Capítulo 31
Arthur
J de BOA
— ¡Puta madre, qué es eso?
— ¿Vives aquí, cerca del río Claro, y nunca has visto una boa, por el amor de Dios?
— Solo la mía. ¿Quieres sentirla más tarde?
— Eres demasiado idiota, qué horror. Pero tal vez quiera.
Acostados boca arriba en la cama, contemplamos el techo por un momento.
Un momento.
Que dura muy poco. No es que me esté quejando.
Un momento que basta para incendiarnos, incluso cuando todavía respiramos con dificultad por culpa de la última follada. Incluso cuando aún sentimos la electricidad devorando nuestros cuerpos después del orgasmo.
Por más que queramos parar, es imposible.
Tanto que Jasmin se lanza sobre mi regazo y me ofrece una vista perfecta de sus pechos grandes y su cuerpo mortal.
Si muriera ahora mismo y ella fuera mi última visión, partiría feliz.
— ¿Aceptas otra ronda, vaquero? —La voz seductora provoca un espasmo en mi polla.
— ¿Que si acepto?
Mi verga se endurece entre nosotros y ella lo siente, frotando el coño contra la extensión rígida.
Jasmin me obliga a tragar saliva, empujándome hacia un precipicio donde la única opción que tengo es saltar, rezando para que el deseo funcione como un paracaídas. Ella suspira, mordiéndose el labio inferior. Tomo el lugar de sus dientes y jalo la carne suave de su boca, provocándola.
Le doy una palmada a ese culo delicioso, grande, del tamaño perfecto para mis manos.
Ella ríe y me besa, sujetando mi rostro con tanto cariño que la aprieto, subiendo la mano hasta la parte baja de su espalda, deslizándola por sus costas, explorando la zona y llegando a su nuca, tirando de ella y devolviéndole el beso.
Es tan bueno encontrar a alguien capaz de manipular todo nuestro cuerpo y, en mi caso, reencontrarla, que podría pasar días enteros en esta habitación, follando y entregándole pedazo a pedazo mi corazón, si no fuera ya completamente suyo.
Su boca deslizándose sobre la mía, su lengua infiltrándose entre mis labios, explorando con lujuria cada rincón, es surrealmente delicioso, tanto que apenas consigo seguir besándola sin hacer lo que tanto quiero, porque sé que si continuamos así, el deseo terminará empujándonos a follar sin darnos tiempo para nada más.
La sujeto de las caderas y la giro sobre el colchón, divirtiéndome con su carcajada, recorriendo el valle de sus pechos, pasando por el ombligo, deslizando la lengua por el vientre sedoso hasta llegar al premio.
Suspiro frente a su coño y abro los labios mayores, soplando suavemente, observando los espasmos que castigan sus músculos.
Ese coño rosado y completamente húmedo es una visión impresionante.
Froto el pulgar sobre el clítoris hinchado y desciendo hasta la entrada, contemplando embobado, obsesionado, cómo mi dedo queda empapado de su deseo. Soy yo quien la pone así, es con mi polla que su excitación se convierte en una fuerza de la naturaleza.
— ¿Te mojas así por alguien más, Jasmin?
— No, solo por ti. —El tono bajo acaricia mi ego.
Afirmo las manos en sus caderas y la acerco hasta que el coño quede pegado a mis labios. Cuando vuelvo a hablar, mi voz hace vibrar sus pliegues suaves.
— ¿De quién es este coño?
Paso la lengua por el clítoris, provocándola, impidiéndole hablar de inmediato.
— Por el amor de Dios, Arthur... —Ella intenta apartar mi rostro, yo me resisto.
La risa provoca ondas diabólicas que la hacen temblar bajo mis manos.
— ¿De.quién.es.este.coño?
— ¡TUYO, JODER! ¡TÚ ERES EL DUEÑO DE MI COÑO! ¡Ahora chúpame de una vez o te mato!
Ser amenazado de muerte por culpa de su urgencia tiene su encanto.
No tardo en hacer lo que ordena, sujetándole los muslos y abriéndolos para mí.
En cuanto mi lengua vuelve a tocar el clítoris, Jasmin se retuerce entera, arrugando las sábanas.
Abro los labios menores y entierro el rostro en su intimidad, atrapando el punto turgente con la boca, chupando y mordisqueando, sintiendo el sabor ligeramente ácido sobre mi lengua.
— ¡Despacio, despacio, despacio!
— ¿Qué pasa? —El sabor de su excitación me hace respirar con dificultad; por mí, no pararía jamás.
— Quiero hacer un sesenta y nueve.
Me quedo inmóvil.
Incluso considero decir que no.
— ¿Ahora?
— Ahora.
— Jas, no sé si es una buena...
— ¿Idea? Claro que lo es.
— Eres una maldita mujer demasiado buena y, si me chupas, acabaré haciendo el ridículo.
— Eso era exactamente lo que quería escuchar.
Ella se levanta, privándome de la vista, y me hace recostarme en el cabecero de la cama. Percibo lo que va a hacer y casi muero de deseo cuando se sienta sobre mi cara, con el coño hambriento directamente sobre mi boca.
Abro los labios y deslizo la lengua dentro de la entrada apretada, de manera rítmica, hasta sentir que ella agarra mi polla y ahí, amigo mío, ya no hay nada capaz de mantenerme concentrado... con el primer movimiento de su boca, tragándose el glande y rodeándolo con la lengua.
Existen cosas que debilitan a un hombre.
Esta posición de sesenta y nueve, con su coño sobre mi cara mientras engulle mi verga, es una de ellas.
En cuanto Jas baja y siento que me toca la garganta, suelto el aire antes de chuparle el clítoris con fuerza. ¿Quiere joderme? Entonces también voy a destruir su control. Muerdo y jalo el punto hinchado antes de sujetarla de las caderas y atraerla hacia abajo, pegándola a mis labios.
Exploro sus pliegues y me pierdo en el deseo de tenerla así, montada sobre mi boca en busca de su propio placer.
Tiemblo, todo mi cuerpo arde, en cuanto Jas comienza a subir y bajar, tragándose mi polla dentro de la humedad de su boca.
Supero el poco límite que me quedaba y empiezo a embestir, elevando las caderas, empujando el glande hasta alcanzar su garganta.
Ella gime con mi polla en la boca, babeando sobre toda su extensión, y eso me pone tan duro que estoy a punto de explotar.
Bombeo con rapidez, cediendo a los llamados desquiciados de mi deseo y me pierdo en su lengua rodeando cada mínima vena, saboreando mi gusto tal como yo saboreo el suyo.
Empujo con ímpetu y ella se atraganta.
Mantengo la polla dentro de su boca, con ella rozando apenas los dientes, gimiendo y dejándome completamente loco de deseo.
Le chupo el coño y meto la lengua repetidas veces, follándola de una manera que sé que le encanta.
Jas empieza a temblar y yo continúo hundiendo la polla en su boca, castigándola con la lengua.
Su placer se libera cuando le muerdo la ingle, volviéndola loca y embistiendo con fuerza en esa boca hambrienta.
No aviso que voy a correrme. Ella lo sabe. Tanto que chupa más fuerte, tragándose cada gota de mi leche y continúa chupándome, provocando espasmos jodidos al aprovecharse de la sensibilidad de mi polla.
Joder. Solo... joder.
Sigo moviéndome, follándole la cara, llenándole la boca, hasta que las últimas olas del orgasmo terminan.
Estoy jadeando.
Con el corazón latiendo tan rápido que mi visión se nubla.
Jas se aparta de encima de mí y, por más que acabe de correrme, su mirada, con el fuego crepitando en ella, empieza a endurecerme otra vez la polla, sin que entienda de dónde sale tanto deseo, cuando hace un momento me corrí en su boca y, un poco antes, me había corrido dentro de ella, en el baño.
Ella se monta sobre mí y desliza los labios por mi rostro. Su boca resbala por mi mejilla y me muerde el lóbulo de la oreja.
— ¿Jas?
— Quiero que me folles fuerte. Me gusta tu lado cuidadoso, pero prefiero el depravado. Bien caliente, bien rápido, sudado.
— ¿Entonces fui cuidadoso en el baño?
Tengo serias dudas sobre eso, porque la follé como un bruto; tanto que, como ahora está sentada sobre mí, veo sus espaldas enrojecidas por la fricción reflejadas en el espejo de la pared.
— Sabes que podemos ser mucho más brutales que eso.
— Sí, lo sé.
— Quiero al Arthur que me va a follar como si no existiera un mañana.
— ¿Ah, sí? —La malicia en cada uno de sus gestos me arroja al infierno.
¡Soy el hombre más afortunado del mundo!
— ¡Fóllame a cuatro patas y llámame puta!
La lanzo sobre el colchón y Jasmin no tarda en ponerse a cuatro patas, con el coño completamente abierto para mí. Mi polla vuelve a la vida y solo piensa en “meter, meter, meter”.
Embisto violentamente la entrada empapada, goteando excitación y leche de mi último orgasmo. Jas menea las caderas y me traga entero, suspirando y gimiendo tan fuerte que las paredes se convierten en un amplificador del sexo.
— ¿Te gusta así?
Aumento la velocidad y veo la piel enrojecida donde mi pelvis golpea su culo, alimentando al monstruo que llevo dentro, uno que adora el hecho de que Jasmin se entregue tanto, sin reservas, pensando únicamente en el placer.
Salgo de dentro de esta delicia durante unos segundos y le muerdo la nalga derecha con tanta fuerza que mis dientes quedan marcados, mientras vuelvo a embestir, feroz como un animal al ver la marca cada vez que miro hacia abajo y observo nuestro contacto.
Mi polla completamente mojada aparece y desaparece, dilatando sus labios, esparciendo lubricación. La cabeza explora su coño, ensanchándolo a medida que entro y salgo.
Jasmin murmura, ronronea, empujando el culo hacia mi pelvis.
— Me encanta así, me encanta demasiado, solo sigue...
La sujeto de la nuca con una mano y le empujo el rostro contra el colchón, arqueándole el culo a mi antojo. La posición me permite entrar todavía más profundo y mi tamaño entero desgarrándole el coño la hace delirar, gritando mi nombre sin descanso.
Observo hipnotizado cómo sus labios se deslizan sobre la dureza hinchada por la follada.
Es jodidamente intenso.
Mirar su coño tragándose mi polla es lo más obsceno y delicioso del mundo.
Ya no consigo contenerme. Apenas puedo respirar al verla mover las caderas cada vez que golpea mi pelvis con el culo.
Hundo su cabeza con más fuerza contra el colchón.
Ella aumenta el ritmo y empieza a empujar, golpeando su piel contra la mía con tanta intensidad que sus nalgas adquieren un tono carmesí.
Le suelto la nuca y le llevo las manos hacia atrás, inmovilizándole las muñecas sobre la parte baja de la espalda, follándola como un animal, manteniéndola quietecita mientras recibe embestidas tan fuertes que resbalamos sobre las sábanas.
Jas levanta la cabeza y grita:
— ¡MÁS FUERTE!
Embisto con más brutalidad. Una urgencia insana que me empuja hacia la locura de un placer tan salvaje que nada sería capaz de definir el tamaño de mis ganas de correrme. Voy a llenarle tanto el coño de leche que mi semen se quedará dentro de ella durante una semana.
— ¡Más fuerte, Arthur!
— ¿Quieres fuerte, puta? —Le atrapo el cabello entre los dedos y tiro de él brutalmente, arqueándola, haciéndola recibir polla con tanta salvajada que abre una sonrisa atontada, resaltando el rostro rojo y completamente sudado de alguien que está disfrutando muchísimo esta follada.
Jas sigue repitiendo “más fuerte, más fuerte, más fuerte” y yo hago exactamente lo que pide.
Sigo embistiendo.
Embistiendo con ganas.
— ¡JODER! —grito, la dureza expandiéndose segundos antes del clímax.
Los chorros de leche salen disparados de mi polla a una velocidad maldita, erizándome la piel, tensando todos los músculos. El placer visceral recorre mi cuerpo, bajando por la columna, concentrándose por completo en la polla durísima, que sigue así mientras escucho a Jas pidiendo más fuerte.
Y yo le concedo lo que quiere.
Pero creo que no estábamos preparados para tanta... urgencia.
Tanto que, al soltarle el cuero cabelludo de la tensión, embisto con un golpe tan brutal que ella... que ella... durante unos instantes ni siquiera consigo reaccionar.
Jas quería que fuera más fuerte, así que lo fui.
Con el impulso, mis dedos no se aferran tan bien a sus caderas y ella cae hacia adelante, precipitándose de la cama directamente al suelo de madera, provocando un ruido tan fuerte que resuena por toda la habitación, quizá por toda la posada.
La escena es tan inesperada que me quedo sin reacción, hasta que recupero la cabeza y corro hacia ella con la polla ya medio flácida balanceándose de un lado a otro.
Si alguien grabara esta situación, sería la mierda más cómica del universo.
— Jas, ¿estás bien?
Tiene las piernas hacia arriba y mantiene los ojos cerrados; eso me preocupa.
Busco lesiones visibles y empiezo a desesperarme cuando no dice nada, no se mueve, sigue quieta. Joder, ¿de verdad vamos a tener que ir a la clínica? Y yo pensando que sería por culpa de mi espalda.
Paso un brazo por debajo de su cintura y el otro bajo sus rodillas.
Jas empieza a carcajearse.
— ¡Puta madre, qué susto del carajo, Jasmin!
Abre los ojos y se ríe todavía más, hasta quedarse sin aire.
— Perdón, ¡es que tu miedo fue demasiado gracioso!
— ¡Estaba pensando que tendría que llevarte a la clínica, joder! ¿Qué iba a decir allí? ¿Que estábamos follando y te caíste por querer más fuerte? ¿Tienes idea de todas las cosas que pasaron por mi cabeza? ¡Hasta se me bajó la polla, carajo!
— ¡Tienes que admitir que fue gracioso!
Mi expresión se suaviza.
— Mierda... —murmuro antes de reírme con ella.
Nuestra risa se interrumpe por unos golpes en la puerta y la voz de Marlon rompiendo el súbito silencio:
— Chicos, ¿todo bien ahí? Escuché un ruido muy fuerte y me preocupé. Bueno, Levi y yo nos preocupamos.
— ¡Todo bien!
— Ah, entonces perfecto.
En cuanto escuchamos sus pasos alejándose de la puerta, Jas me mira y vuelve a reírse a carcajadas, haciéndome reír con ella.
— No vamos a contarle esto a nadie, ¡jamás!
— Nunca —coincido.
Y seguimos riendo, riendo, riendo... hasta que la risa se transforma en otra cosa y descubro que Jas estaba a punto de correrse antes de despatarrarse en el suelo. Por eso me aseguro de hacerla correrse en mi boca mientras esperamos un rato antes de volver a la acción.
Por lo visto, realmente es imposible parar.