CAPÍTULO 10 #2
El falso pedestal encontrado en Annemasse había pesado exactamente eso. Ochocientos doce. Setecientos noventa y seis de la estructura. Dieciséis adicionales. Dos masas equivalentes.
—El pedestal —dijo Mara.
Stein asintió.
—O alguien quiere que lo creamos.
—¿Por qué nos lo dice? —preguntó León.
—Porque la orden de terminación no es mía.
—Es de Stein.
El rostro del hombre se endureció.
—Yo soy Stein.
—Usted ocupa a Stein.
Durante un segundo, la imagen perdió estabilidad. No por la conexión. Por la reacción de Gregor Hahn detrás del rostro.
—C-14 —dijo León—. Vimos su expediente.
Stein no habló.
—Su nombre era Gregor Hahn.
La respiración del hombre cambió. Muy poco. Suficiente.
—No sé de qué habla.
—Murió hace diecinueve años.
—Está intentando desestabilizarme.
—No. Estoy intentando distinguir con quién hablo.
—Habla con la persona que puede impedir que lo ejecuten en un muelle.
—¿Puede revocar la orden?
Silencio.
—No —respondió Stein.
—Entonces no dirige la función.
—La función existe para que nadie pueda modificarla durante una crisis.
—Incluido usted.
Stein miró fuera del encuadre.
—El Janus llegará a aguas abiertas en diecisiete minutos.
—¿Quiere que recuperemos El Meridiano?
—Quiero impedir que Helena lo saque de Europa.
—No respondió.
El hombre acercó el rostro a la cámara.
—Si la esfera abandona el continente, los gobiernos interpretarán que Génesis puede ser activado desde una jurisdicción no controlada.
—Y activarán más protocolos.
—Sí.
—Revelando más partes del Índice.
Stein comprendió hacia dónde iba.
—El transporte forma parte de la provocación.
—Todo forma parte de ella.
—Entonces recupérelo.
—¿Por qué no lo hace usted?
—Porque las unidades bajo mi autoridad tienen orden de detenerlo primero.
Mara soltó una risa amarga.
—Su propio sistema le impide proteger lo que fue creado para proteger.
—No necesito su evaluación.
—No —dijo León—. Necesita que hagamos aquello que su función ya no le permite.
Stein mantuvo los ojos sobre él.
—Tiene quince minutos.
La comunicación se cortó.
Van Dijk observó el carguero.
—Puedo conseguir una lancha de intervención.
—Las unidades de Stein llegarán antes de que embarquemos —dijo Mara.
De Wilde apareció en la puerta.
—La confirmación biométrica acaba de llegar.
—¿Soy yo? —preguntó León.
—Según siete sistemas independientes.
—¿Consultan la misma base?
—No voy a concederle otros diez minutos.
Van Dijk señaló el Janus.
—Hay una carga vinculada con el cadáver de Martin Haas.
De Wilde miró el mapa. Después a León.
—¿El Meridiano?
—Probablemente.
—Otra vez esa palabra.
—Es la única que diferencia una deducción de una ejecución.
Las luces de los vehículos franceses aparecieron al final del muelle. De Wilde tomó una decisión.
—Van Dijk, inspeccione el carguero.
—¿Con ellos?
—Necesita testigos técnicos.
Mara comprendió el recurso.
—Mientras estemos embarcados en una inspección neerlandesa, no puede entregarnos.
—No dije eso.
—No hacía falta.
De Wilde sacó las esposas. Se acercó a León. Cerró una alrededor de su muñeca; la otra quedó unida a un asa metálica de la unidad que contenía el expediente de Tomás.
—Permanece bajo custodia.
—Una custodia bastante portátil.
—Cuando regrese, cumpliré la orden.
—Si regreso.
De Wilde lo miró.
—No convierta mi demora en confianza.
—Nunca.
• • •
La lancha de intervención salió del muelle a las 10:51. Los motores levantaron una pared de agua detrás. Van Dijk conducía desde la cabina; dos agentes portuarios ocupaban la cubierta. Mara permanecía junto a León, intentando abrir la esposa sin dañar la unidad.
—De Wilde conservó la llave.
—Deliberadamente.
—¿Para impedir que escape?
—Para poder afirmar que no me liberó.
—¿Y cómo piensa subir a un carguero esposado a un archivo?
—Con dificultad visible.
El Janus avanzaba hacia el canal de salida. Era una embarcación de casi doscientos metros; los contenedores formaban paredes de colores sobre la cubierta. La lluvia borraba los límites entre el casco, el cielo y el agua.
Van Dijk solicitó que redujera velocidad. El carguero no respondió. Repitió la orden en inglés. Después en neerlandés.
Silencio.
—Está bajo control automático —dijo uno de los agentes.
—Un barco de ese tamaño no navega sin tripulación —respondió Mara.
—La tripulación figura como evacuada por riesgo químico.
León observó los contenedores.
—Otra orden sanitaria.
Van Dijk abrió el canal de emergencia. Una voz grabada informó:
MATERIAL DE CONTINUIDAD EN TRÁNSITO.
PROHIBIDO INTERFERIR.
Mara miró a León.
—Samuel.
—Su método.
—¿Trabaja para Helena?
—Alguien que conoce protocolos lo hace.
La lancha se acercó por estribor. Una escala de servicio permanecía desplegada.
Demasiado conveniente.
—No por ahí —dijo León.
Van Dijk mantuvo el rumbo.
—Es el único acceso.
—Entonces está preparado.
—No podemos atravesar el casco.
Varda observó la popa. Un remolcador operaba a cien metros, acompañando al carguero sin estar unido a él.
—Acérquese al remolcador.
—¿Por qué?
—No lo guía. Lo vigila.
Van Dijk cambió de dirección. El remolcador intentó alejarse. La respuesta confirmó la sospecha.
La lancha lo alcanzó. Los agentes saltaron primero; Mara ayudó a León a cruzar con la unidad esposada. La cabina estaba vacía; los motores funcionaban mediante control remoto. Sobre el panel había una consola conectada con el Janus.
—Desde aquí gobiernan el carguero —dijo Van Dijk.
Mara revisó las cámaras: corredores vacíos, puente vacío, sala de máquinas automatizada.
—¿Dónde está la tripulación?
—Probablemente nunca subió —respondió León.
—El barco llegó ayer desde Hamburgo.
—Con otra tripulación. La reemplazaron administrativamente antes de zarpar.
Van Dijk abrió el plano de carga. El contenedor C-14082 figuraba cerca de la proa, tercera altura.
—Necesitamos detenerlo.
Mara intentó modificar la velocidad. El sistema pidió una clave diplomática. Varda acercó la unidad de Tomás al lector. La credencial de Keller apareció. El control aceptó.
—Otra puerta.
—Sí.
—¿La abrimos?
León seleccionó reducción de potencia. El carguero comenzó a perder velocidad. Inmediatamente sonó una alarma. En el radar aparecieron tres puntos pequeños aproximándose desde el sur.
Drones. No llevaban identificación.
—Unidades de Stein —dijo Mara.
—No —respondió León.
—¿Entonces Helena?
—Stein necesita la esfera intacta. Helena necesita que la persigamos. Ninguno destruiría el barco todavía.
El primer dron descendió. No disparó contra ellos. Lanzó un dispositivo sobre la cubierta del Janus. Una carga magnética se adhirió a un contenedor. Después otra. Y otra.
Van Dijk palideció.
—Explosivos.
—No sobre el contenedor de El Meridiano —dijo León.
Las cargas estaban colocadas en puntos estructurales. No querían destruir la esfera. Querían hundir el barco con ella.
—La Custodia —dijo Mara.
León asintió. Para la tercera organización, el robo era peligroso. La recuperación también. Su solución consistía en quitar el objeto de todas las manos.
El remolcador se sacudió. Una explosión había golpeado la popa del carguero. El Janus comenzó a inclinarse; contenedores enteros crujieron dentro de sus anclajes.
—¿Cuánto falta para las demás cargas?
Van Dijk revisó la señal.
—No puedo saberlo.
Varda observó la secuencia de luces de los drones. Parpadeaban al mismo ritmo.
—Noventa segundos desde la primera detonación.
—¿Cómo lo sabe?
—La separación de los pulsos. Utilizan el mismo intervalo que C-14 antes de la inundación.
—Tenemos menos de un minuto —dijo Van Dijk.
Mara abrió el control de grúas del carguero.
—El contenedor está en la tercera fila. No podemos llegar.
León observó la distribución de peso. El Janus se inclinaba hacia estribor; C-14082 aparecía registrado cerca de la proa, pero la compensación automática corregía como si una masa de ochocientos doce kilos se encontrara en la posición opuesta.
—El manifiesto miente.
—¿Dónde está?
—No arriba.
—¿Entonces?
Señaló el plano de lastre. Un compartimiento bajo la línea de flotación contenía una masa adicional registrada a último momento.
MÓDULO DE ESTABILIZACIÓN.
El pedestal no estaba dentro de un contenedor. Formaba parte del barco.
—Lo instalaron como lastre —dijo Van Dijk.
—El transporte más invisible es aquello que el vehículo considera parte de sí mismo —respondió León.
La misma idea de la unidad sanitaria. La misma arquitectura. No escondían El Meridiano dentro del carguero. Habían convertido el carguero en su caja.
Otra explosión. El barco se inclinó más.
Treinta segundos.
—No podemos sacarlo.
—No.
—Entonces tenemos que abandonar.
Varda observó el sistema de lastre. Los compartimientos podían expulsarse durante una emergencia para recuperar estabilidad.
—Libere el módulo doce.
Van Dijk revisó el plano.
—Eso desequilibrará la proa.
—Ya está desequilibrada.
—Puede partir el casco.
—También puede sacar la esfera antes de que se hunda.
Mara introdujo la orden. El sistema pidió una segunda autorización. Varda utilizó la secuencia falsa. La consola la aceptó.
—¿Por qué funciona en todos lados?
—No es una contraseña.
—¿Entonces?
—Es una orden de apertura ante conflicto de continuidad.
—Diseñó una llave maestra.
—Diseñé una forma de obligar a las máquinas a admitir que no saben qué proteger.
El módulo doce se liberó. Debajo del agua se oyó un golpe profundo. Una estructura negra emergió junto al casco, impulsada por cámaras de aire.
El pedestal. No completo. Encerrado dentro de una cápsula de lastre.
Van Dijk acercó el remolcador. Mara lanzó un cabo. Los agentes aseguraron la estructura.
El último dron descendió. León levantó la vista. No se dirigía al Janus. Se dirigía al módulo.
—¡Abajo!
El dron lanzó una carga. Mara disparó. Falló. Van Dijk tomó una bengala de emergencia y la activó hacia el cielo. El proyectil ardiente golpeó una hélice. El dron giró. La carga cayó al agua.
La explosión levantó una columna que cubrió la cubierta. El remolcador se balanceó violentamente. León golpeó contra el panel; la unidad de Tomás quedó atrapada entre su muñeca y el metal. La esposa se deformó. Mara lo sujetó antes de que cayera.