CAPÍTULO 20 LOS QUE QUEDAN
I
La biblioteca abandonada había dejado de parecer un cuartel de ideas.
Ya no había reuniones urgentes, mapas extendidos sobre las mesas ni cuadernos abiertos repletos de anotaciones. Solo quedaban el silencio, el polvo suspendido en la luz de los ventanales y el eco lejano de una investigación que parecía haber terminado.
Hipatia permanecía allí la mayor parte del tiempo.
No salía.
No visitaba el centro comunitario.
No revisaba informes.
Los cuadernos de Constructores de Sentido descansaban cerrados sobre la mesa principal.
Una tarde apareció Hermes.
Caminó entre las estanterías sin hacer ruido y observó a Hipatia durante unos momentos.
—¿Has terminado? —preguntó.
Hipatia tardó en responder.
—Sí.
Hermes la sostuvo con la mirada.
—No te he preguntado por la investigación.
El silencio volvió a ocupar la estancia.
Poco después, Hermes se marchó.
Hipatia permaneció donde estaba.
Sin responder.