El plano denso II
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II

La erosión de Mateo empezó bajo una excusa inocente.

Escuchar una segunda oferta no significaba aceptarla.

Eso se repitió varias veces mientras caminaba hacia la cafetería donde había quedado con el director de recursos humanos de la consultora.

La reunión fue agradable.

Demasiado agradable.

No encontró a ningún ejecutivo despiadado ni a ningún explotador disfrazado.

Encontró a una persona amable.

La empresa ofrecía conciliación.

Horario razonable.

Trabajo remoto.

Beneficios médicos.

Un salario capaz de borrar de un plumazo la angustia económica que llevaba años soportando.

—No te pedimos que abandones tus principios —dijo el directivo mientras le mostraba la propuesta—. Solo que pongas tu talento en un lugar donde sea valorado.

Mateo escuchó en silencio.

Por primera vez desde que recibió la llamada, dejó de pensar en la oferta como una amenaza.

Cuando abandonó la cafetería, llevaba el dosier en la mochila.

No había firmado nada.

Pero tampoco se había marchado indignado.