VI
Esa misma noche, Hipatia encontró a Hermes junto al río.
Las luces de la ciudad brillaban sobre el agua oscura.
—Si aceptamos la financiación podremos ayudar a mucha más gente —dijo ella—. Los números son claros.
Hermes sonrió.
—Exactamente.
—Entonces, ¿por qué siento que es un error?
Hermes apoyó los codos sobre el pretil.
—Porque no intentan compraros a vosotros.
Hipatia frunció el ceño.
—¿Entonces qué compran?
—El marco.
Ella guardó silencio.
—No os prohibirán hablar. No cerrarán el centro. No os perseguirán. Simplemente irán desplazando poco a poco los límites de lo posible.
Miró la ciudad.
—Al final seguiréis existiendo. Tendréis mejores oficinas, mejores informes y más recursos.
Se volvió hacia ella.
—Y ya no significaréis nada.
Hipatia comprendió.
La destrucción era visible.
La absorción, no.