El padre de mi amiga (Más Allá del Destino nº 1) Ilustración
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—No podemos tardar mucho, ragazza.

—No pienso tardar mucho... —me arrodillo frente a él, y su mirada de sorpresa casi me hace soltar una carcajada.

—Tienes que guiarme —digo, un poco tímida.

—Haz lo que desees. Tus ojos muestran que lo necesitas... —se acaricia arriba y abajo, dejando que la punta asome. Encuentro una posición cómoda entre sus piernas y uso ambas manos para empezar a masajearlo como él lo hacía.

El aroma masculino que emana de él es maravilloso, suficiente para excitarme aún más. No debería ser lo más difícil del mundo; solo mantener los dientes alejados y todo irá bien.

Mi pensamiento ingenuo resulta casi cómico cuando veo cómo su fluido preeyaculatorio lubrica la punta de su pene. Con la lengua fuera, pruebo el sabor salado, que no es tan malo como esperaba.

Mattia me sostiene el cuello y gime suavemente mientras intento tragar todo lo que puedo. Nuestra posición es maravillosa, lo coloca a la altura perfecta para mí.

Se me empiezan a llenar los ojos de lágrimas por la profundidad que alcanza al embestir en mi boca.

—Querida, necesito correrme —gruñe.

Mantengo la mano apretando con fuerza sus músculos y succiono su erección con más intensidad. Su mano se enreda en mi cabello, guiándome mientras alcanza el clímax.

Los espasmos de su cuerpo y la tensión de sus muslos me indican que está más cerca de lo que imaginaba. Siento cómo se derrama en mi boca, trago cada gota, y con una sonrisa traviesa, lo miro a los ojos.

—Delicioso —digo mientras me siento sobre los talones.

Mattia se acerca con la erección todavía firme, me agarra la barbilla con fuerza y clava sus ojos en los míos.

—Tu boca es tan deliciosa como tu coño. Ahora vamos a nuestra casa; quiero devolverte el orgasmo que me has dado —su promesa me provoca un delicioso escalofrío que me recorre la espalda.

—¿A qué te refieres con «nuestra casa»? —la excitación se esfuma.

—No vas a escaparte de mí, Alessa. Lo haremos funcionar, querida.

Le sonrío con cariño al padre de mi amiga; no tiene sentido negarlo. Me estoy enamorando de él, y él me lo está poniendo muy fácil. Lo observo mientras se ajusta la ropa para que podamos salir del baño. Me ayuda a ponerme de pie y me espera en la puerta para salir juntos.

Nuestra salida del baño no pasa desapercibida; algunas personas nos lanzan miradas de desprecio. Mattia les suelta unas maldiciones en italiano, lo que me hace reír. Me toma de la mano y me lleva de vuelta a nuestra mesa. Cojo el bolso para volver al apartamento.

Salimos del restaurante y caminamos despacio hacia el coche como una pareja enamorada, de la mano y con la cabeza apoyada en su hombro. Vemos algunos flashes, pero ya no me importa.

Si este italiano quiere reclamarme, que lo haga como quiera. Nos detenemos junto al coche y me ayuda a entrar. Me sonríe, y lo observo subir al coche de ventanas tintadas. Se sienta en el asiento del conductor y echa el asiento hacia atrás.

—Quítate las bragas...

Esta noche está resultando mejor de lo que imaginaba...