Capítulo 10 — Mateo / Valentina #2
—Lamento profundamente que mi propia situación de salud haya contribuido a esta complicación en tu relación, Valentina —me dijo, durante una conversación tranquila en su despacho, ya con mayor movilidad tras semanas de recuperación—.
Nunca fue mi intención que mi crisis personal terminara costándote algo tan importante como tu relación con Mateo.
—No es culpa tuya, papá. Son circunstancias que se han combinado de una manera particularmente difícil, pero ninguno de los dos te culpa por lo que ha pasado.
—Aun así, quiero que sepas que, en cuanto mi recuperación avance lo suficiente, voy a acelerar la transición de responsabilidades para que puedas tener mayor libertad de movimiento, incluyendo la posibilidad de plantearte un traslado a Berlín, si eso es lo que finalmente decides que necesitas para tu propia felicidad.
Aquel ofrecimiento de mi padre, reflejando una flexibilidad y una comprensión que confirmaban la evolución genuina de su propia perspectiva a lo largo de los años de conocer a Mateo, me ofreció una esperanza renovada sobre la posibilidad de que aquella pausa, por dolorosa que resultara en el presente, pudiera resolverse eventualmente de una manera que permitiera reconstruir, con mayor solidez todavía, la relación que tanto valorábamos ambos.
Mateo
Aquellas primeras semanas en Berlín, aunque marcadas por la tristeza de la separación, me permitieron también sumergirme completamente en proyectos profesionales de una envergadura que jamás había experimentado antes, encontrando en aquel trabajo intenso una manera de canalizar, productivamente, toda la energía emocional que la incertidumbre sobre mi relación con Valentina generaba constantemente.
Duarte, mi colega portugués que ya había pasado por una experiencia similar de distancia relacional años atrás, se convirtió en un apoyo importante durante aquellas primeras semanas de adaptación, ofreciéndome perspectiva práctica sobre cómo sobrellevar tanto el trabajo exigente como la nostalgia constante por la vida que había dejado atrás en Madrid.
—Dale tiempo a la situación, Mateo —me aconsejó, durante una de nuestras conversaciones habituales en el estudio—.
Las decisiones importantes rara vez se resuelven rápidamente.
Confía en que, si lo vuestro es tan sólido como parece, encontraréis la manera de reencontraros, aunque el camino hasta ese reencuentro no sea sencillo ni rápido.
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Valentina
Marisa, al enterarse de la pausa en mi relación con Mateo a través de comentarios comunes, me contactó también para ofrecerme su apoyo, recordándome la importancia de mantener conexión con los proyectos sociales que habían definido buena parte de nuestra relación desde el principio, incluso en medio de aquella incertidumbre sentimental.
—El proyecto de vivienda para jóvenes extutelados sigue avanzando bien, Valentina —me comentó, durante una llamada que hicimos poco después de la partida de Mateo—.
Los ayuntamientos interesados han confirmado su compromiso, y me encantaría que siguieras involucrada en el seguimiento, aunque sea de manera más puntual dado todo lo que tienes entre manos ahora mismo.
—Me encantaría seguir participando, Marisa. Necesito, precisamente ahora, mantener conexión con proyectos que me recuerden por qué empecé este camino de exploración vocacional en primer lugar.
Aquella conexión continuada con los proyectos sociales que Mateo y yo habíamos desarrollado juntos a lo largo de los años me ofreció un ancla emocional importante durante aquellas semanas de incertidumbre, un recordatorio constante de que, independientemente del resultado final de nuestra relación sentimental, el impacto genuino que habíamos generado juntos en la vida de tantas personas seguiría siendo real y duradero.
Mateo
Con el paso de los meses en Berlín, mientras seguía adaptándome a mi nueva vida profesional y personal, empecé también a explorar, con la ayuda de contactos locales de Rehberg & Asociados, posibilidades de colaboración con organizaciones sociales alemanas dedicadas a proyectos de vivienda similar a los que había desarrollado en Madrid, manteniendo así viva la conexión con los valores que habían definido mi trayectoria profesional desde el principio, independientemente de la distancia geográfica que ahora me separaba de Valentina y de todo lo que habíamos construido juntos en España.
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Valentina
Andrea y Lucía, mis antiguas compañeras del proyecto de Sierra Gorda, se enteraron también de la pausa en mi relación con Mateo, y decidieron organizarme un pequeño encuentro de apoyo, similar a los que habían organizado en ocasiones anteriores durante momentos difíciles de mi historia con él.
—Sabemos que esto es muy difícil, Val —me dijo Andrea, durante aquel encuentro—. Pero también queremos que sepas que, pase lo que pase finalmente con Mateo, estamos aquí para apoyarte en lo que necesites, tanto si la relación se retoma como si no.
—Gracias, chicas. Significa mucho contar con vuestro apoyo en un momento tan incierto como este.
Lucía, con la perspicacia que la caracterizaba, añadió una reflexión final que se quedó grabada con especial fuerza.
—Lo que habéis construido juntos, Val, va mucho más allá de si termináis juntos o no al final. Ese proyecto de Sierra Gorda, todo lo que habéis conseguido, todas las vidas que habéis tocado positivamente, eso permanece, independientemente de cómo se resuelva vuestra historia personal.
Mateo
Aquella reflexión, que Valentina me compartió durante una de nuestras llamadas posteriores, resonó también profundamente en mí, ofreciéndome una perspectiva valiosa sobre cómo entender el significado de nuestra relación más allá del resultado incierto que todavía estaba por determinarse: independientemente de si Valentina y yo conseguíamos, finalmente, reencontrarnos y construir un futuro compartido, todo lo que habíamos logrado juntos durante aquellos casi cuatro años —Sierra Gorda, el proyecto de vivienda para jóvenes extutelados, el crecimiento personal mutuo, las vidas que habíamos tocado positivamente— permanecería como un legado genuino y duradero, independiente de cualquier decisión futura sobre la continuidad de nuestra propia historia de amor.
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Valentina
Semanas después de la partida de Mateo, mientras seguía adaptándome a mis nuevas responsabilidades en Grupo Cross y a mi propia exploración vocacional del diseño, decidí retomar, por iniciativa propia, la idea de "Puentes" que Mateo y yo habíamos imaginado juntos años atrás, esta vez con una intención mucho más concreta de desarrollarla, aunque fuera de manera preliminar, mientras esperábamos resolver la incertidumbre sobre nuestro propio futuro compartido.
Le propuse a Mateo, durante una de nuestras llamadas menos tensas de aquellas semanas, que empezáramos a documentar juntos, a distancia, un plan de negocio preliminar para aquel estudio conjunto que tanto habíamos fantaseado con crear algún día, combinando su experiencia en arquitectura social con mi propia formación empresarial y mi nueva vocación por el diseño sostenible.
—Podría ser una manera de mantenernos conectados a un proyecto compartido, más allá de la incertidumbre sobre dónde vamos a vivir finalmente —le sugerí, con una ilusión que llevaba semanas sin sentir con tanta claridad—.
Aunque estemos separados geográficamente ahora mismo, podemos seguir construyendo algo juntos, aunque sea solo en el papel por el momento.
Mateo
Aquella propuesta de Valentina, recibida durante una de mis noches más solitarias en mi nuevo apartamento de Berlín, me devolvió una esperanza que había empezado a desvanecerse durante aquellas primeras semanas de distancia y de incertidumbre compartida.
—Me encanta la idea, Valentina. Empecemos con eso, entonces.
Un documento compartido donde vayamos desarrollando, poco a poco, la visión de "Puentes", como recordatorio constante de que, independientemente de la distancia actual, seguimos construyendo un futuro compartido, aunque su forma final todavía no esté completamente definida.
Aquel proyecto compartido, iniciado en medio de la incertidumbre de nuestra pausa relacional, se convirtió, en las semanas siguientes, en un ancla emocional importante para ambos, una manera tangible de mantener viva la conexión que nos había unido durante casi cuatro años, incluso mientras cada uno resolvía, por separado, las complejidades de su propia trayectoria vital y profesional.
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Valentina
Aquel documento compartido de "Puentes", desarrollado poco a poco durante las semanas siguientes a través de videollamadas dedicadas específicamente a aquel proyecto, se convirtió en un espacio de conexión creativa que nos permitía seguir construyendo juntos, a pesar de la distancia y de la incertidumbre sobre nuestro futuro sentimental inmediato.
—Mira esto que he añadido hoy —le mostré a Mateo, durante una de nuestras sesiones de trabajo compartido a distancia, señalando un boceto que había dibujado sobre posibles espacios de trabajo colaborativo para el futuro estudio—.
Podríamos incluir un área específica dedicada a la colaboración con comunidades locales, similar a lo que hicimos con doña Pilar y los vecinos de Sierra Gorda.
—Me encanta esa idea, Valentina. Y quizás podríamos incluir también un pequeño espacio de exposición, donde mostrar los proyectos completados como inspiración para futuros clientes y colaboradores.
Aquellas sesiones de trabajo compartido, aunque no resolvían directamente la incertidumbre geográfica de nuestra relación, nos ofrecían un espacio genuino de conexión creativa y de proyección conjunta hacia el futuro, manteniendo viva la llama de un proyecto compartido que, con el tiempo, esperábamos que pudiera materializarse plenamente, independientemente de dónde termináramos construyendo, finalmente, nuestra vida juntos.
Mateo