CAPÍTULO 20 #4
Las luces se encendieron al mismo tiempo. Una nueva capa apareció entre los sistemas. No figuraba en ninguno por separado. Cada módulo contenía una fracción mínima de código: inútil de manera aislada, invisible durante las revisiones individuales. Juntas formaban una estructura completa.
Amalia dejó de respirar.
—León.
Él se acercó. La pantalla mostró una matriz de prioridades: países, instituciones, tipos de activos, clases de identidad, coeficientes de restauración.
El Índice. No una copia. El núcleo original dividido entre los ocho módulos.
Mara miró la advertencia de Isabel.
NO DEJEN QUE LOS OCHO LLEGUEN JUNTOS.
—No estaban contaminados.
—No —respondió León.
—Transportamos el Índice.
—Dividido.
Amalia cerró las conexiones. La estructura desapareció.
—¿Quién lo colocó?
—El código forma parte del entrenamiento inicial. Está dentro desde que se fabricaron.
—Isabel construyó los módulos —respondió Mara.
—Entonces ella lo dividió.
León negó.
—Isabel construyó Nodo Sur para escapar del Índice.
—Pudo conservarlo para estudiarlo.
—Pudo.
—¿Qué otra persona tuvo acceso?
Amalia revisó las firmas de fabricación. Isabel Sanz. Tomás Vale. Lucía Ferreyra. Pavel Orlov, modelado matemático. Y una supervisora externa de validación de materiales:
ELISE MOREAU.
Mara miró la pista. La mujer que acababa de asumir la función Stein había participado en cada módulo.
—Moreau escondió el Índice dentro de Nodo Sur.
—O recibió la orden de hacerlo —dijo León.
—¿Para qué?
La respuesta apareció sola cuando uno de los módulos intentó volver a conectarse.
DESTINO DE ENSAMBLAJE: NODO PRINCIPAL CÓRDOBA.
AL COMPLETAR OCHO COPIAS: INTEGRAR MATRIZ DE PRIORIDAD.
Si llegaban juntos, Nodo Sur no rechazaría Génesis. Lo absorbería. El sistema alternativo se convertiría en el nuevo cuerpo del Índice. Más distribuido. Más humano. Más difícil de detectar. Y capaz de reconstruir personas mientras seguía eligiendo qué versiones merecían existir.
—Isabel no se negó a completar el protocolo solo por el derecho a preguntar —dijo Mara.
—No.
—Sabía lo que llevábamos.
—Sí.
—¿Por qué no lo dijo directamente?
León observó los módulos. Si Isabel revelaba que el Índice viajaba dividido, Helena podía ordenar su destrucción. Stein podía capturarlos. Tomás podía llevar Testigo hasta Umbral para activarlo. Cada persona habría reaccionado según su propia certeza.
Isabel había obligado a que lo descubrieran.
—Porque quería saber qué haríamos antes de darnos un enemigo claro.
—¿Y qué hacemos? —preguntó Amalia.
Separar los módulos impediría que el Índice se reconstruyera.
También impediría que Nodo Sur funcionara con toda su capacidad.
Destruir uno rompería la matriz. Pero reduciría la red de respaldo.
Llevarlos juntos a Córdoba podía permitir que Isabel eliminara el código.
O completar exactamente el plan de Moreau.
En el exterior, Idris encendió los motores. Renata dio la orden de despejar la pista.
Mara miró la cuenta regresiva.
11:42:17.
—No pueden llegar los ocho juntos.
—No —dijo León.
—Dividimos la carga.
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque la persona que quiere que los separemos puede estar esperando cada ruta.
—Isabel nos advirtió.
—Elena Marchand también sabe lo que contienen.
Amalia observó el mapa.
—Entonces cualquier decisión revela algo.
León miró los módulos. Ocho piezas, cada una incompleta. Juntas capaces de reconstruir el sistema que todos intentaban destruir. La solución no consistía en elegir entre unirlas o separarlas.
Otra vez eran dos puertas preparadas.
—No llevaremos ocho módulos a Córdoba.
Mara esperó.
—Tampoco los separaremos.
—Eso es imposible.
—No.
León señaló la matriz reconstruida.
—El Índice necesita reconocer que las ocho copias están presentes.
—Sí.
—No necesita que sean las originales.
Amalia comprendió.
—Eco.
La placa defectuosa dentro de su funda. La réplica construida para engañar sensores. La esfera falsa había demostrado que un sistema podía aceptar materiales, peso y estructura sin comprender qué objeto tenía delante.
—Podemos fabricar una novena señal —dijo—. Un módulo que parezca completar la matriz.
—¿Para qué?
—Para obligar al Índice a revelarse antes de llegar al nodo principal.
Mara miró los ocho originales.
—¿Y si se integra en el avión?
—Lo aislamos.
—¿Puede hacerlo?
Amalia observó la línea defectuosa de Eco. La imperfección que había conservado contra la orden de Helena. La primera pista que Nadir no había previsto.
—Sí —dijo—. Pero necesitaré destruir uno de los módulos para construir la copia.
El silencio regresó. Ocho piezas. Una debía dejar de existir para impedir que las ocho se convirtieran en el Índice.
La pantalla pidió seleccionar cuál. Por primera vez, la decisión no presentaba personas. Solo números.
Módulo uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho.
Todos parecían equivalentes.
León negó.
—No elegiremos por número.
—¿Entonces?
—Primero averiguamos a quién recuerda cada uno.
La cuenta regresiva no esperaba esa respuesta. Once horas y treinta y nueve minutos, y descendiendo.