EPÍLOGO
ÉL NO DEBIÓ ENAMORARSE DE ELLA
Un año después, Adrián me encontró en el mismo lugar donde nos conocimos.
—¿Todavía crees que debí alejarme de ti? —preguntó.
Sonreí.
—Sí.
—¿Y tú?
—Yo debí alejarme de ti.
Se acercó.
—Pero ninguno lo hizo.
Negué con la cabeza.
—No.
—¿Te arrepientes?
Lo miré.
Por primera vez, no tuve miedo de decir la verdad.
—De algunas cosas.
—¿De mí?
Sonreí.
—Nunca.
Adrián tomó mi mano.
Y mientras caminábamos juntos, pensé en aquella primera noche.
En la sangre.
En las mentiras.
En todos los secretos.
Y en la única verdad que jamás pude esconder.
Él no debió enamorarse de mí.
Pero lo hizo.
Y yo…
Yo terminé enamorándome del hombre que debía destruir.