Nocheoscura/4171, Torre
¿Qué había sido eso? La oscuridad se apoderó de todo, como si Peech hubiera tomado por fin el control. La pantalla interna del traje se apagó. Los amplificadores de potencia de las articulaciones fallaron. Eva se esforzó por levantar el brazo.
—¿Marchenko?
No hubo respuesta. La cámara ya no leía sus labios. Se llevó los brazos a la cabeza, se quitó el casco y lo dejó caer. Tenía que salir de ese traje. Rápido.
Intentó hacerle un gesto a Adán, pero él estaba mirando fijamente a la máquina.
Esta siseó por última vez y, a continuación, se abrió una estrecha rendija.
Las compuertas se abrieron de par en par y Peech salió tambaleándose.
Sus ojos volvían a estar oscuros y tranquilos.
Se sacudió, corrió hacia Eva y apoyó su pesada cabeza en su hombro.
La máquina había sido derrotada.
Al menos, por el momento. Sin duda, era mejor no quedarse por allí mucho más tiempo.
La barrera, que seguía siendo invisible, era impotente frente a la saliva de la extraterrestre.
Liberaron a Gronolf y a sus compañeros. Dejaron a la Omnisciencia donde estaba tras comprobar que todas sus unidades de memoria se habían quemado efectivamente.
Para salir de la torre, utilizaron el pasadizo que había descubierto el equipo de Loknor.
Como solo tenían un traje espacial apto para humanos, sacaron primero a Adán.
Eva había insistido en esperar hasta la segunda ronda.
Quería pasar un rato con Peech. La alienígena se comportaba de forma diferente a lo habitual.
Se quedó mirando fijamente la máquina averiada durante un buen rato, como si primero necesitara asimilar sus experiencias en su interior.
Por primera vez, Eva lamentó que no tuvieran un idioma común.
Podían apoyarse mutuamente, pero nunca sabría lo que pensaban la una de la otra.
Aunque... Las acciones de la extraterrestre hablaban por sí solas. Eva le acarició el cráneo duro.
El propio Gronolf le trajo el traje después de que Adán ya no lo necesitara. Dijo algo que ella no entendió (puesto que su tableta no funcionaba) y la abrazó. ¿Qué había hecho ella para merecer eso? ¿Era porque había salvado a la bebé extraterrestre?
Cruzaron el canal.
—¿Ya te has enterado? —la saludó Adán al otro lado. Al menos aún podía leerle los labios.
—¿Qué?
—Han encontrado un mundo acuático.
—Ah, ¿aquí abajo?
—No, al parecer Marchenko le ha arrancado las coordenadas a la Omnisciencia.
Eva estaba cansada. El próximo viaje. Poco a poco, empezaba a albergar la esperanza de que fuera el último.
—Pues crucemos los dedos para que sea un planeta paradisíaco, ¿no?