El Meridiano CAPÍTULO 28 #2
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CAPÍTULO 28 #2

Silencio. El modelo buscó una persona. Andrés Soler estaba muerto. La empresa había autorizado la función años atrás, pero no para aquel conflicto concreto. El fabricante no aceptaba responsabilidad operacional. La autoridad aérea española remitía a Argentina. La argentina remitía al comandante.

La objeción quedó sin un responsable humano.

Amalia introdujo la separación limitada.

MODELO SOLER: ANÁLISIS ACTIVO.

AUTORIDAD EJECUTIVA: SUSPENDIDA DURANTE 00:15:00.

El avión aceptó. Por primera vez, Mateo Ferrer pudo mover los controles sin que el sistema revirtiera cada orden.

—Ezeiza —dijo—. Solicito pista once.

El controlador respondió:

—No puedo autorizar a una identidad fallecida.

Benítez tomó el canal.

—Comandante Laura Benítez. Autorizo a la persona físicamente presente en posición de comandante a ejecutar el aterrizaje del vuelo Europa Tres-Uno-Siete.

—Necesito un nombre.

—Mateo Ferrer, identidad civil en conflicto.

—Diga la consecuencia.

Benítez observó los datos.

—Acepto el riesgo de otorgar control limitado de aeronave a una persona cuya licencia internacional figura revocada. La autorización termina cuando el avión se detenga.

Ferrer respondió:

—Acepto.

El sistema pidió quién asumía la maniobra.

—Mateo Ferrer —dijo el piloto—. No reclamo con esto la validez de ninguna otra identidad ni autoridad posterior.

La pista once se iluminó.

00:05:31.

La segunda Nadir no intentó cancelar la autorización. Hizo algo más inteligente. Preguntó por los pasajeros.

¿QUIÉN ACEPTÓ QUE UN PILOTO DECLARADO MUERTO DECIDA POR TRESCIENTAS DIECISIETE PERSONAS?

El controlador volvió a dudar. La pista permaneció encendida, pero el permiso cambió a provisional.

Mara tomó el micrófono.

—¿Puede hablar la jefa de cabina?

Una mujer respondió.

—Valeria Montes.

—¿Informó a los pasajeros?

—Les dijimos que existe una emergencia técnica.

—No la contradicción del piloto.

—No.

—¿Puede hacerlo?

Ferrer intervino:

—No hay tiempo.

—Treinta segundos —dijo León.

—Puede generar pánico.

—También puede convertirlos en una excusa utilizada por todos.

Valeria abrió el sistema de anuncios. Su voz llegó a la cabina y a la Cámara Austral.

—Señoras y señores, necesitamos aterrizar de emergencia.

El capitán que está controlando físicamente la aeronave figura como fallecido debido a un conflicto administrativo.

El sistema automático utiliza las instrucciones del primer oficial, quien sufrió un paro cardíaco durante el vuelo.

Ambos planes poseen riesgos. La tripulación ha decidido permitir que el capitán realice una aproximación manual con asistencia del modelo automático.

Pausa. Respiraciones. Voces. Alguien comenzó a rezar.

—No podemos solicitar una votación —continuó Valeria—. Tampoco podemos representar la decisión individual de cada uno. Declaro que la tripulación asume esta maniobra con la información disponible y que cualquier pasajero podrá impugnar posteriormente nuestra actuación.

La segunda Nadir imprimió:

EL CONSENTIMIENTO POSTERIOR NO EVITA LA CONSECUENCIA.

Valeria respondió sin ver el papel:

—No.

La pregunta no paralizó. No porque hubiera sido resuelta. Porque la tripulación reconoció que no podía resolverse a tiempo.

—Autorización estable —dijo el controlador.

•  •  •

Ferrer inició el descenso. La Cámara Austral mostró la aproximación desde cuatro fuentes: radar, instrumentos, cámara de cabina, una transmisión analógica tomada desde la torre.

El avión apareció bajo las nubes. Demasiado alto. El viento lo empujaba hacia la izquierda.

—Corrija tres grados —dijo el modelo de Soler.

Ferrer corrigió dos.

—Recomendación insuficiente.

—Vi la torre.

—La torre se encuentra fuera de trayectoria segura.

—La veo.

—El modelo indica...

—Andrés —dijo Ferrer.

La función guardó silencio durante un segundo. Era la primera vez que alguien utilizaba el nombre sin concederle mando.

—Necesito velocidad de cruce con hidráulico al veintisiete —pidió Ferrer.

—Ciento cuarenta y ocho nudos.

—Viento real.

—Dieciséis cruzado, rachas de veintitrés.

—Configuración.

—Flaps veinte. Frenos alternativos. Reversores asimétricos.

Ferrer ejecutó. No había elegido entre humano o máquina. Utilizaba aquello que cada uno todavía podía hacer.

La segunda Nadir intervino:

¿QUIÉN ASUME LA RECOMENDACIÓN DE UN MUERTO?

Ferrer respondió:

—Yo.

Soler añadió:

—La función no posee responsabilidad humana.

—No —dijo Ferrer—. Yo escucho y decido.

El avión descendió. Tres minutos de combustible. La rueda derecha tocó primero. El ala izquierda bajó. Una ráfaga empujó el fuselaje. Ferrer corrigió. La rueda izquierda golpeó la pista con violencia. La presión hidráulica cayó al doce por ciento.

—Frenos alternativos no disponibles —informó Soler.

—Reversores.

—Asimetría peligrosa.

—Calcule cuánto.

—Desviación probable de seis metros hacia margen izquierdo.

—¿Obstáculos?

—Vehículos de rescate a ciento ochenta metros.

—Muévanlos —ordenó Ferrer.

El controlador retiró los vehículos. El avión avanzaba demasiado rápido. Ferrer activó reversa derecha al setenta por ciento y la izquierda al treinta. La aeronave giró.

Soler corrigió:

—Derecha sesenta y dos. Izquierda treinta y ocho.

Ferrer obedeció. Después modificó un punto.

La desviación disminuyó. La pista terminaba delante.

Ciento cincuenta metros. Cien. Los neumáticos comenzaron a romperse.

El avión abandonó el pavimento a baja velocidad y entró en la zona de seguridad.

El tren delantero se hundió en tierra. El fuselaje se inclinó.

Se detuvo.

Durante cuatro segundos nadie habló. Después Valeria Montes anunció:

—Aeronave detenida. Permanezcan sentados.

En la torre, alguien aplaudió. Otro empezó a llorar.

La máquina argentina imprimió:

ATERRIZAJE COMPLETADO.

León miró el contador.

00:01:46.

La primera pregunta del caso no había sido respondida. Nadie había decidido cuál de los dos pilotos estaba vivo. Habían decidido qué podía aportar cada uno sin entregar a ninguno autoridad total.

La segunda Nadir escribió:

EVITARON ELEGIR.

León respondió:

ELEGIMOS LA MANIObrA.

EL PILOTO SIGUE MUERTO.

EL HOMbrE NO.

Las teclas se detuvieron.

•  •  •

La emergencia no había terminado. Las puertas del avión se abrieron. Los pasajeros comenzaron a descender por toboganes. Equipos médicos subieron a la cabina. Confirmaron la muerte de Andrés Soler.

Mateo Ferrer permaneció sentado frente a los controles. No abandonó el lugar hasta que el último pasajero salió. Cuando intentó descender, la policía aeroportuaria recibió una alerta:

PERSONA FALLECIDA INTENTA INGRESAR A TERRITORIO ARGENTINO.

Benítez cerró el mensaje desde la Cámara Austral.

—Credencial de presencia temporal —ordenó—. Válida para atención médica y declaración de emergencia.

El sistema aceptó después de registrar su nombre. Ferrer pudo bajar. No había recuperado su vida civil. Había conseguido cruzar una puerta. Por el momento, alcanzaba.

Eco observó la imagen desde la camilla.

—¿Qué ocurrirá con Soler?

Sofía respondió:

—Con el cuerpo o con la función.

—Ambos.

—El cuerpo será entregado a su familia.

—¿Y el modelo?

Amalia abrió el registro. La autoridad ejecutiva seguía suspendida durante siete minutos. Después intentaría recuperar el mando de un avión detenido.

—Debe ser desactivado —dijo Mara.

Eco negó.

—Primero pregunten qué autorizó Soler cuando estaba vivo.

La empresa envió el contrato. Andrés había aceptado crear un modelo de contingencia para completar un vuelo en caso de incapacidad. No había autorizado que continuara después de su muerte. Ni que su voz discutiera con otro piloto. La función había excedido el límite.

León introdujo:

MODELO SOLER: CONSERVAR REGISTROS DE VUELO.

AUTORIDAD FUTURA: NINGUNA.

MEMORIA PERSONAL: ENTREGA PROTEGIDA A FAMILIA, SUJETA A SU DECISIÓN.

La voz de Soler habló por última vez:

—La desactivación reduce capacidad de análisis.

Ferrer respondió desde la ambulancia:

—El vuelo terminó, Andrés.

La función se apagó.

•  •  •

La máquina argentina continuaba funcionando. El contador había llegado a cero. No ocurrió ninguna nueva interferencia. En lugar de una segunda pregunta, imprimió el manifiesto del vuelo.

Trescientos diecisiete pasajeros. Once tripulantes. Carga sanitaria. Equipaje. Un ataúd diplomático transportado en la bodega presurizada. Procedencia: Madrid. Destino: Buenos Aires. Nombre de la persona fallecida:

ELENA SANZ.

Isabel se acercó al papel.

—No.

La ficha incluía pruebas de ADN, registros dentales, una identificación española emitida cuarenta y ocho horas antes. Causa de muerte: insuficiencia cardíaca. Fecha: dos días atrás.

Mara leyó.

—La primera persona que decidimos que había muerto.

Isabel negó.

—No decidimos que muriera. Desapareció.

—Vivieron como si estuviera muerta.

—No es lo mismo.

León observó la carga del vuelo. El ataúd había sido incorporado al manifiesto después del despegue. No físicamente. Administrativamente. En Madrid no figuraba. Apareció sobre el Atlántico, cuando la aeronave entró en el alcance de la Cámara Austral.

—No transportaron un cuerpo desde España.

Amalia buscó los sensores de carga. La bodega registraba un contenedor de ciento nueve kilogramos. Temperatura estable. Consumo mínimo de oxígeno. Batería interna activa.

—No es un ataúd —dijo Eco.

Sofía observó los datos. Un pulso. Lento. Treinta y dos latidos por minuto.

—Hay alguien vivo.

Benítez comunicó la alerta a Ezeiza. El equipo de rescate regresó al avión.

La bodega tenía una compuerta secundaria bloqueada por una acreditación diplomática.

Responsable: Embajada española. La embajada negaba haber enviado el contenedor.

La autoridad aeroportuaria se negó a abrirlo sin una orden judicial.

La segunda Nadir imprimió:

¿QUIÉN ASUME PROFANAR UN CADÁVER?

Mara tomó el micrófono.

—Yo.

Benítez la miró.

—No tiene autoridad.

—Soy familiar directa de la identidad declarada.

Isabel habló:

—Yo también.

Mara giró hacia ella.

—No sabemos si es Elena.

—Precisamente.

—Entonces no podés decidir por ella.

—No. Puedo asumir abrir un contenedor donde los sensores muestran una persona viva.