía una obstetra al fin y al cabo.

—¡Lo sabía! —se burló Logan cuando conté mi decisión fuera de la consulta. —¡Siempre tengo razón!

La idea era ir al cine después del médico, pero el colorante de las palomitas y todas las cosas malvadas dentro del refresco me desmotivaron. Olería el aroma, me pondría de mal humor y terminaría enfadada y con antojo de comer.

Decidimos volver a casa de Logan cuando empecé a sentir mucho sueño, aunque fuera media tarde.

A veces, no podía caminar bien y sentía algo parecido a un cólico, pero la doctora Stacey dijo que era común en las primeras semanas y que lo confirmaríamos en los análisis.

Cuando llegué al apartamento, me tumbé en el colchón y dormí una larga siesta.

—Hola, dormilona, te he traído un tentempié. —Oí la voz de Logan diciéndome desde la puerta del dormitorio. —Todo natural para complacer a la doctora Hollywood.

—Justo a tiempo de que tu hijo empiece a molestarme pidiendo comida —respondí con un bostezo y abrí los ojos, notando que ya había oscurecido fuera. Logan puso un plato con un sándwich a mi lado. Lo atraje hacia la cama, envolviendo mis brazos a su alrededor, cuando sentí su sonrisa contra mi piel.

—¿Cuando se porta mal solo es mi hija?

—Igualita a su padre.

—No fui yo quien te hizo comer hierba cuando eras niña solo porque me enfadé. El karma es malvado —bromeó.

—Gracioso —respondí, girando el cuerpo para coger el sándwich. Con cada mordida, gemía de placer. Logan sabía cocinar bien, porque su madre se aseguró de que todos los hijos aprendieran. —¿Me llevas a casa? Necesito resolver unas cosas temprano y...

—Duerme aquí y te llevo mañana.

—Prefiero ir a casa, tengo varias cosas que arreglar. ¿Por favor?

—De acuerdo, pero quiero dejar claro que no me gusta esta opción.

—Tú, Logan, vas a ser un padre mandón.

—Protector.

—Implicante.

—Prueba con más elogios —sonrió. —Cuando estés lista para irte, avísame —dijo Logan, dándome un beso rápido en la boca.

Lo estaba evitando a propósito y veía en su mirada cómo quería que me quedara.

Sabía que me había vuelto a enamorar, pero las cosas eran confusas, y quería cualquier excusa para proteger mi corazón.

Me aseguraba de dormir sola algunas veces por semana, aunque echara de menos sus brazos a mi alrededor. Era un caso perdido.

En cuanto terminé de comer, Logan me llevó a casa.

Lizzie había ido al hospital una vez más.

Me aseguró que solo estaba en observación, pero me preocupaba cada vez más por ella.

Después de arreglar las cosas, me acosté temprano y me fui a dormir.

Tal vez el estrés, el miedo por Lizzie o mi corazón reticente no me dejaron conciliar el sueño.

Sabía que algo andaba mal. En mitad de la madrugada, me levanté a buscar un vaso de agua, cuando, de repente, sentí algo caliente escurrir entre mis piernas.

Encendí la luz y vi la sangre roja bajando a través de mi ropa interior.

Mi pecho vibró con desesperación e hice lo primero que se me ocurrió: llamé a Logan.