El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 2
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El nombre de Leonor reapareció en un expediente que no había sido creado para discutir la sucesión Valderrama.

Una mujer llamada Ana de Salvatierra necesitaba acreditar parentesco para acceder a una fundación familiar.

La genealogía presentada decía:

“Descendiente de Leonor, nieta de Fernando de Valderrama por la línea de Alfonso.”

Fernando seguía apareciendo mucho después.

Y fuera de Burgos.

La referencia tenía especial valor porque servía a otro propósito.

No había sido redactada para demostrar que Fernando debió ocupar el gobierno de la casa.

Era simplemente un antecedente genealógico necesario en otro expediente.

Además, el árbol estaba respaldado por copias de matrimonios y testamentos, junto con documentación de dote y patrimonio.

Una de las escrituras decía:

“Bienes procedentes de la línea de Fernando de Valderrama.”

La categoría seguía viva.

Línea.

Cuando el archivo de gobierno ya no desarrollaba a Fernando, otras tradiciones continuaban utilizando esa denominación para explicar parentescos y procedencias.

No había contradicción necesaria.

Eran circuitos documentales distintos.

Con el paso de otras generaciones, incluso la familia dejó de repetir el nombre de Fernando en cada documento.

Eso era natural.

Ninguna casa remontaba indefinidamente todos sus actos hasta un antepasado remoto.

Para entonces, sin embargo, ya existía una cadena suficientemente sólida para reconstruir el recorrido.

El siguiente inventario patrimonial introdujo algo más importante.

Entre los bienes de uno de los descendientes aparecía una caja titulada:

“Papeles de Burgos.”

La descripción incluía:

“Genealogía antigua.”

“Copia de derechos.”

“Relación de propiedades.”

Otra vez el mismo núcleo documental.

La fecha era posterior a las primeras genealogías reducidas del archivo de gobierno.

Mientras una tradición empezaba a dejar fuera a la línea de Fernando, sus descendientes seguían conservando documentación relacionada con ella.

Había una entrada más:

“Una hoja suelta de protocolo.”

Adrián levantó la vista.

Podía ser el folio veintidós.

También podía ser otra pieza completamente distinta.

Todavía no podían identificarla.

Pero la posibilidad de que una hoja separada del protocolo hubiera viajado con la rama familiar dejaba de ser una mera conjetura.

Un inventario posterior ya no la describía de forma individual.

Solo hablaba de:

“Papeles antiguos de Burgos.”

La pieza podía seguir existiendo y volverse prácticamente invisible para cualquier investigador posterior.

Bastaba con que dejara de ser nombrada por separado.

Elena Salcedo llegó con novedades sobre Ramiro Echevarría.

Lo habían localizado fuera de Burgos.

Se presentó acompañado por un abogado.

No llevaba la carpeta gris.

Sostenía que nunca había salido de Burgos con ella.

Las cámaras lo situaban dentro del recorrido, pero no permitían saber qué transportaba en cada momento.

Echevarría admitió haber fotografiado la relación de bienes.

Lo había hecho por encargo.

Todavía no revelaba para quién.

También afirmó que el original de la hoja antigua no estaba dentro de la carpeta gris.

Según él, allí solo había una reproducción.

Eso modificaba una parte de la reconstrucción.

La carpeta robada podía haber contenido una copia de la reserva y no la hoja original.

Elena no decidió si aquello era cierto.

Lo comprobarían.