VII
Aquella noche abandonó la biblioteca y caminó sin rumbo por la ciudad.
Las pantallas seguían encendidas.
Los tranvías continuaban recorriendo sus líneas.
La multitud avanzaba con la misma urgencia de siempre.
Nada parecía haberse roto.
Y, sin embargo, ella ya no observaba el mundo de la misma manera.
Llegó a una plaza vacía y se sentó en un banco.
Durante meses había intentado comprender cómo salvar a la humanidad.
Aquella noche formuló una pregunta distinta.
Más humilde.
Más dolorosa.
Más humana.
—Yo tampoco sé si habría elegido distinto.
La frase se perdió entre el ruido lejano de la ciudad.
Y por primera vez, Hipatia dejó de juzgar.
Empezó a comprender.