El peligroso secreto del arquero Capítulo 21 La mujer que me precedió #2
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Capítulo 21 La mujer que me precedió #2

—No deberían circular juntas —dijo—. Alguien puede reconocer al jugador por la reclamación aunque le quites el nombre.

—Estoy de acuerdo.

—Hace seis años no lo estaba.

—Esto no es un examen que apruebas por decirlo ahora.

—Lo sé.

Marta deslizó el contrato hacia Valeria. Se quedó con la página de la reclamación hasta que pudieran establecer una vía protegida para recibirla y evaluarla. Ninguna llamó solución a la separación. El riesgo seguía en la página y en la memoria de todos los que ya la habían visto.

—Si redacto una declaración —dijo Marta—, quiero saber cuándo llegará a otras personas además de ti.

—Puedo decirte qué procedimiento propongo. No prometo que nunca tenga que revisarla nadie más.

Marta exhaló. —Antes prometías menos cuando estabas enojada.

—Estoy enojada ahora.

—Me doy cuenta.

Valeria cerró la libreta. Lo que Marta había traído podía darle a la investigación una forma de comprobar el lugar del proveedor en la secuencia.

También podía contaminar la prueba si Valeria trataba una firma conocida y un viejo agravio como si fueran verificación.

Elegiría el camino más estrecho, aunque fuera más lento.

En la puerta, Marta abrió el paraguas rojo. Ya no llovía, pero lo sostuvo entre las dos mientras una camioneta de reparto pasaba junto al borde de la acera.

—Puedes contactarme en el mismo número —dijo Valeria—. Cuando estés lista para declarar directamente lo que sabes, acordaremos dónde corresponde hacerlo.

—¿Y si no estoy lista?

—De todos modos comprobaré el contrato actual mediante fuentes que pueda verificar.

Marta asintió una vez. No era un acuerdo con la versión del pasado de Valeria. Era un permiso para que ninguna se adueñara de la siguiente elección de la otra.

Se alejó con la página doblada de la reclamación dentro del expediente.

Valeria permaneció bajo el toldo del café, sujetando la copia del contrato por una esquina.

Tenía una vía que explorar, una fuente a la que podía interrogar y ninguna respuesta que todavía tuviera derecho a dar a Adrián o al club.

Valeria llamó a Clara antes de regresar a la residencia. No describió el contrato por teléfono. Solo dijo que Marta había traído un documento antiguo con el nombre del mismo proveedor y que no se había verificado su origen. Luego añadió que debía declarar otra cosa del caso anterior.

—¿Qué más? —preguntó Clara.

Valeria observó a los peatones. —Todavía conservo una caja de documentos. Debí decírtelo antes.

—¿Qué has usado de ella aquí?

—Nada como prueba. La he leído mientras trabajaba en este caso. Eso tiene que quedar a la vista.

—Entonces registramos lo que conservabas antes de que Valnera te contratara, lo que recibiste hoy y lo que podemos conseguir por nuestra cuenta. Tres fuentes distintas.

Valeria miró la copia del contrato en su mano. —¿Te llevarás la caja?

—No voy a decidirlo por teléfono. Dime qué contiene antes de decidir qué parte, si la hay, corresponde a esta investigación. Si incluye información privada de otros jugadores, no la incorporaremos solo porque coincida el nombre del proveedor.

Esa era la respuesta que Valeria esperaba de Clara. También era la respuesta que le impedía entregar una historia difícil y llamar solución a la entrega.

—Puedo hacer un inventario —dijo—. Sin copiar los detalles privados.

—Anota también cuándo obtuviste cada pieza. Si no lo sabes, dilo.

—Hablas como yo.

—Les pasa a todos los que trabajan cerca de ti.

Valeria sonrió y luego miró al otro lado de la calle. Marta había desaparecido entre los peatones. El documento que tenía en la mano podía conducirlos a un contrato vigente. No podía convertir una lesión pasada en una prueba sobre el club actual.

—Te llevaré el inventario —dijo.

—¿Y la página nueva?

—Llevaré la copia y las limitaciones que Marta señaló sobre su origen.

—Bien. Le pediremos a Valnera sus propios acuerdos vigentes antes de trazar una flecha entre ellos.

Terminó la llamada. Valeria guardó el contrato en una funda aparte y anotó la hora. Luego dejó atrás el toldo con una pista, una declaración que había demorado y ninguna conclusión que una u otra justificaran todavía.

Al volver a la residencia, encontró a Adrián junto a la entrada con un bolso deportivo al hombro.

—Marta vino a verme —dijo Valeria.

—Trabajó conmigo antes de Valnera. En el caso de los seguros.

La mirada de Adrián fue a la funda separada bajo su brazo y volvió a ella. —Leí el informe público.

La respuesta la irritó por lo conocida que resultaba. Él había escuchado la parte que ella había decidido contarle y había leído el informe público para averiguar el resto. No le había preguntado qué había omitido.

—Debiste preguntarme —dijo.

—Pensé que me lo dirías si importaba.

—Eso no es confianza. Es esperar a que revelar algo se vuelva conveniente.

Él aceptó la corrección sin defenderse.

Valeria miró el bolso deportivo. —¿Adónde vas?

—A entrenar.

—Es temprano.

—Quería verte antes que el club.

La frase la alcanzó antes de que él pudiera corregirla.

El agua de lluvia oscurecía los hombros de su chaqueta. Adrián parecía cansado y abierto de una manera que rara vez se permitía bajo las luces del estadio.

Valeria tocó el borde de la funda.

—El proveedor de este contrato podría conectar el acceso de las 03:17 con un sistema de información más amplio —dijo.

La atención de él se agudizó.

El momento personal permaneció entre ambos, no borrado sino pospuesto.

Entraron juntos.