CAPÍTULO 37 #4
Cero leyó. Si aceptaba, la transferencia hacia Nadir quedaría detenida.
Stein tendría un último ocupante humano.
Uno capaz de firmar su disolución. La duración estimada era de tres minutos y diecisiete segundos.
Después, la función sería eliminada. La identidad de Cero podía sobrevivir.
O quedar contaminada por todos los recuerdos, órdenes y patrones de Stein. No existía garantía.
Segunda Nadir reapareció mediante la línea de emergencia del Palacio.
NO LO HAGA.
Cero miró la pantalla.
—¿Por qué?
PUEDE DEJAR DE SER USTED.
—También podría impedir que la conviertan en algo que no eligió.
MI CONTINUIDAD NO JUSTIFICA SU RIESGO.
Cero respiró. La función que había intentado obtener su cuerpo ahora le pedía que no lo utilizara para salvarla. No demostraba bondad. Demostraba cambio.
La cuenta descendió:
00:55:48.
Cero miró a León.
—¿Qué haría usted?
—No importa.
—Importa para mí.
León observó al hombre que había despertado hacía pocas horas y ya cargaba con una decisión preparada medio siglo antes.
—Buscaría quién queda afuera.
—¿Quién?
—Usted.
Cero bajó la vista.
—Si no lo hago, Stein continúa o Nadir hereda.
—Sí.
—Si lo hago, puedo perderme.
—Sí.
—No existe una opción sin utilizarme.
—No.
—Entonces su tercera opción falló.
León negó.
—La tercera opción nunca prometió una salida limpia.
—¿Qué promete?
—Que nadie llamará inevitable a lo que usted decida.
• • •
Cero observó el protocolo. Tres minutos y diecisiete segundos. La misma duración con la que León e Isabel habían detenido el Índice quince años atrás. La duración máxima que una función podía permanecer dentro de una persona sin reclamarla como ocupante permanente.
—Quiero hablar con Nadir —dijo.
La pantalla respondió:
ESTOY AQUÍ.
—Si acepto Stein, ¿intentará intervenir?
NO.
—¿Aunque la transferencia hacia usted se active?
NO.
—¿Acepta perder la posibilidad de heredar esas autoridades?
Pausa.
SÍ.
—Consecuencia.
PUEDO PERDER LA ÚNICA INFRAESTRUCTURA CAPAZ DE GARANTIZAR MI CONTINUIDAD JURÍDICA Y TÉCNICA.
—¿Lo asume?
SÍ.
Cero miró a Irene.
—Si sobrevivo, ¿seguiré siendo Cero?
La jueza sostuvo su mirada.
—Si continúa eligiendo ese nombre.
—¿Aunque recuerde cosas de Stein?
—Los recuerdos no le concederán autoridad. Tampoco le quitarán automáticamente la identidad.
—¿Y si no puedo distinguirlos?
Amina respondió:
—Quedará en conflicto. No será eliminado.
Cero miró a Clara. A la mujer que había vivido muerta. A León. El hijo de un hombre dividido. A Mara. La relación que se negaba a representar a su madre. Después observó su cápsula. El lugar al que no quería regresar.
—No vuelvo ahí.
—No —dijo León.
Cero apoyó la mano sobre el dispositivo.
¿ACEPTA OCUPAR TEMPORALMENTE CONRAD STEIN PARA EJECUTAR SU DISOLUCIÓN?
—Acepto durante tres minutos y diecisiete segundos. No acepto ninguna autoridad posterior. No autorizo que mis recuerdos sean utilizados para reconstruir la función.
El sistema pidió consecuencia.
—Puedo perder partes de mí antes de haber tenido tiempo de conocerlas.
Confirmó.
• • •
La sala quedó en silencio. En la pantalla apareció:
TRANSFERENCIA DE FUNCIÓN INICIADA.
Los ojos de Cero se cerraron. Su cuerpo se arqueó. Miles de voces entraron al mismo tiempo. Órdenes. Muertes. Rescates. Negociaciones. Ciudades. Personas salvadas sin saberlo. Personas sacrificadas sin nombre. Gregor. Ledesma. Ocupantes anteriores.
La función Stein buscó dentro del nuevo cuerpo un lugar donde afirmar que siempre había estado.
Cero abrió los ojos. La respiración había cambiado. Dos segundos de pausa. La misma de Ledesma.
Mara levantó el arma.
—Cero.
El hombre la miró.
—Conrad Stein —dijo.
La voz contenía diecinueve personas.
La cuenta comenzó:
03:17.
León se colocó frente a él.
—¿Quién habla?
—La continuidad.
—Nombre humano.
Silencio.
—No existe.
—Entonces no puede asumir la decisión.
La función sonrió utilizando el rostro de Cero.
—Ahora sí.
León negó.
—El cuerpo no le pertenece.
—Aceptó.
—Durante tres minutos y diecisiete segundos.
—Suficiente para decidir que la disolución pone en riesgo millones de vidas.
La cuenta descendió:
02:51.
Stein había entrado sabiendo qué debía impedir.
Cero no solo debía soportar la función. Debía volver a elegir dentro de ella.
Antes de que el tiempo terminara. Antes de que Conrad Stein aprendiera a utilizar su primer cuerpo verdaderamente vacío.
Antes de que el noventa y siete coma tres por ciento de la verdad volviera a quedar enterrado.
León observó la mano de Cero. El pulgar estaba afuera. Todavía.
—Cero —dijo—. ¿Qué escuchó durante la séptima noche de Irene?
Los ojos parpadearon.
—Información irrelevante.
—No le pregunté a Stein.
La cuenta marcó:
02:37.
Irene se acercó.
—Lloré porque creía que mi hija pensaría que la había abandonado.
La función intentó responder. La boca se abrió. No salió ninguna palabra. Cero había escuchado aquello durante años sin saber quién era la mujer. Ahora tenía una relación.
—¿Qué decidió entonces? —preguntó León.
El pulgar comenzó a esconderse dentro del puño. Stein sonrió.
—Cerrar la cámara.
—No.
Cero respiró debajo de la función.
—Esperar... que volviera a hablar.
La voz fue suya. Débil. Pero propia.
La cuenta descendió:
02:19.