Epílogo 1
Arthur
Un mes después
—¿Vas a seguir trabajando incluso en la boda de ellos? —pregunta Jasmin al verme revisando el celular.
Volví al cargo de CEO de J.A. y estoy nuevamente al frente de varios proyectos.
La vida se volvió agitada, principalmente porque decidimos dividir nuestra estadía entre Nueva York y Acacia, pero nada que no podamos manejar.
Pasaremos tres meses del año en cada país y saldrá bien, estoy seguro.
Puedo hacer muchas cosas de forma remota y ella ya acordó con los agricultores que ayudará a la otra agrónoma solo algunos meses al año.
—No, ya estaba terminando.
Dejo la pantalla del celular y me vuelvo hacia Jasmin, que se pone el vestido y... ¡GUAU!
El aparato se me cae de las manos directo sobre el colchón.
—Tu falta de palabras es el elogio más sincero que he escuchado.
Sigo sin poder hablar y lo único que hago es levantarme e ir hacia ella, dispuesto a no dejar que salga de aquí sin antes demostrarle cuánto me gustó lo que vi.
Y lo demuestro.
Y ella lo siente.
Y los dos nos perdemos y nos encontramos en un amor para el que no existen barreras ni límites, un sentimiento extraordinario.
—¿Levi es el celebrante?
Sonrío ante la sorpresa de Jasmin al ver a Levi vestido con seriedad por primera vez desde que lo conoció.
—Sí, pasó muchísimo tiempo sacando la licencia para poder celebrar la boda de Aslan y Mavs.
Después de que Jasmin llegó a Nueva York, terminó encontrando una tienda que vende pijamas divertidos y le regaló tres.
Ahora Levi tiene pijamas estampados con donas, dinosaurios y patos de goma; mejor no preguntar el motivo, creo que jamás lo entenderé.
Al menos así pudo darle un descanso a los pobres elefantes que ya tenían hasta agujeros en algunas partes.
En fin, el hecho es que creo que rara vez lo vio usando traje.
Y mucho menos en medio de Capadocia, el lugar donde Aslan y Mavs decidieron celebrar su unión.
Los dos en el altar montado con flores, enmarcados por las decenas de globos aerostáticos flotando y las formaciones rocosas color arena, deberían ser fondo de pantalla de computadora. Los colores vivos exaltan la ropa sencilla y blanca que llevan puesta.
Pensé que solo sería feliz así cuando fuera yo quien se casara, pero la felicidad también es inmensa por tratarse de dos amigos tan queridos.
La ceremonia íntima alimenta un significado que solo ellos dos comprenderán. Tanto que no les importa nadie más aparte del otro, ni siquiera miran hacia nuestra dirección, manteniendo las manos unidas.
Es tan real.
—Maverick, mi amor, prometo amarte, respetarte y serte fiel cada día de nuestras vidas.
Prometo reírme de tus locuras y ser el compañero más leal que podrías tener.
Muchas gracias por elegirme para compartir el futuro y muchas gracias por aparecer en mi vida.
Eres la persona más increíble del mundo y será un honor para mí ser tu esposo.
—Maverick, puedes decir tus votos —la anima Levi.
—Aslan, querido, prometo no darte paz ni un solo momento, siempre desordenar tu vida perfectamente organizada y arrancarte una sonrisa cuando te pongas demasiado gruñón.
Prometo ser tu lugar seguro, prometo ser la última sonrisa que veas antes de dormir y la primera que verás al despertar y prometo, sobre todo, manchar siempre tu sofá blanco con tinte rojo para el cabello.
Quienes entienden la conexión de la promesa con su historia, se ríen. Quienes no, miran a los demás igual de confundidos, con la duda flotando sobre sus cabezas.
—Aslan, ¿aceptas casarte con Maverick?
—Después de todo lo que dije, ¿todavía tienes dudas? Claro que acepto.
—Maverick, ¿aceptas a Aslan como tu legítimo esposo?
—¡Sí, claro que acepto! —dice ella en voz alta.
—¡Entonces los declaro marido y mujer!
Cuando Levi pronuncia las palabras, los dos se besan y se abrazan; sonríen, lloran, concentrados únicamente en la persona que eligieron para compartir sus vidas.
La escena es tan hermosa que siento cómo se me humedecen los ojos.
—¿Estás llorando, Arthur?
—No —digo, con la voz ronca por la mentira—. Soplo viento y me cayó arena en los ojos.
—Deja de mentir, estás emocionado porque fue hermoso, ¿no? —comenta Jasmin mientras los novios recorren el pasillo formado por las sillas y avanzan hacia lo desconocido de un futuro juntos.
Los veo pasar junto a nosotros y Maverick me guiña un ojo.
Hace algunos meses —que ahora parecen años— me dijo que le gustaría que estuviera acompañado por alguien en su boda.
Es una locura que su deseo se haya cumplido en tan poco tiempo, porque en aquella época yo creía que sería más fácil que el cielo se desplomara a que yo tuviera a alguien especial a mi lado.
Miro a Jasmin, dándome cuenta de que esta vez estuvo bien equivocarme.
—¿Estás ansiosa por la nuestra?
—No mucho... —Ella ríe, pero percibo la mentira—. Tal vez un poco —rectifica.
—Puede ser así, algo más sencillo, todo dependerá de lo que tú quieras.
Jasmin mira a nuestro alrededor, a las pocas personas presentes. La familia de ambos y nosotros, los amigos.
No es una fiesta lujosa.
Ni nada parecido.
Es la celebración más simple del amor.
—¿Simple? ¡¿En Capadocia?! —Jasmin tiene un punto.
—Tal vez no tan simple así, pero teniendo en cuenta que Aslan es turco, creo que no tendría el mismo peso si fuera en otro lugar.
—Entiendo tu punto y estoy de acuerdo. No quiero algo ostentoso, quizás para unas veinte personas como máximo...