BLOQUE 3
La ausencia más importante apareció entre dos inventarios.
En el primero figuraba:
“Protocolo relativo a administración por muerte de Fernando.”
Ocho años después, la entrada había desaparecido.
No sabían si se trataba del folio dieciocho.
La descripción era demasiado general.
Pero un inventario posterior incorporaba una categoría nueva:
“Papeles tocantes a diferencias antiguas de la casa.”
El protocolo podía haber quedado agrupado allí sin abandonar el fondo.
Adrián preguntó por la caja correspondiente.
Martín comprobó la signatura.
La caja todavía existía.
Pero ya no contenía las piezas descritas originalmente.
Había documentación posterior.
Eso podía explicarse por reutilización, traslados o reclasificaciones.
También cabía una retirada.
Elena insistió en reconstruir primero los movimientos antes de hablar de sustracción.
Una ficha del siglo XIX ofreció el siguiente paso:
“Reordenado fondo familiar. Separadas piezas de interés jurídico.”
La reorganización había sido realizada por un archivero privado:
Eusebio Landa.
La ficha no decía adónde habían ido las piezas separadas.
Solo contenía una abreviatura:
“R.J.”
Podía ser una sección, una clasificación o incluso una referencia personal.
No tenían base para decidirlo.
Lo importante era que algunos documentos podían haber abandonado su ubicación original durante aquella reorganización.
Martín comparó entonces dos procesos diferentes.
El primero se concentraba en el período de consolidación del patronato, cuando la línea de Fernando perdía presencia dentro de determinadas representaciones familiares.
El segundo pertenecía al siglo XIX y afectaba a la organización material de los papeles.
No eran el mismo fenómeno.
Una cosa era reducción de representación histórica.
Otra, una reorganización archivística capaz de separar documentos de su procedencia.
El efecto acumulado, sin embargo, era devastador para quien intentara reconstruir la historia siglos después.
Había que deshacer ambos procesos.
Elena aportó otra pieza.
Un antiguo informe profesional de una sociedad patrimonial que había trabajado para la Colección Velasco decía:
“Prioridad: identificar piezas separadas durante la reorganización de Landa. Especial interés en protocolos de sucesión y documentos de la rama de Fernando.”
El informe tenía más de seis años.
El equipo que había trabajado para aquella colección conocía a Landa y la dispersión asociada con su reorganización mucho antes de que Adrián y Clara comenzaran su investigación.
El documento afirmaba que no habían localizado las piezas.
Eso todavía debía verificarse.
Una anotación final decía:
“Una de las referencias parece remitir a fondo no incorporado al catálogo principal.”
Debajo aparecía una sigla:
“S.B.”
No sabían qué significaba.
Podía ser un archivo o un lugar.
También una colección o una clasificación perdida.
Adrián evitó asociarla automáticamente con Burgos.
Todavía no había base.
Martín guardó sus papeles al final de la tarde.
Ya no colaboraba desde la periferia.
La investigación había entrado de lleno en su terreno.
Inventarios que cambiaban de vocabulario.
Signaturas desplazadas.
Fondos reorganizados.
Documentos cuya ausencia solo podía entenderse reconstruyendo cómo habían sobrevivido.
Adrián volvió a la matriz.
Fernando no había desaparecido de un único lugar.
Su línea había perdido centralidad en algunas genealogías.
Sus papeles habían ido perdiendo precisión en los inventarios.
Un protocolo había cambiado de categoría.
Y siglos después, una reorganización había separado parte de la documentación de su contexto original.
Cada proceso podía tener una causa distinta.
Ninguno exigía imaginar una conspiración perfecta capaz de atravesar quinientos años.
Pero el resultado acumulado era extraordinariamente eficaz.
En el presente podía parecer que Fernando jamás había dejado una línea suficientemente documentada.
Martín señaló entonces una entrada del inventario más antiguo:
“Papeles de la casa, divididos entre las dos ramas.”
Nadie habló durante unos segundos.
Si aquella división había sido también material, los papeles debían haber seguido dos recorridos diferentes.
La línea de Fernando no solo podía haber sido reducida dentro de determinadas genealogías.
Parte de su documentación podía haber seguido una trayectoria física separada.
Y si conseguían localizar el momento de esa división, quizás podrían reconstruir hacia dónde había continuado cada conjunto.
Por primera vez, una ausencia dejaba de comportarse como un vacío.
Empezaba a indicar una dirección.