CAPÍTULO 19 #3
—Todavía no —dijo León.
En Umbral, Samuel logró alcanzar el arma. Stein estaba contra el cristal; ambos respiraban con dificultad. La pared transparente los separaba de Tomás.
Samuel apuntó.
—No se mueva.
Stein observó la pantalla donde su orden de terminación había quedado registrada con una responsabilidad sin resolver.
—El protocolo terminó.
—La decisión no.
—Abra la cámara.
—No.
—Vale necesita médicos.
—Sus agentes están detrás de la puerta.
—Puedo ordenarles que entren sin armas.
—¿Quién lo ordena?
Stein guardó silencio. Samuel mantuvo el arma.
—Conrad Stein no puede asumir responsabilidad humana.
—Gregor Hahn está muerto.
—Entonces no hay nadie para abrir la puerta.
Stein miró a Tomás. Helena seguía intentando devolverle el pulso. Después miró la consola. Su conflicto de identidad. La función que lo había protegido de la responsabilidad. Y el hombre que había existido antes.
Se acercó al lector. Apoyó la mano.
—Gregor Hahn.
El sistema respondió:
IDENTIDAD FALLECIDA.
—Revocar fallecimiento administrativo.
AUTORIDAD REQUERIDA.
Stein respiró.
—Conrad Stein. Ocupante de función. Autorizo la recuperación de Gregor Hahn.
La máquina procesó ambas identidades.
CONSECUENCIA: PÉRDIDA DE INMUNIDAD FUNCIONAL.
PÉRDIDA DE AUTORIDAD AUTOMÁTICA.
EXPOSICIÓN A RESPONSABILIDAD PENAL PREVIA Y ACTUAL.
¿CONFIRMA?
Samuel lo observó. Stein leyó. No existía una manera de recuperar al hombre sin perder el refugio.
Detrás del cristal, Helena gritó:
—¡Samuel!
Tomás no tenía pulso.
Samuel miró a Stein.
—Decida.
El hombre apoyó la frente contra el lector.
—Confirmo.
La pantalla cambió:
GREGOR HAHN: IDENTIDAD ACTIVA.
FUNCIÓN STEIN: SUSPENDIDA.
Las puertas de Umbral se abrieron. Los agentes externos recibieron una orden médica sin prioridad de continuidad. Entraron. Sin armas levantadas. Dos sanitarios corrieron hacia Tomás. Helena se apartó.
El desfibrilador cargó. Primera descarga. Nada. Segunda. La línea se elevó. Un pulso débil apareció. Cuarenta y uno. Cuarenta y seis. Cincuenta.
Tomás Vale regresó una vez más. No mediante una identidad de reemplazo. No mediante una muestra almacenada. Mediante un corazón que todavía no había terminado de decidir.
• • •
En el avión, la transmisión se interrumpió. La última imagen mostró a Gregor Hahn sentado contra una pared, sin arma y sin función.
Mara soltó la consola.
—Stein dejó de existir.
—La función fue suspendida —dijo León.
—¿Y el hombre?
—Ahora tendrá que descubrirlo.
Amalia revisó los ocho módulos.
—La ventana dejó cambios.
—¿Cuáles?
—Las redes guardaron las solicitudes de responsabilidad. No pueden borrarlas sin dejar evidencia.
—Entonces Helena ya tiene su prueba —dijo Mara.
—No completa.
—El mundo vio que el Índice existe.
—Vio una consecuencia.
—¿No era eso lo que quería?
León observó la cuenta regresiva de Nadir. Había continuado durante los tres minutos y diecisiete segundos. Ahora marcaba:
16:57:42.
—Helena no quería solamente demostrar que la lista existía.
—Quería reconstruir la salida.
—Sí.
—Lo conseguimos.
—Durante tres minutos.
—Podemos repetirlo.
León negó.
—Tomás está inconsciente. Isabel sigue ausente. Mara fue aceptada solo porque nadie asumió rechazarla. La próxima vez, alguien lo hará.
Mara guardó la cinta azul.
—Entonces encontramos a mi madre.
—Sí.
—Córdoba.
—Probablemente.
Ella lo miró.
—No.
León comprendió.
—¿Qué?
—Isabel preparó la ruta a Argentina. Dejó la carta en el Esperanza. Conocía la laguna. Conocía los módulos. Sabía que Tomás iría a Umbral.
—Sí.
—Pero la comunicación donde me habló cambió el destino de Buenos Aires a Córdoba.
—También.
—Y después alguien utilizó su rostro para advertirnos sobre la contaminación.
—Correcto.
Mara se acercó al módulo principal. Durante la ventana provisional, Nodo Sur había registrado todas las relaciones nuevas: Helena reconociendo a Tomás, Gregor Hahn recuperando su identidad, Mara representando a Isabel.
Y una conexión más. Aparecía débil, oculta entre los datos.
ISABEL SANZ: TESTIGO RELACIONAL ACTIVO.
Ubicación desconocida. No estaba ausente. Había observado la activación. Alguien con su identidad relacional había recibido el protocolo y decidido no responder.
—Mi madre estuvo conectada.
León miró el registro.
—Sí.
—Pudo completar la contradicción.
—Sí.
—Y eligió no hacerlo.
La pregunta ya no era dónde estaba Isabel. La pregunta era por qué había permitido que Tomás casi muriera, que Mara ocupara su lugar y que la tercera opción desapareciera otra vez.
En la pantalla apareció un mensaje. No llevaba el símbolo de Nadir. Tampoco el de la Custodia. Solo la pulsera de tres piezas metálicas. Debajo, una frase:
AHORA YA SABEN POR QUÉ NO ALCANZA CON PONERLE UN NOMbrE A QUIEN DECIDE.
Mara leyó. Una segunda línea apareció:
EL PROBLEMA ES QUIÉN TIENE DERECHO A PREGUNTARLE.
La conexión se cerró.
León observó el rumbo del avión. Fortaleza. Córdoba. Nodo Sur. Isabel los esperaba. No para completar la tercera opción. Para demostrar por qué también podía convertirse en otra forma de poder.
Faltaban dieciséis horas, cincuenta y cuatro minutos.