CAPÍTULO 17 — Indicios bajo la Colegiata
BLOQUE 1
Don Xesús Bouzas los recibió con una mezcla de curiosidad y cierta inquietud cuando Adrien le explicó, en términos todavía cuidadosamente generales, que necesitaban examinar con más detalle los cimientos de la propia Colegiata,
comparando su construcción con las técnicas que habían documentado en el monasterio subterráneo.
---Llevo casi treinta años como párroco de este templo, y todavía me sorprende cuánto queda por descubrir ---admitió, mientras los guiaba hacia una pequeña puerta lateral que daba acceso a la cripta original de la Colegiata, un espacio reducido y poco visitado por los turistas,
dedicado principalmente al almacenamiento de mobiliario litúrgico en desuso.
La cripta, de planta simple y bóveda de cañón, presentaba una datación oficial del siglo IX, coincidiendo con la tradición fundacional atribuida a fray Elías.
Pero Adrien, recorriendo los muros con la misma atención meticulosa que había aplicado en el scriptorium subterráneo, notó de inmediato una discrepancia que ningún estudio previo parecía haber señalado.
---Esta sección del muro no es del siglo IX ---dijo, señalando un tramo de sillería en el ángulo más alejado de la cripta---.
La técnica de labra es distinta, más tosca, más antigua incluso.
Se parece mucho a la que vimos en el corredor de acceso al scriptorium, no a la que se usó en el resto de la Colegiata.
Don Xesús se acercó, examinando el muro con renovado interés profesional.
---Siempre asumimos que era una reparación posterior mal documentada, algo bastante común en construcciones de esta antigüedad. Nunca se me ocurrió que pudiera tratarse de lo contrario: que fuera más antigua, no más reciente, que el resto del edificio.
BLOQUE 2
Lucía, examinando el suelo de la cripta con una linterna de luz rasante, encontró lo que buscaban: una junta apenas perceptible entre las losas, formando un rectángulo que no correspondía a ningún patrón decorativo reconocible dentro del propio pavimento.
---Aquí hay algo ---dijo, arrodillándose para examinarlo más de cerca---.
El patrón de desgaste alrededor de estas losas es distinto al del resto del suelo, como si durante generaciones alguien hubiera evitado sistemáticamente pisar exactamente este punto, sin que quede claro por qué, a menos que supieran que había algo debajo.
Adrien, comparando mentalmente la disposición con los planos esquemáticos que Ilse Kessler les había compartido semanas atrás, sintió que las piezas del rompecabezas encajaban con una precisión que no dejaba lugar a demasiadas dudas.
---Si mis cálculos son correctos, y si el monasterio subterráneo se extiende en la dirección que sugiere el corredor de acceso desde la palloza de Amalia, este punto exacto de la cripta debería quedar casi directamente sobre la iglesia subterránea del complejo,
la misma que el plano marcaba con la cruz y la inscripción sobre "quienes descansan bajo el nombre que no pueden llevar".
Gabriel sintió un escalofrío al comprender la implicación completa de aquello: la propia Colegiata de O Cebreiro, el templo oficial donde generaciones de peregrinos habían asistido a misa sin sospechar nada, estaba construida, literal y físicamente,
sobre el lugar exacto donde descansaban los restos que la misma Iglesia había ordenado silenciar para siempre.
---No fue casualidad que eligieran este emplazamiento para la Colegiata ---dijo, procesando la idea en voz alta---. Fue deliberado, probablemente por los propios guardianes originales, para mantener una conexión simbólica entre ambos lugares, aunque fuera una conexión que solo ellos mismos conocían.
BLOQUE 3
Don Xesús, escuchando toda la conversación con una gravedad creciente que ya no intentaba disimular, formuló la pregunta que su propia formación pastoral le exigía plantear antes de continuar.
---Si abrimos esto, y confirmamos lo que ustedes sospechan, ¿qué pasa con esta Colegiata? ¿Con las misas que se celebran aquí todos los domingos, con los peregrinos que suben hasta este altar buscando consuelo espiritual después de días enteros de caminar?
Padre Esteban, presente también en aquella visita, respondió con una calma que reflejaba años de experiencia lidiando con preguntas similares, aunque nunca de esta magnitud.
---La fe de quienes suben hasta aquí no depende de los detalles históricos exactos que nosotros logremos o no confirmar, don Xesús.
El propio manuscrito que encontramos lo dice mejor que cualquiera de nosotros podría explicarlo: el Camino trae consuelo a quienes lo recorren, sea cual sea el nombre bajo el que buscan ese consuelo.
Nuestra obligación no es destruir esa fe, sino manejar la verdad histórica, si es que la confirmamos del todo, con el mismo cuidado y la misma humildad con la que los propios guardianes originales la protegieron durante generaciones.
Adrien, ya planificando mentalmente los siguientes pasos necesarios, se dirigió a Gabriel con una determinación renovada.
---Necesitamos abrir este acceso, con todo el cuidado posible, y necesitamos hacerlo pronto.
Si Ilse Kessler tiene el mismo plano que nosotros, y ya demostró que está dispuesta a litigar y a presionar legalmente para conseguir acceso, no podemos permitirnos que llegue primero a un punto tan sensible como este, literalmente bajo el altar de una iglesia en funcionamiento.
Gabriel asintió, mirando hacia el rectángulo apenas visible en el suelo de la cripta, consciente de que estaban a apenas unos metros de distancia, quizás unas pocas semanas de trabajo cuidadoso, de encontrarse cara a cara con la verdad que tres monjes habían muerto protegiendo,
y que la propia Iglesia había decidido enterrar junto con ellos, cuatrocientos años atrás, bajo el mismo suelo donde todavía hoy resonaban, cada domingo, los cantos de los peregrinos que jamás sospecharían lo que descansaba bajo sus pies.