El nombre que quedó CAPÍTULO 52
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CAPÍTULO 52

CONDICIONES DE RENDICIÓN

Se reunieron en el despacho de Arthur porque nadie confiaba ya en la sala de mapas.

La lluvia golpeaba las altas ventanas. El fuego ardía mal en la chimenea y enviaba a la estancia más humo que calor. Los libros de Arthur cubrían tres paredes, con los lomos descoloridos por la sal y los años.

El mensaje de Silas estaba abierto sobre el escritorio.

La fotografía de Maeve permanecía a su lado.

Callum estaba sentado cerca del hogar, con el brazo herido sujeto contra el pecho. Una médica había amenazado con sedarlo si volvía a levantarse.

Callum la había invitado a intentarlo.

Gideon se apoyaba contra la librería detrás de él.

Rowan regresó del sendero norte con la bota de Tessa cubierta de barro dentro de una bolsa de pruebas transparente.

Todas las miradas se fijaron en ella.

Gideon fue el primero en moverse.

—¿Has encontrado la llave?

Rowan dejó la bolsa sobre el escritorio.

—No.

El rostro de Gideon se tensó.

Vale observaba la bota, no a Rowan.

—¿La habéis registrado?

—Sí.

—¿Tú?

—Y Pike.

—Entonces Tessa la cambió de sitio.

Rowan miró hacia el pasillo de la enfermería.

—Recuerda haberla metido en el tacón.

—La medicación afecta a la memoria —dijo Voss.

—Lo recuerda.

Voss estaba al otro lado del escritorio con una tableta y dos teléfonos seguros dispuestos frente a ella.

—¿No encontrasteis señales de que hubieran abierto el tacón?

—Sí las encontramos.

Gideon se irguió.

—¿Antes o después del accidente?

—Imposible saberlo.

Gideon miró hacia Pike.

—¿Quién llegó primero al carrito?

—Mi equipo.

—Nombres.

La expresión de Pike se enfrió.

—Recibirás el informe.

—He pedido nombres.

—Y yo he dicho informe.

Vale se sentó en la vieja silla de Arthur.

Había pertenecido a un hombre de menor tamaño. Vale parecía desbordarla sin ningún esfuerzo.

—Puede que Silas ya tenga la llave.

La voz de Callum sonó afilada.

—Entonces, ¿por qué retiene a Maeve?

—Porque quiere a Tessa.

—¿Por qué?

Nadie respondió de inmediato.

Callum miró alrededor.

—Todos sabéis algo.

Gideon dijo:

—Silas cree que el archivo necesita la sangre de Tessa.

—¿La necesita?

—No lo sabemos.

Los dedos quemados de Vale descansaban sobre el escritorio.

—Cree que una secuencia biométrica completa el índice.

—Tessa abrió el catálogo exterior —dijo Voss—. Eso respalda su teoría.

La mirada de Rowan se desplazó hacia el mensaje.

—Podría haber pedido sangre.

—Quiere control —dijo Gideon—. No un vial.

El rostro de Callum perdió el poco color que conservaba.

—La cortará.

Rowan alzó la cabeza.

Gideon continuó antes de que la violencia entrara en la habitación.

—No vamos a enviar a Tessa.

Callum rió una vez.

—¿Crees que decirlo lo convierte en realidad?

—Deja clara mi postura.

—¿Tu postura?

Callum se inclinó hacia delante pese al dolor.

—Maeve está atada a una silla porque tu hermano quiere a tu hija. No se convierte en una pérdida razonable porque no sea una Rourke.

La expresión de Gideon se endureció.

—Nadie ha dicho eso.

—Lo estás pensando.

—Callum —advirtió Gideon.

—No.

La voz de Callum tembló.

—La tiene porque creí el mensaje. Porque salí de la habitación. Porque pensé que estaba enferma.

Vale dijo:

—El engaño estaba diseñado para ti.

Callum se volvió contra él.

—Tú le enseñaste cómo hacerlo.

Vale aceptó la acusación sin moverse.

—Sí.

La respuesta sencilla se llevó parte de la rabia de Callum y dejó el dolor.

Voss tocó la tableta.

—Hemos registrado St. Bride a distancia. Las imágenes térmicas muestran a seis personas dentro de la capilla, quizá ocho. Dos más en la rectoría. Hay fuentes de calor adicionales cerca del cementerio.

—¿Maeve? —preguntó Callum.

—Desconocido.

—La fotografía es reciente —dijo Catherine desde cerca de las ventanas—. Bajo el abrigo se ve el vestido que llevaba esta mañana.

Callum la miró.

—Eso demuestra que fue tomada esta mañana. No que siga allí.

—No —dijo Catherine en voz baja—. No lo demuestra.

Rowan estudió el plano de la capilla.

Tres entradas.

La pared derrumbada de la sacristía.

Un campanario al que se accedía por unas escaleras estrechas.

Una cripta bajo el coro.

Silas sabría que tenían planos.

Arthur había cartografiado el edificio durante unas obras de restauración diecinueve años atrás. Gideon había utilizado la capilla para reuniones de los Santos. Vale había pagado el tejado nuevo a través de una fundación que no existía oficialmente.

Todos los hombres de la habitación tenían historia allí.

Solo Tessa y Maeve carecían de ella.

Y, sin embargo, eran quienes debían pagarla.

Voss dijo:

—Enviamos un equipo negociador.

—No hay negociación —respondió Gideon.

Callum se levantó de golpe.

La médica no había exagerado.

El dolor lo dobló contra la silla.

Gideon lo sujetó.

—Siempre hay negociación —dijo Callum entre dientes—. Incluso cuando los hombres fingen que no.

—Silas utilizará cualquier acercamiento para poner a Tessa a su alcance.

—Entonces envíame a mí.

—No —dijo Vale.

Callum se volvió.

—No te lo estaba preguntando.

—Te quiere vivo.

—Bien.

—Te quiere obediente.

—Entonces se llevará una decepción.

La expresión de Vale cambió.

—Utilizará a Maeve para corregir eso.

Callum se detuvo.

Vale continuó.

—Crees que el dolor es lo peor que puede hacerle. No lo es. Hará que hable en tu contra. Hará que te pida que te rindas. Hará que dudes de si quiere que la rescates o que la liberes de ti.

La respiración de Callum se volvió superficial.

Gideon se interpuso entre ellos.

—Basta.

Vale no apartó la mirada de Callum.

—Tiene que estar preparado.

—No —dijo Gideon—. Tú tienes que dejar de convertir el daño en enseñanza.

Vale lo miró.

Durante un instante apareció sorpresa.

Después desapareció.

Gideon señaló el mensaje de Silas.

—Tenemos hasta las seis. La llave ha desaparecido. Tessa está herida. Silas supondrá que la demora significa una negativa.

—¿Qué ocurre a las seis? —preguntó Gideon.

—Actuará.

—¿Lo sabes?

—Conozco a Silas.

Rowan dijo:

—Lo conocías cuando tenías poder sobre él.

Gideon lo miró.

—No sabes cómo es ahora.

—Sé lo suficiente.

—No. Conoces la versión que se presenta como un tío imprudente porque así los hombres lo subestiman.

Gideon bajó la voz.

—Silas no necesita el archivo para sobrevivir. Lo quiere porque destruir todos los registros de sus concesiones lo volvería intocable. Lleva veinte años organizando deudas que existen solo porque él las recuerda. El índice de Nadia convertiría la memoria en pruebas.

—¿Y Maeve? —preguntó Callum.

—Una herramienta.

—Di rehén.

—Una rehén.

Callum volvió a recostarse, agotado.

Rowan miró hacia Voss.

—¿Qué recursos puedes colocar alrededor de la capilla sin que los detecten?

—Dos vehículos sin distintivos en el pueblo. Una lancha pesquera mar adentro. Un dron sobre la capa de nubes.

—Sin uniformes.

—De acuerdo.

—Sin policía local.

—Puede que ya esté comprometida.

—Sin transmisiones a menos de kilómetro y medio.

Voss frunció el ceño.

—¿Cómo pretendes coordinarte?

—Contacto visual.

—¿Con quién?

—Con Gideon.

Gideon miró el plano de la capilla.

Rowan continuó.

—Catherine se queda con Tessa. Pike controla la isla. Lucas se encarga de la extracción secundaria en el puerto oriental.

Gideon dijo:

—¿Y yo?

—Te quedas aquí.

—No.

Rowan la miró.

—Silas te ha excluido expresamente.

—Precisamente por eso debería ir.

—Eso no es lógica.

—Es Silas.

—El mismo problema.

Gideon rodeó el escritorio.

—Esperará que intervenga.

—Entonces decepciónalo.

—¿Crees que puedes descifrarlo por un solo mensaje?

—No. Creo que Tessa te dijo que te mantuvieras fuera del perímetro.

La mandíbula de Gideon se tensó.

—Estaba medicada.

—Fue clara.

Vale habló desde la silla de Arthur.

—Deberíais llevarme a mí.

Todas las cabezas se volvieron.

La respuesta de Rowan fue inmediata.

—No.

—Silas espera que intervenga.

—Espera que intervenga todo el mundo.

—Conozco la cripta.

—Gideon también.

—Conozco el pasadizo que hay debajo.

Gideon lo miró fijamente.

—¿Qué pasadizo?

La boca dañada de Vale casi sonrió.

—El que Arthur nunca te enseñó.

Cayó el silencio.

Rowan se acercó.

—¿Adónde conduce?

—Desde la antigua cámara funeraria hasta la cueva marina bajo el muro occidental.

Voss abrió el plano digital.

—No aparece ninguna cueva.

—Se inunda con la marea alta.

—La marea cambia a las cinco y veinte —dijo Gideon.

Vale lo miró.

—Entonces entiendes por qué Silas eligió las seis.

La capilla quedaría aislada antes del plazo. La calzada desde el pueblo inferior se inundaría. La cueva marina se cerraría.

Una carretera de entrada.

Ninguna salida limpia.

Rowan dijo:

—Dibújalo.

Vale tomó un lápiz del escritorio de Arthur.

Su mano marcada por las cicatrices se movió sobre el plano.

Callum observaba.

Cuando el pasadizo estuvo marcado, habló.

—Me encerró entre piedra.

Vale levantó la vista.

—¿Qué?

—El cobertizo no era de madera. Creí que sí porque olía a aceite y cuerda. Pero el suelo era de piedra. La pared que tenía detrás estaba mojada.

—El almacén de botes bajo la capilla —dijo Gideon.

La mano sana de Callum se tensó sobre la silla.

—Maeve puede estar bajo tierra.

Rowan estudió el plano.

Silas les había dado el lugar.

No la habitación.

Quizá porque la capilla era teatro.

El intercambio podía ocurrir debajo.

Catherine se alejó de la ventana.

—Antes de que se marche nadie, deberíamos decidir qué ocurre si llama Silas.

—Hablará conmigo —dijo Gideon.

—No —respondió Voss—. Hablará con Tessa.

Rowan alzó la cabeza.

—No va a responder preguntas estando sedada.

La voz de Voss permaneció serena.

—Si exige una prueba de que sigue viva…

—Ya lo sabe.

—¿Cómo?

—El vigilante.

Pike dijo:

—No hemos identificado a ninguno.

—Entonces supón que lo ve todo.

Vale se recostó en la silla de Arthur.

—Puede que ya sepa que retiraron la llave de la bota.

Gideon lo miró.

—Pareces muy seguro.

—Enseñé a Silas a registrar aquello que la gente protege.

—No le enseñaste nada. Le pagaste.

—El pago es una forma de educación.

La mano de Gideon golpeó el escritorio.

—No hables como si lo hubieras criado.

Vale se levantó.

La silla se desplazó hacia atrás.