19 Rowan
ROWAN
—Sí —susurro tan bajito que apenas puedo oírme a mí misma.
Estoy loca. Debo de estarlo, porque ¿de qué otra forma acaba una en esta situación, para empezar?
El saco de dormir me presiona la espalda, y las pequeñas imperfecciones de la tierra bajo él se transmiten a mi piel.
Pero son el cabello oscuro de Logan y sus ojos, que parecen brillar bajo la luz de las estrellas, lo que acapara por completo mi atención ahora.
Logan me besa la comisura de los labios. Es extrañamente tierno, nada que ver con la forma en que embestía a Alyssa el primer día que lo conocí. —Necesitaré algo con un poco más de confianza.
¿Confianza? ¿De dónde diablos se supone que voy a sacarla?
Se me corta la respiración cuando la boca de Logan se desliza por mi cuello, y la barba de un día que le ha crecido desde esta mañana me raspa la piel.
Me hace un poco de cosquillas y me excita un poco, enviando escalofríos por mi columna vertebral.
—No lo pienses demasiado, conejita —me engatusa Logan—.
Es solo un poco de... diversión física. Un poco de desahogo para calmar tu mente y tu cuerpo.
Sin ataduras, lo prometo. —Su boca está justo sobre mi pulso ahora, haciendo difícil que cualquier pensamiento coherente sobreviva más de un segundo.
Lo cual, me imagino, es el objetivo. El calor ya me hormiguea en la parte baja del vientre y hace que mi centro palpite.
Sea lo que sea lo que Logan ofrece, mi cuerpo lo desea.
—Sí —digo con más confianza.
Logan ronronea contra mí en señal de aprobación y luego pasa los dientes justo por el punto donde late mi pulso en el cuello. Una sacudida de sensación recorre mi cuerpo al instante, más intensa que cualquier cosa que haya sentido jamás con el toque de Collin.
Collin. El zumbido de mi cuerpo se apaga, asfixiado por los recuerdos. Por la realidad.
Soy adulta. Sé exactamente a dónde llevan estas caricias suaves... Y sé que una vez que lleguemos allí, la euforia actual desaparecerá de golpe. Solo que, en ese momento, será demasiado tarde.
Parpadeo, dándome cuenta de que Logan ya no me acaricia el cuello con la nariz. En su lugar, se apoya de nuevo en un codo, inclinándose sobre mí para escudriñar mi rostro. La preocupación se marca en sus ojos dorados. —¿Qué acaba de pasar? —pregunta.
Niego con la cabeza, dispuesta a pedir perdón. Lo último que quiero es molestarlo.
—No lo hagas. —Su voz se endurece con un tono de mando que rara vez utiliza, y la mano que sujeta mis muñecas aprieta el agarre— Nueva regla para esta noche. Decimos la verdad. Solo la verdad. Dime qué acaba de pasar dentro de esa hermosa cabecita tuya.
El calor me sube a la cara, lo que al menos sirve de barrera contra el frío cortante.
Y tal vez sea lo cerca que está Logan, o lo sinceros que parecen sus ojos de un dorado amielado mientras me mira, o simplemente la fuerza de su orden contra mi agotamiento, pero le doy la verdad que me pide. —Tengo miedo.
—¿De mí? —pregunta Logan.
—De una parte de ti.
Logan se queda sobrenaturalmente quieto sobre mí. —¿De qué parte?
—¿En serio? ¿Tengo que deletrearlo? —Ya me estoy arrepintiendo de esta conversación, porque la forma en que me mira —como si fuera él quien tuviera miedo ahora— me hace pensar que tengo que hacer precisamente eso—.
La parte que es... —No puedo hacer esto—.
Creo que podrías ser muy grande. Largo. Grueso. Eh...
—Ya ha pillado la idea, créeme —dice Kyrian a mi otro lado mientras el rostro de Logan se relaja y la diversión asoma ahora a sus facciones demasiado hermosas.
—¿Te refieres a mi polla? —aclara Logan, haciendo que la palabra suene especialmente sucia. La picardía en sus ojos dice que lo está haciendo a propósito—. ¿Crees que tengo una polla grande, gruesa y larga?
Dioses. —¡Sí, vale!
La sonrisa se extiende por su rostro. —La tengo. Y Kyrian también.
Brillante.
—Ahora que hemos establecido que estamos bien dotados, ¿puedes explicar por qué eso es una preocupación?
—Porque me dolerá. Mucho. Y no sé si podré aguantarlo.
Logan frunce el ceño y noto movimiento al otro lado; Kyrian también se incorpora sobre un codo y se invita a sí mismo a la conversación. Porque eso es exactamente lo que necesita una charla como esta. Más hombres.
—Logan puede hacer muchas cosas, pero no va a hacerte daño —dice Kyrian. Suena absurdamente seguro y me cuesta un esfuerzo de voluntad no espetarle un «¿y tú cómo lo sabes?».
—No a propósito. —Echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.
Si voy a tener esta conversación, tengo muy claro que no lo haré mientras los miro—.
Por dentro no soy normal. No soy como las demás mujeres.
—Que los dioses me lleven. No puedo creer que haya dicho eso.
Que esté a punto de decir más. Pero justo ahora, en este diminuto momento, parece seguro decir la verdad—.
En realidad no siento placer como la gente normal. Normalmente, solo duele.
—No es por nada, conejita, pero estabas a medio camino del placer solo con sentir mi boca contra tu cuello —dice Logan—. Así que dime, ¿qué idiota te dijo que no puedes sentirlo?
—Espera un segundo —dice Kyrian, antes de que yo pueda responder—. ¿Con cuántos hombres te has acostado?
—Con uno.
Los hombres se miran entre sí, ambos con la mandíbula tensa.
—¿Uno es bueno o malo? —pregunto.
—¿Y ese uno se llamaba Collin Chambers? —presiona Kyrian, ignorando mi pregunta.
—Efectivamente —responde Logan por mí. Hay algo peligroso en su voz y agradezco inmensamente que la ira que contiene no vaya dirigida a mí—. ¿Ese gilipollas integral no sabía hacer su trabajo y luego dijo que tú estabas estropeada?
—Estoy estropeada —digo—. La verdad, ¿recuerdas?
Me mareo de la nada. Tengo migrañas. Y dolores aleatorios en las articulaciones.
Y tropiezo con mis propios pies con regularidad.
Por eso Logan ha tenido que trabajar conmigo todo este tiempo en habilidades que otros cadetes dominan desde hace años.
Así que no andemos con rodeos sobre ese punto.
—¿Y qué hay de llegar al final? —pregunta Kyrian—. ¿Eso sucede con regularidad?
—¿Para él?
—Que le den por culo a él —gruñe Logan—. Para ti.
Niego con la cabeza.
—¿Y ese imbécil te dijo que era culpa tuya? —La indignación en la voz de Kyrian se refleja en el rictus endurecido de Logan. Dos pares de ojos, uno de color miel dorado y otro azul océano, se centran en mí con intensidad.
—Soy...
—Terrible reconociendo sandeces, eso es lo que eres —dice Logan, y luego baja la cabeza para tomar lo que parecen ser varias respiraciones tranquilizadoras. Cuando vuelve a mirar hacia arriba, se parece más a sí mismo, hasta por la sonrisa feroz que se extiende por su rostro.
Conozco esa mirada. Es la que puso cuando ideó el plan para fastidiar a Kai.
—Creo que nuestro pequeño ejercicio de campo acaba de ganar un objetivo secundario —declara Logan—. Uno que va a hacer mucho más bien que registrarnos en puntos de control arbitrarios. ¿No estás de acuerdo, Kyr?
Kyrian gime, pero también hay una chispa en su mirada. —Esta es una idea terrible. Lo sabes, ¿verdad?
—Al contrario, es la mejor idea que he tenido nunca —dice Logan.
—El listón no está muy alto —murmuro.
Kyrian suelta un bufido.
Se me hace un nudo en el estómago mientras miro a los dos hombres. No sé qué va a pasar, pero hay una pequeña euforia en el miedo a este desconocido en particular. —Entonces, ¿cuál es exactamente el nuevo objetivo?
Logan me acaricia la barbilla con su pulgar, siguiendo mi cicatriz con un cuidado sensual. —Mostrarte la verdad sobre tu cuerpo, por supuesto —dice—. Y esa verdad es que eres capaz de sentir toda clase de placeres.
Trago saliva, dispuesta a negar que eso sea posible, pero Logan me pone un dedo sobre los labios.
—Te prometo que lo disfrutarás. Puede que te sonrojes tanto como para calentar todo el campamento, pero lo disfrutarás.
—La voz baja y ronca de Logan está despertando mi cuerpo de nuevo—.
Eres demasiado deliciosamente cautivadora como para no conocer toda la gama de sucias y maravillosas sensaciones de las que eres capaz. Las que te mereces.
—¿Puedes ser lo bastante valiente para dejarnos mostrarte la verdad, muchacha?
—añade Kyrian. Si Logan es pura energía e impulso, Kyrian es la fuerza que contiene el tsunami.
No menos poderoso, pero sí más cuidadoso.
Decidido a darme espacio para respirar antes de dejar que todas las sensaciones prometidas rompan contra mí.
Logan. Kyrian. Son dioses hechos carne, sus cuerpos esculpidos a la perfección. Y yo soy...
—¿Qué pensamiento es ese? —Logan me muerde el lóbulo de la oreja, sacándome de mis cavilaciones.
—No se me da nada bien todo esto. No, no lo discutas. No tenéis forma de saberlo. Así que... ¿qué pasa si lo hago mal?
—Entonces te doy unos azotes en el culo y volvemos a intentarlo —dice Logan.
Abro los ojos de par en par.
Kyrian le da un puñetazo en el hombro a Logan con la fuerza suficiente para arrancarle una mueca.
—No le escuches. Te está tomando el pelo, solo que no sabes lo suficiente como para entender por qué eso es una broma.
Y el imbécil lo sabe. —Kyrian me pasa el dedo por la oreja, que es solo una oreja...
y sin embargo, de repente está enviando todo tipo de sensaciones a mi centro—.
No puedes hacer nada mal esta noche, caos. Nada en absoluto.
—Ahora túmbate y siente —me anima Logan, volviendo con su boca a mi cuello.
Desliza los labios por mi garganta; su aliento se siente caliente contra mi piel.
Una de sus manos aún sujeta mis muñecas, la otra recorre ahora mi cuerpo sin pudor, deslizándose por mi clavícula y luego más abajo.
Sus yemas rozan la curva de mis pechos a través de la tela de mi camisa.
Se me corta la respiración mientras traza círculos lentos, provocándome, pero sin llegar a tocar donde, de repente, anhelo su contacto.