Ilustración
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas y le sonreí mientras ella me limpiaba cada una que rodaba por mi mejilla.
—Venga, que papá se está haciendo viejo esperándote. —Estallamos en carcajadas.
Me giré hacia ella y vi que Ruslan ya estaba a su lado, riéndose de algo que Mattia le había dicho. Tomé la mano de Giulia y caminamos por el sendero floral. Agarraba mi ramo con fuerza mientras nos acercábamos a mi italiano, que tenía los ojos oscuros fijos en los míos.
Podía ver la emoción en sus ojos, lo que sentía por lo que estábamos haciendo. Me estaba entregando su corazón, y yo el mío a él. Lo que más deseaba era correr hacia él y lanzarme a sus brazos, pero estaba segura de que Giulia caminaba despacio solo para torturarnos.
Solo quedaban cinco pasos, y lo vi salir de la cesta del globo y acercarse a nosotras.
—Papá, ella es mi mejor amiga y sé que la harás feliz porque veo en tus ojos cuánto la amas. Alessa, si él no te hace feliz, siempre estaré a tu lado porque eres mi hermana, y ser mi sorella es algo inquebrantable.
Me acerqué a mi amiga y la abracé, conteniendo la emoción que me provocaban sus palabras.
—Siempre hermanas... —dije, y la dejé ir hacia Mattia.
—Estoy orgulloso de ti, siempre te protegeré —dijo él, y le besó la frente.
Le di mi mano a mi italiano y sentí que mi corazón se calmaba, como si cada célula de mi cuerpo supiera que estaba al lado de quien me completa.
—Estás preciosa —dice antes de girarnos hacia el oficiante.
—Bueno, tengo miedo a las alturas y me encantaría que la ceremonia fuera en tierra firme —dice el caballero de mejillas sonrosadas.
—Por mí, ningún problema —le digo al encantador caballero.
—Gracias a Dios, muchas gracias. —Todos nos reímos de su tono desesperado.
Giulia y Erick se acercan para escuchar todo lo que dice el oficiante. Cada palabra refuerza nuestro vínculo, afirmando que soy su compañera en todo momento y que es su deber velar por mi bienestar y mantener la armonía en nuestro hogar.
—Mattia de Luca, ¿acepta a Alessa Sullivan como su legítima esposa?
—Sí, con todo mi corazón —dice mientras desliza un anillo grande en mi dedo anular.
—Y usted, Alessa Sullivan, ¿acepta a Mattia de Luca como su esposo?
—Sí, con todo mi corazón —digo mientras deslizo el anillo en su dedo.
—Entonces, si no hay nadie en contra de esta unión, si es conforme a sus sentimientos, los declaro marido y mujer. —Le sonrío a mi ahora esposo.
Escucho la alegría de mi familia a mi alrededor, y Mattia mira al oficiante con impaciencia.
—Está bien, está bien, puede besar a la novia. —Me echo a reír por el humor del oficiante.
Mattia me sujeta por la cintura y me atrae hacia un beso lleno de emoción. Le paso la mano por el cuello y me entrego a mi esposo.
—Por fin, mi señora De Luca —dice con los ojos brillantes.
—Soy tuya desde la biblioteca; solo tardé un poco en aceptar lo profundamente enamorada que estoy de ti, italiano.
Retrocedemos un poco y, como no tenemos invitados, le entrego mi ramo a Giulia. Le deseo suerte y espero que, si pasa algo con Erick, sea tan feliz como yo lo soy con Mattia.
Sonríe feliz al recibir las flores, y noto que Erick parece algo indeciso mientras observa los globos.
—¿Giulia? —lo oigo llamar. Siento a Mattia detrás de mí, que toma la mano de nuestro bambino.
—Hoy es el día perfecto, no porque los demás no lo fueran, sino porque hoy estamos con nuestra familia reunida, y sé que para ti la familia es lo más importante.
He aprendido de ti lo satisfactorio que es hacer nuestra propia pasta para cenar y tener siempre buen vino en la mesa, que la edad no siempre importa tanto, y que quiero despertar y dormirme a tu lado el resto de mi vida.
Te amo, y tenerte a mi lado es lo mejor que me ha pasado.
Así que, delante de tu padre, tu hermano y tu amiga, quiero saber si me harías el magnífico honor de ser mi esposa.
—Cielos, nunca imaginé una propuesta así, ¡por supuesto que acepto, mi amor!
La veo lanzarse a los brazos de su ahora prometido y besarlo apasionadamente.
—Ahora vamos a dar nuestro paseo, señora De Luca, hoy quiero llevarte a nuevas alturas —me susurra Mattia al oído.
Me giro en sus brazos y me entrego al beso que comenzamos.
—¡Me encanta que me llamen señora De Luca!
No nos demoramos más; nos llaman para comenzar el paseo y quedamos encantados con todo lo que vemos desde arriba. Contemplamos el hermoso amanecer, el cielo naranja que va adquiriendo tonos azules y el sol que se eleva en el horizonte.
¿Qué más podría pedir? Soy feliz, casada con el hombre que me ama, madre de un niño inteligente y con la mejor amiga del universo.
Nada malo podría alcanzarnos.