34 #2
Estaba muy mojada. Esos azotes solo la habían puesto más cachonda. Agarré mi polla y le pasé la punta por encima, frotándole el clítoris. Sería muy fácil penetrarla; estaba seguro de que podría correrme en dos embestidas si pudiera…
Me echaron la cabeza hacia atrás y unos dedos ásperos se enredaron en mi pelo. Lucas me sonrió con aire burlón y me dio una palmada en la mejilla con su mano enguantada.
—No te emociones demasiado pensando que vas a poder follártela, mocoso —dijo—. Eres todo mío.
Oh… Mierda.
Lucas prácticamente me arrastró fuera de la cama, obligándome a arrodillarme a los pies de Vincent. Me empujó la cabeza hacia abajo, pero yo empujé hacia atrás, lo que nos llevó a una lucha de fuerza que parecía estar firmemente estancada en un punto muerto.
—Creo que este chico quiere que le hagan daño —dijo Vincent, llamándome la atención con precisión.
Tenía razón. Yo quería dolor. Quería ser vencido, utilizado, reclamado. Quería desafiar a todos y a todo lo que me rodeaba, pero que me dejaran indefenso a pesar de todo.
—Oh, yo puedo ayudarte con eso —dijo Lucas, y mi desafío le hizo sonreír.
Empujó su bota entre mis piernas, hasta que se apoyó contra mis testículos. Siguió presionando.
—Oh, mierda… —La repentina sensación de dolor cada vez más fuerte en mi abdomen me hizo doblarme por la mitad. Pero Lucas era despiadado, estaba casi aplastándome. Conteniendo el aliento y frotando mi frente contra el suelo, grité—: Puto cabrón, no tengo por qué… Ahh…
Si no hubiera estado tan distraído por el dolor, me habría avergonzado el sonido lastimero que me obligó a emitir. Me apretó los testículos con la punta de acero de su bota, una y otra vez, cambiando la intensidad cada vez que lo hacía para que no supiera qué esperar.
—Joder, por favor, me portaré bien, me callaré… —dije, retorciéndome y gimiendo, con el cuerpo temblándome.
—Es un poco tarde para prometer nada —dijo Vincent—. Sabes perfectamente lo que te has ganado.
Mientras Lucas me torturaba, Vincent se alejó.
Volvió al cabo de unos segundos y dejó algo cerca de mi cabeza.
Era una barra de suspensión hecha de metal resistente, con cuatro gruesas esposas que colgaban de ella.
Mientras Lucas me sujetaba, Vince me ató las muñecas a la barra.
Me llevaron a rastras y, aunque aún podía levantar los brazos, me resultaba mucho más difícil atado a la barra.
Vincent me agarró de la cara y me sonrió. Esa sonrisa me revolvió el estómago, retorciéndose de anticipación. Lucas me sujetaba por detrás, con su erección rozándome el culo.
—Joder, te voy a destrozar —murmuró.
—Te toca —dijo Vincent. La forma en que se inclinó sobre mí me hizo sentir muy pequeño, una mota insignificante en comparación con el tamaño y la fuerza de los hombres que me rodeaban—. Como no puedes controlar esa lengua, le vas a dar un buen uso.
Lucas me giró hacia la cama y yo jadeé en voz baja. Manson había desencadenado a Jess y ahora tenía la parte superior de su cuerpo apoyada contra su pecho. Ella estaba tumbada boca arriba y él le mantenía las piernas abiertas.
—Ponte en posición. La cara en su coño, el culo arriba —ordenó Lucas, empujándome hacia la cama.
—Sí, señor.
Era la primera vez que conseguía responder correctamente desde que habían subido, pero estaba embelesado por su aspecto. Cuando me puse en posición, hundiendo la cara entre sus piernas, ella se acurrucó contra mí. Tenía los ojos muy abiertos y me miraba mientras Manson la sujetaba.
Cerré la boca sobre ella y empecé despacio. Le di unos lametones suaves, succionando delicadamente; ya estaba muy sensible y cada pequeño contacto la hacía estremecerse. Tenía la barra debajo del pecho y, por mucho que lo deseara, no podía tocarla con las manos.
La paleta me golpeó en la espalda. No fue un golpe fuerte, no me dolió.
Vincent me estabilizaba, asegurándose de que el golpe cayera donde él quería y no en algún lugar que pudiera lastimarme.
Cada centímetro de mi cuerpo estaba en tensión.
Apretaba los músculos con tanta fuerza que me dolían.
No importaba cuántos azotes hubiera recibido, no importaba cuántas veces jugáramos con el dolor, en los momentos previos a que sucediera, la anticipación siempre me dejaba paralizado.
Jess era una distracción bienvenida. Su sabor en mi lengua…
¡ Zas!
El impacto fue fuerte, y el dolor, agudo y punzante. Joder, cómo ardía. Levanté la cabeza de golpe, abrí y cerré la boca varias veces antes de apretar los dientes.
—¿Qué te habíamos dicho, chico? —preguntó Vincent, jovial como siempre—. Baja la cabeza.
Sin darme otra opción, Lucas me obligó a bajar la cabeza otra vez, golpeándome la parte posterior del cráneo. Jess se estremeció cuando gemí, levantando las caderas para pedir más.
¡ Zas!
Mierda, mierda, mierda. El dolor hizo que todo mi cuerpo se estremeciera y volví a levantar la cabeza bruscamente. Moví los dedos de los pies y me tomé un momento para exhalar lentamente.
—Es cabezota, ¿eh? —comentó Lucas.
—Un cabezota de lo más desobediente —dijo Manson—. Quizá no le estás pegando lo suficientemente fuerte, Vince.
Me dio un golpecito con la paleta, exigiendo mi atención.
—¿Es eso cierto? ¿No te estoy dando lo suficientemente fuerte?
—No, señor, no es suficiente —dije, aunque me arrepentí en cuanto lo dije.
Hubo unos segundos de silencio, solo interrumpidos por los suaves gemidos de Jess, y casi solté una disculpa mientras el silencio se prolongaba.
¡ Zas!
Ese azote me hizo gritar.
Joder, estaba en problemas.
¡ Zas!
El sonido de la paleta volviendo a estrellarse contra mi cuerpo fue humillantemente fuerte. Exhalando despacio, logré no hacer ruido.
—Vuelve a bajarle la cabeza, Lucas —dijo Vincent—. Mantenlo ahí. No me importa si no puede respirar, tiene que obedecer.
La mano de Lucas se aferró a la parte posterior de mi cabeza y me obligó a bajarla.
Podría comerme a Jess eternamente. Estaba jodidamente hambriento.
Pero cada golpe me hacía gritar, y el dolor iba en aumento; era casi imposible hacer algo útil con la lengua cuando me esforzaba tanto por no suplicar clemencia.
La paleta me golpeó el muslo y yo me estremecí.
—Quiero estar seguro de que no te estoy decepcionando —dijo Vincent—. ¿Son lo suficientemente fuertes?
Asentí con la cabeza, murmurando contra su coño.
—Sí, señor.
—¿Estás seguro? Todavía suenas relativamente coherente… — ¡Zas! — . ¿Tal vez un poco más fuerte?
El sonido que salió de mi boca fue vergonzosamente agudo.
Jess tenía la cabeza echada hacia atrás, pero seguía mirando, con los músculos temblándole alrededor de mi lengua. Se iba a correr solo de verme recibir los golpes. Solo de pensarlo, mi polla empalmada se estremeció.
Y pensar que había estado tan cerca de follármela…
¡Zas!
Joder, tenía el culo en carne viva.
La mano de Vincent me acarició la parte baja de la espalda, cálida y relajante antes del siguiente azote.
Mi cuerpo se apartó instintivamente de la fuente del dolor mientras intentaba bajar el culo.
Pero Lucas no me dejó. Con una mano, me mantuvo la cabeza baja y, con la otra, me agarró entre las piernas, cogiéndome de los testículos y apretándolos.
—Quédate en esa posición —ordenó—, o lo lamentarás.
Los siguientes azotes me hicieron retorcerme y gritar como un bebé.
—Me encanta, Jason. Dios, estás tan sexy —decía Jess entre jadeos.
Lucas se rio entre dientes.
—El sonido de tu voz hace que se le mueva la polla, Jess. Está desesperado por follar. —Apretó más fuerte y yo me estremecí.
Me estaban destrozando y yo disfrutaba de cada segundo.
—Solo una más —dijo Vincent—. Tengo que hacer que esta sea la más fuerte. Va a doler, pero sé que puedes aguantarlo. ¿Estás listo?
—Sí, señor…
Por mucho que me preparara, el dolor no se hacía más soportable, pero ya casi había terminado.
Hubo una pausa y luego Lucas me levantó la cabeza. Me secó cuidadosamente una lágrima, dándome un momento para recuperar el aliento.
—¿Puedes soportarlo? —preguntó y la dureza de su voz se suavizó, su tacto era tierno—. Sé sincero conmigo.
Vincent me había advertido en el pasado de que me tomara un tiempo para aclarar mis ideas en estas situaciones.
Así que no respondí de inmediato. Calmé mi mente y me concentré en mi cuerpo lo mejor que pude.
Más allá de la lujuria desenfrenada, me sentía increíble.
Me dolía, pero era exactamente el dolor que ansiaba.
—Puedo soportarlo —contesté—. Quiero hacerlo.
Lucas se inclinó para darme un beso en la sien antes de obligarme a bajar la cabeza de nuevo.
Estaba decidido a hacer que Jess se corriera y, por los sonidos que emitía, no me costaría mucho conseguirlo.
Cerré la boca sobre su clítoris, pasando la lengua de un lado a otro mientras ella gemía y jadeaba.
—Oh, joder… Joder, eso me gusta mucho.
La paleta rozó lentamente mi culo dolorido, con un toque engañosamente suave. Intenté prepararme cuando volvió a golpear, pero aun así me destrozó. Mi grito fue ahogado, al igual que el jadeo que le siguió.
Jess se tensó en brazos de Manson, con las piernas temblando.
—Por favor, sigue, Jason, por favor, ¡vas a hacer que me corra! —exclamó.
Aunque se me escaparon algunas lágrimas, seguí. Estaba decidido a sentir cómo se corría en mi lengua otra vez, joder.
—Eso es, J, buen chico. —Vincent me colmó de elogios y volvió a acariciarme la espalda con la mano.
—Haz que se corra para nosotros —dijo Manson.
Jess soltó un gemido largo y sonoro mientras se sumergía en el olvido más absoluto.
Entonces me levantaron y me arrastraron de nuevo al suelo.
Sujeto e inmovilizado por Lucas, Vincent me levantó las piernas y las esposó a la barra de suspensión.
Eso me dejó expuesto, con las piernas abiertas y los brazos levantados y sujetos.
—Ahora me toca a mí —dijo Lucas, sonriendo como un loco sobre mí—. ¿Qué te parece, Manson? ¿Deberíamos atarlos y hacer que las putitas se miren entre sí?
—Joder, me gusta esa idea —dijo Manson—. ¿Dónde está la otra barra de suspensión, Vince?