II
La bofetada de la realidad alcanzó a Laura pocos días después.
Tras la publicación de su artículo, fue invitada a intervenir en un centro cívico de la periferia metropolitana.
Al finalizar la conferencia, una trabajadora social se acercó a ella.
Llevaba un informe arrugado bajo el brazo.
—La exposición ha sido muy interesante —dijo—. Habla con precisión sobre adaptación digital, estrés urbano y resiliencia social.
Laura sonrió con cortesía.
La mujer continuó:
—Pero la semana pasada atendimos a tres familias desahuciadas después de que sus alquileres subieran por decisiones tomadas desde muy arriba. Usted describe el dolor con mucha elegancia, pero ha eliminado a quienes lo producen.
Laura permaneció inmóvil.
—¿A quién ayuda un diagnóstico que evita señalar responsabilidades?
No encontró respuesta inmediata.
La trabajadora social le dio las gracias y se alejó.
Laura observó durante unos segundos las felicitaciones acumuladas en su correo electrónico.
Por primera vez, no sintió orgullo.