El primer día de trabajo, me casé con el CEO Capítulo 104
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Capítulo 104

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(Lily)

—No —dije—. Ese no es mi marido. Es mi ex.

Chloe soltó un largo suspiro y se llevó la mano al pecho.

—Vale. Vale, bien. Sabía que algo no cuadraba.

—¿Lo sabías?

—Me di cuenta en cuanto lo vi —negó con la cabeza—. Ese tipo... he visto a cientos como él. De esos que actúan como si todo fuera perfecto en público y luego te hacen el vacío en cuanto llegas a casa. Seguro que tiene a tres tías escribiéndole a todas horas.

No dije nada. No se equivocaba.

—Entonces tu marido de verdad —dijo, inclinándose hacia delante—. ¿CEO de qué empresa?

—Tecnología. Se llama Archer Hartley.

A Chloe se le abrieron los ojos como platos. No dijo nada durante un segundo.

—¿Hartley Technologies?

—Sí.

Me miró fijamente. Luego bajó la voz.

—Vale, tengo que contarte algo. El sábado que viene hay una cumbre del sector. De bienes de consumo, pero va a haber gente de finanzas y negocios de todas partes. O sea, pesos pesados de verdad —hizo una pausa—. ¿Va a ir él?

Mantuve la expresión neutral.

—No estoy segura.

Entrecerró los ojos como si no me creyera del todo, pero lo dejó pasar.

Esa tarde, Aurora me llevó aparte cerca de la sala de fotocopias.

—Te llevo a la cumbre el sábado que viene —dijo—. Despeja tu agenda.

—Vale. Sí, por supuesto.

Lo dijo como si no fuera nada. Yo todavía lo estaba procesando cuando volvimos a la oficina principal. Alguien lo oyó, y en unos treinta segundos toda la sala lo sabía.

—¿Por qué Lily puede ir? —gritó alguien desde el otro lado de la sala.

—Porque lo digo yo —dijo Aurora, sin levantar la vista.

—Eso no es justo. Llevo aquí tres años más que ella...

—Os llevé a todos a la serie de paneles en marzo —dijo Aurora, todavía tranquila—.

Y al foro de dos días en primavera. Las plazas esta vez son limitadas.

Le toca a la nueva —hizo una pausa—. Quien no esté de acuerdo puede preparar una propuesta alternativa y ponerme en copia.

La revisaré el fin de semana y decidiré si merece la pena reconsiderarlo.

Silencio absoluto.

Luego todos volvieron a sus monitores.

Me senté en mi escritorio y cogí el móvil.

Lo pensé un momento y luego le escribí un mensaje a Archer.

Oye, pregunta tonta: ¿estás libre el sábado? Por nada en especial, solo pregunto.

Su respuesta llegó enseguida.

Hay una cumbre del sector el sábado. Puedo saltármela si tienes algo planeado.

Lo leí dos veces. Luego escribí:

No no, no te la saltes. Solo iba a preguntarte si querías ver una peli o algo, pero si tienes planes no pasa nada.

Lo revisé antes de enviarlo. El tono era el correcto. Desenfadado. Un poco decepcionada pero sin darle importancia. Sin fisuras.

Le di a enviar.

No iba a contarle lo de la cumbre. Iba a presentarme allí el sábado y dejar que lo descubriera él solito.

Su siguiente mensaje llegó un minuto después.

No necesitamos ir al cine para eso. Tenemos sala de proyección en casa.

Me quedé parada.

Era verdad. Había pasado por delante dos veces y nunca se me había ocurrido usarla. Simplemente estaba ahí.

Espera, ¿podemos usarla esta noche?, escribí.

Claro. ¿Qué quieres ver?

Yo elijo. Tú solo preséntate.

Casi podía oírlo reírse.

¿Quieres algo para picar?, escribió. Patatas, pretzels, cecina, frutos secos, pretzels de chocolate.

Sonreí mirando la pantalla.

Sí a las patatas y la cecina, escribí. Por cierto, ¿todavía tienes esas de sal marina y pimienta negra? ¿Y la cecina ahumada de la última vez?

Se acordaba. Respondió enseguida: Puedo coger dos de cada. ¿Quieres algo de beber? Está esa cafetería cerca de casa. Puedo pasar a por uno de esos cafés especiales que te gustan.

Sí, porfa, escribí. Mándame la carta y elijo.

Hecho, respondió. Nos vemos esta noche.

Dejé el móvil y volví al trabajo.

La puerta de la oficina se abrió de golpe. Julian entró y fue directo al escritorio de Evan a recoger una carpeta. Iba por la mitad de la sala cuando aminoró el paso y echó un vistazo hacia donde estaba Archer.

Archer seguía con el móvil, repasando opciones de picoteo en voz baja.

Julian lo observó un segundo. Luego se giró, dejó caer la mano sobre el hombro de Evan y dijo:

—Lo está haciendo otra vez.

Evan levantó la vista.

—Todo el... —Julian hizo un gesto vago hacia Archer—. Rollo.

Evan volvió a mirar el teclado y sonrió para sí sin decir nada.

Julian negó con la cabeza y miró a Evan con compasión.

—No es culpa tuya haber acabado con este tío de jefe.

Evan miró al techo.

(Punto de vista del narrador)

Esa mañana en Hartley Technologies, Julian se dejó caer en la silla frente al escritorio de Archer y abrió la carpeta que había traído. No alzó la mirada enseguida.

—Entonces, ¿qué pasó realmente en esa sala privada anoche? —dijo—. Porque saliste con cara de haber ganado algo.

Archer no respondió enseguida.

Pensó en el peso de ella contra él. El leve y delicado roce de sus labios en la comisura de su boca. Cómo lo había dicho por fin en voz alta, después de todo.

—Mi esposa se me declaró —dijo.

Evan, de pie junto al archivador, se quedó inmóvil durante medio segundo.

Julian levantó la vista. Su expresión apenas cambió, pero sus ojos brillaron con algo parecido a la satisfacción.

—Sí, me lo veía venir —se recostó—. Déjame adivinar: no pegaste ojo.

Archer no respondió.

Julian se rio.

—Estás coladísimo por ella. Es vergonzoso.

—Yo no tengo novia —dijo Archer—. ¿Tú sí?

Julian lo señaló.

—Eso es un golpe bajo y lo sabes.

—A propósito, todavía no he ajustado cuentas contigo por lo de Blake —dijo Archer.

Julian retiró la mano. Se enderezó ligeramente en la silla.

—Eso fue... mira, la cagué un segundo. Un segundo. Casi ni importó.

—Casi sí importó.

—Pero no importó.

Archer le sostuvo la mirada un momento y luego lo dejó estar.

Julian se removió en el asiento. Cogió la carpeta de nuevo y volvió a dejarla.

Luego, con un tono deliberadamente despreocupado, dijo:

—¿Qué ha estado haciendo Claire últimamente? Ha estado muy callada.

Archer lo miró.

Julian miró la pared.

—Por eso viniste en persona hoy —dijo Archer—. La carpeta era una excusa.

—Es que no he sabido de ella en unos días...

—¿No te responde los mensajes?

—No dije eso.

—No hacía falta.

Archer se levantó y cogió el móvil y las llaves.

—No sé por qué no responde. Ve a preguntárselo tú mismo.

—No puedo simplemente... Archer...

Pero Archer ya estaba en la puerta. Se volvió un momento.

—Voy a por el café de Lily.

Salió.

Julian se quedó allí sentado.

Evan lo miró con una expresión que decía, con toda claridad, que lo entendía perfectamente.

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