El Precio de Pertenecerte Capítulo 15
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Capítulo 15

Cuando cae el imperio

El amanecer sobre el Paseo de la Castellana no trajo la habitual claridad del día, sino una densa neblina plomiza que parecía presagiar el colapso.

En el piso cuarenta y cinco de la Valcárcel Tower, las pantallas gigantes del centro de control financiero no dejaban de parpadear en un tono rojo escarlata.

Las acciones de Valcárcel Group se desplomaban en picada libre en las bolsas internacionales. Una filtración masiva de documentos confidenciales, informes forenses alterados y registros offshore había sido liberada simultáneamente en los principales portales de noticias económicas de Europa.

Adrián Valcárcel estaba de pie frente a los monitores, con la mandíbula rígida y los nudillos blancos de tanto apretar las manos en las listas de control. No era una simple crisis bursátil; era un ataque quirúrgico, un golpe maestro ejecutado desde dentro de las propias entrañas de su empresa.

—Señor Valcárcel, los servidores centrales han sido clonados —informó el jefe de ciberseguridad con el rostro desencajado, entrando a zancadas al despacho—.

El troyano informático que permitió la filtración fue instalado desde la terminal ejecutiva principal con las credenciales de nivel uno... las credenciales del asesor legal jefe.

Un silencio sepulcral se apoderó de la estancia.

Adrián cerró los ojos un segundo. Todas las piezas encajaron con la brutalidad de un engranaje perfecto.

Gabriel Ferrer. No había sido un error de auditoría ni un desliz de los competidores.

Durante años, Gabriel había operado como un doble agente silencioso, sirviendo a los intereses de Tomás Rivas mientras trepaba por la jerarquía de los Valcárcel.

Y el contrato de compromiso con Valentina...

la idea de obligarla a mudarse a la mansión, de exponerla públicamente, no había sido solo una estrategia de Adrián para atrapar a los Montenegro; había sido una trampa diseñada por Gabriel desde el principio para unificar a ambas familias bajo una misma línea de fuego y facilitar el desfalco final que liquidaría el imperio.

—¿Dónde está Gabriel? —preguntó Adrián con una voz tan baja y helada que hizo retroceder a los técnicos.

—Abandonó el edificio hace veinte minutos, señor. Su despacho está completamente vacío.

Antes de que pudiera dar una sola orden, el teléfono privado sobre la mesa comenzó a vibrar con una llamada de número oculto. Adrián lo tomó de inmediato y lo llevó al oído.

—Vaya, vaya... Parece que los cimientos de cristal finalmente se han agrietado, Adrián —la voz pausada y cínica de Tomás Rivas resonó al otro lado de la línea, acompañada por el sonido de fondo de una copa de cristal—.

Has estado tan ocupado jugando al dueño del mundo que no viste al lobo que tenías sentado a tu derecha todo este tiempo.

—Si le pones un solo dedo encima a Valentina, te juro que no habrá rincón en el mundo donde puedas esconderte, Rivas —bramó Adrián con una furia desatada, sintiendo que el aire se le quemaba en el pecho.

Una carcajada suave y burlona respondió al otro lado.

—¿Valentina? Oh, querido Adrián... ella ya tomó sus propias decisiones.

Vino a buscar la verdad, y ahora tiene en sus manos los documentos originales que demuestran quién asesinó realmente a tu padre.

Pero lamentablemente para ella, en este juego de ajedrez, los peones que ya no sirven...

se eliminan del tablero. Disfruta los últimos minutos de tu imperio.

La línea se cortó con un tono seco.

El terror, un frío absoluto y cortante que Adrián no había sentido desde la noche en que asesinaron a su padre, le recorrió la columna vertebral.

Valentina estaba sola en la antigua mansión Montenegro, con los documentos comprometedores en su poder, convirtiéndose de inmediato en el blanco principal de Rivas y Gabriel.

Sin pensarlo un segundo más, Adrián dio media vuelta, atravesó el despacho a toda velocidad y se precipitó hacia los ascensores privados, dispuesto a quemar el mundo entero antes de permitir que le arrebataran lo único que de verdad importaba.