VIII
Aquella madrugada, sola en la biblioteca abandonada, Hipatia abrió una vez más su cuaderno.
Las páginas permanecieron en blanco durante varios minutos.
Finalmente escribió una única anotación:
«Las causas rara vez mueren porque alguien las ataque. Mueren cuando se adaptan tanto al mundo que olvidan por qué nacieron.»
Cerró el cuaderno.
Después se acercó al ventanal.
A lo lejos, atravesando la niebla y las luces de la ciudad, se alzaba la torre del Magnate.
Por primera vez desde su llegada al Plano Denso, no temió al enemigo.
Temió algo mucho peor.
Temió que ellos mismos terminaran convirtiéndose en aquello que habían venido a combatir.