El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) CAPÍTULO 33 El documento que señalaba al monasterio
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CAPÍTULO 33 El documento que señalaba al monasterio

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La carpeta apareció antes de que Ramiro Echevarría terminara de ampliar su declaración.

No estaba en su apartamento ni en el depósito temporal que había reconocido utilizar.

La encontraron dentro de una caja de documentación entregada a una gestoría patrimonial de Palencia dos días después del robo.

No figuraba ningún remitente.

Solo una referencia de expediente correspondiente a un trabajo antiguo.

Elena Salcedo recibió la confirmación mientras Adrián Valcárcel y Martín Arce continuaban revisando el protocolo de Hernando de Santillana.

—Han encontrado una carpeta gris.

Martín dejó de leer.

Clara Montalvo preguntó de inmediato si contenía originales.

Elena no adelantó nada.

Primero debía documentarse.

La carpeta llegó bajo custodia y fue fotografiada antes de abrirse. Se registraron su estado exterior, el cierre, las etiquetas y cualquier alteración visible.

Cuando finalmente retiraron la cubierta, Adrián sintió una decepción inicial.

No había un volumen antiguo.

Tampoco un protocolo completo.

Había reproducciones modernas, fotografías y algunas piezas sueltas protegidas entre cartones neutros.

Dos hojas parecían antiguas.

Martín se quedó inmóvil.

—Esas no formaban parte de la carpeta tal como estaba descrita en el archivo.

Una de las hojas conservaba foliación antigua.

22.

Clara se acercó sin tocarla.

Martín no quiso identificarla antes de leer.

La pieza estaba dañada en un borde, pero el encabezado coincidía con el protocolo de Gonzalo de Aranda.

También la escritura.

La numeración encajaba con la secuencia.

Y el texto comenzaba allí donde terminaba el folio veintiuno conservado:

“…los derechos que se reservan para los hijos del dicho Fernando…”

Martín siguió leyendo:

“…no queden perjudicados por la administración otorgada a Diego, ni se entienda extinguido aquello que por sangre, fundación o bienes correspondiere a la línea de Fernando cuando sus descendientes puedan probarlo.”

Durante unos segundos nadie dijo nada.

Aquella era la cláusula que habían perseguido durante todo el tomo.

No proclamaba vencedor a Alfonso.

No anulaba la administración de Diego.

Tampoco resolvía cada una de las cuestiones jurídicas posteriores.

Pero impedía interpretar el gobierno otorgado a Diego como una extinción absoluta de la línea de Fernando.

En el reverso había una anotación posterior:

“Separada con los papeles de la viuda.”

Adrián respiró despacio.

Inés.

La historia material de la hoja empezaba a encajar.

Había salido del protocolo junto con documentación conservada por la viuda.

Después había acompañado a la rama familiar.

Más tarde había pasado por otras custodias y terminado reclasificada dentro de fondos distintos.

No era necesario imaginar una destrucción deliberada.

La hoja había sido separada y transmitida.

Elena preguntó si podía considerarse históricamente parte del protocolo de Aranda.

Martín respondió que sí.

La cuestión de la titularidad material y de su eventual restitución requeriría otro estudio.

Pero desde el punto de vista documental, la secuencia esencial quedaba reconstruida.

La segunda hoja antigua era diferente.

No tenía foliación.

El encabezado decía:

“Memoria de los bienes que permanecen vinculados a la línea de Fernando.”

Era una relación patrimonial.

No parecía completa y podía tratarse de una pieza de trabajo anterior a la copia incorporada al protocolo de Santillana.

Cerca del final figuraba:

“Propiedad de Castilla, con sus cargas de memoria, custodia y papeles.”

Debajo había una remisión:

“Según escritura otorgada con el monasterio que guarda los títulos antiguos.”

Adrián levantó la vista.

Ya no tenían una abreviatura.

Ni una hipótesis.

La documentación señalaba expresamente a un monasterio.