CAPÍTULO 18 #4
Tomás gritó. Helena cayó de la silla. Samuel disparó hacia Stein; el proyectil golpeó el cristal, no al hombre.
La instalación entró en modo de contención. Las puertas comenzaron a cerrarse. El módulo Testigo ardía sobre el piso.
—¡Desconéctelo! —gritó Helena.
Samuel corrió. El fuego se extendía por los circuitos. Tomás intentó levantarse; la herida se abrió, sangre fresca cubrió su camisa.
Stein avanzó hacia el módulo. No pretendía salvarlo. Pretendía destruirlo por completo.
Samuel lo embistió. Ambos golpearon contra la consola. El arma cayó.
Helena alcanzó la caja. Abrió el panel lateral. El núcleo de Testigo seguía intacto, pero el sistema de validación se estaba quemando.
—Necesito una identidad activa.
Tomás llegó hasta ella.
—Usá la mía.
—La muestra está dañada.
Él apoyó la mano ensangrentada sobre el lector. El sistema reconoció pulso, temperatura, tejido vivo.
TOMÁS VALE
IDENTIDAD EN CONFLICTO
VALIDACIÓN HUMANA DISPONIBLE
Stein golpeó a Samuel. Recuperó el arma. Apuntó.
Tomás miró a Helena.
—Once minutos.
Ella conectó Testigo a Umbral.
—¿Qué hacés? —preguntó Samuel.
Helena introdujo el protocolo reconstruido desde su memoria. No completo. Una estructura. Esperando la secuencia de León.
La pantalla mostró:
PROTOCOLO DE CONTRADICCIÓN
ESTADO: INCOMPLETO
COMPONENTES PRESENTES: HELENA / TOMÁS
COMPONENTES AUSENTES: LEÓN / ISABEL
Stein disparó. La bala atravesó el hombro de Helena. Ella cayó, pero mantuvo la mano sobre la consola.
El sistema envió una señal. No a Génesis. A Nodo Sur. A los ocho módulos que volaban hacia América.
• • •
En el avión de Idris, todas las luces se encendieron al mismo tiempo. León vio aparecer una imagen en la bodega. La reconstrucción de Umbral. Tomás. Helena herida. Stein con el arma.
Y una solicitud:
LEÓN VARDA
COMPLETE LA CONTRADICCIÓN.
Mara corrió hacia él.
—¿Qué significa?
León observó el código. Lo reconoció. No como un recuerdo completo. Como una frase interrumpida quince años atrás. La tercera opción no había desaparecido. Había esperado dentro de cuatro personas que desconfiaban unas de otras lo suficiente para no poder utilizarla solas.
Sobre la pantalla apareció una segunda advertencia:
TIEMPO PARA PÉRDIDA DE TESTIGO: 00:03:17.
Tres minutos y diecisiete segundos. La misma duración que había tenido la primera salida.
León colocó las manos sobre el módulo. La secuencia verdadera comenzó a regresar. No como números. Como nombres. Nadia Kassem. Bratislava. Italia. Marsella. Bruselas. Sarajevo. Veinte personas, cada una ocupando el lugar de una cifra.
Mara lo observó.
—¿Puede completarla?
León miró la transmisión de Umbral. Tomás sangrando. Helena sosteniendo el sistema. Stein dispuesto a disparar otra vez.
—Sí.
—¿Qué ocurrirá?
—No lo sé.
—¿Puede destruir Génesis?
—Sí.
—¿Puede activar el Índice?
—Sí.
—Entonces espere.
León negó.
—Eso hicimos durante quince años.
Apoyó el primer dedo sobre la consola. La cuenta comenzó.
03:16.
En Umbral, Stein levantó el arma. En Viena, Pavel vio abrirse un protocolo que no figuraba en ninguno de sus modelos. En algún lugar desconocido, Isabel Sanz recibió la misma solicitud.
Cuatro fragmentos. Tres presentes. Uno todavía oculto.
La pantalla mostró:
COMPONENTE ISABEL: SIN RESPUESTA.
León detuvo la mano. Mara recordó la carta. No permitas que llegue sin alguien que pueda recordar quién era cuando salga.
—Mi madre no va a responder.
—Entonces no podemos completar el protocolo.
—¿Qué necesita de ella?
—Una forma de incluir a quienes no existen en los registros.
Mara observó Nodo Sur. Las relaciones. Las memorias. Las personas reconstruidas desde otras personas. Isabel no era solo una mujer. Era la autora de una parte del sistema.
—¿Puede reemplazarla Nodo Sur?
—No sin elegir una versión de cada identidad.
—Entonces use a alguien que la recuerde.
León la miró.
Mara retiró la cinta azul del bolsillo. La medalla. La maceta. Los cordones con dos nudos. Una vida que ninguna base contenía completa.
—Yo puedo validar que existió.
—No es suficiente.
—No para una máquina.
Apoyó la mano sobre el segundo módulo.
—Pero quizá sí para una contradicción.
La pantalla buscó su identidad.
MARA SANZ.
Hija. Testigo relacional. Memoria no institucional. Vínculo con Isabel Sanz.
El protocolo no la aceptó.
COMPONENTE NO AUTORIZADO.
Mara mantuvo la mano.
—Oblíguelo a decir quién debe negarme.
León la miró. La frase. La tercera opción. Ninguna prioridad sin una persona que aceptara la consecuencia. Ningún rechazo sin una persona que asumiera dejarla afuera.
Introdujo una nueva condición:
TODA EXCLUSIÓN DE TESTIGO RELACIONAL REQUIERE RESPONSABLE HUMANO IDENTIFICABLE.
El sistema buscó a quien debía negar a Mara. Stein. Helena. Tomás. Isabel. Nadie firmó.
La exclusión quedó suspendida. La pantalla cambió.
COMPONENTE ISABEL: REPRESENTACIÓN RELACIONAL PROVISIONAL ACEPTADA.
Mara había entrado. No porque la máquina reconociera que era suficiente. Porque nadie quiso asumir personalmente que no lo era.
02:41.
León comenzó a escribir la secuencia.
En Umbral, Conrad Stein comprendió qué estaba ocurriendo. Apuntó hacia Tomás. Esta vez no dudó.
Disparó.