CAPÍTULO 26 — EL NUEVO PROTOCOLO DE EMERGENCIAS Y EL FUEGO DE SAN JUAN
Seis meses después de la neutralización de la trama criminal en el Abra exterior, en una mañana luminosa del mes de junio, el auditorio principal del Palacio Euskalduna de Bilbao acogió la presentación oficial del Protocolo Maestro de Emergencias Marítimas y Complejidad Tóxica «Ur-Bizia».
Más de quinientos profesionales se dieron cita en el recinto: médicos intensivistas de Osakidetza, cirujanos de trauma de los tres territorios históricos, buzos tácticos de la Ertzaintza, patrones de salvamento marítimo, pilotos de helicópteros de rescate, peritos del Instituto Vasco de Medicina Legal y miembros de la judicatura y la Fiscalía.
En la presidencia del estrado, la doctora Miren Mendiluze y el oficial Unai Etxebarria comparecieron flanqueados por la Consejera de Salud y el Consejero de Seguridad para exponer las directrices del nuevo modelo asistencial.
—El protocolo Ur-Bizia establece una cadena de supervivencia inmediata entre el fondo del mar, el rescate aeronaval y el soporte quirúrgico avanzado en tierra —expuso la doctora Mendiluze ante un auditorio expectante—.
Cada embarcación de rescate y cada aeronave de emergencia disponen a partir de hoy de analizadores portátiles de espectrometría de masas y cromatografía gaseosa rápida, capaces de identificar en menos de noventa segundos cualquier hidrocarburo aromático policíclico o compuesto organoclorado en muestras biológicas o ambientales.
Miren proyectó en las pantallas gigantes los esquemas de flujo del triaje toxicológico en el punto de impacto.
—Los equipos de primera línea cuentan con kits de antídotos específicos de administración intravenosa inmediata: hidroxocobalamina a dosis altas, emulsiones lipídicas al veinte por ciento para intoxicaciones por anestésicos y solventes lipofílicos, y quelantes específicos como el ácido dimercaptosuccínico ( DMSA ) —detalló la doctora Mendiluze—.
Asimismo, el sistema de telemedicina por satélite de ultra-alta definición conecta en tiempo real los signos vitales del paciente y los monitores de descompresión con el quirófano de trauma de Cruces.
A continuación, el oficial Unai Etxebarria tomó la palabra para detallar los procedimientos operacionales de la Unidad de Buceo.
—Bajo las directrices del protocolo Ur-Bizia , todas las inmersiones tácticas y de rescate por debajo de los treinta metros se ejecutan mediante mezclas respiratorias ternarias de Trimix (veinte por ciento de oxígeno, cuarenta por ciento de helio y cuarenta por ciento de nitrógeno) y descompresión acelerada con oxígeno puro al cien por cien a seis metros de profundidad —explicó Unai con precisión militar—.
Se han estandarizado los algoritmos Bühlmann ZHL-16C integrados con ordenadores de buceo telemétricos, permitiendo que la mesa de control en el muelle monitorice la presión tisular de cada buzo en tiempo real.
Unai mostró ante la audiencia los nuevos equipos de corte submarino por plasma y las herramientas neumáticas de sellado de casco.
—Nuestros buzos están capacitados para sellar vías de agua de hasta cuatrocientos milímetros a sesenta metros de profundidad en menos de doce minutos, minimizando el riesgo de hundimiento de cualquier buque mercante en nuestras aguas jurisdiccionales.
La ovación prolongada y unánime de los quinientos asistentes rubricó el nacimiento de una doctrina de rescate pionera a nivel internacional.
A las doce del mediodía, las autoridades sanitarias y los equipos médicos se trasladaron al Hospital Universitario de Cruces para la inauguración oficial de la nueva Unidad de Medicina Hiperbárica de Alta Complejidad .
La doctora Miren Mendiluze asumió la dirección médica de este centro de referencia, dotado con dos imponentes cámaras hiperbáricas multiplaza modelo Haux-Strea 2000 .
Cada cámara, construida en acero naval soldado de alta resistencia con mirillas de policarbonato blindado de setenta milímetros de espesor, tenía capacidad para tratar simultáneamente a doce pacientes sentados o cuatro pacientes en camillas de cuidados intensivos.
—Estas cámaras pueden presurizarse hasta seis atmósferas absolutas ( ATA ) mediante un sistema computerizado de control de mezclas respiratorias que elimina el riesgo de toxicidad por oxígeno en el sistema nervioso central —explicó Miren al doctor Zubieta y a la comitiva médica mientras inspeccionaban los paneles digitales de la sala de control —.
Disponemos de respiradores volumétricos adaptados para atmósferas hiperbáricas, desfibriladores externos automáticos no generadores de chispas y monitorización invasiva de presión arterial media y saturación venosa central.
En el vestíbulo de acceso a la unidad, una placa conmemorativa de bronce esculpida con el lauburu y el caduceo médico proclamaba: «Al servicio de la vida y de la ciencia en las profundidades del Cantábrico» .
A las tres de la tarde, en el muelle de atraque de la base de buceo de la Ertzaintza en el puerto de Santurtzi , tuvo lugar la ceremonia de botadura de la nueva embarcación táctica de asalto y rescate profundo.
Bautizada como Itsas-Kotxea II , la lancha semirrígida de catorce metros de eslora lucía un casco de aluminio naval reforzado con costillas de kevlar, tres motores fueraborda Yamaha V8 de cuatrocientos cincuenta caballos cada uno y una velocidad punta de cincuenta y ocho nudos en condiciones de mar gruesa.
El cabo Iker Aldai, el suboficial Joseba Agirre —completamente restablecido y luciendo sus galones con orgullo— y los diez buzos de la dotación formaban marcialmente sobre el pantalán luciendo sus trajes secos de neopreno y las escafandras AGA Divator .
Unai Etxebarria, acompañado por Miren Mendiluze, subió a la proa de la embarcación.
—Oficiales y buzos de la Ertzaintza: esta nave es el escudo de nuestro pueblo frente al abismo marino —proclamó Unai con voz firme y serena—.
Cada tornillo, cada motor y cada cabo de esta embarcación han sido diseñados para llegar donde nadie más puede llegar y salvar vidas en los peores temporales de nuestro mar Cantábrico.
Miren tomó la tradicional botella de txakoli de Getaria envuelta en cintas rojiverdes y la estrelló con fuerza contra la roda de proa.
— «¡En nombre del pueblo vasco, bautizo esta nave como Itsas-Kotxea II! ¡Que la mar os sea propicia y que regreséis siempre con la victoria y el honor a este puerto!»
Un estruendo ensordecedor de sirenas náuticas, bocinas de niebla y aplausos de los arrantzales congregados en los muelles de Santurtzi y Portugalete saludó la botadura de la nueva nave.
A las cuatro y media de la tarde, Miren y Unai visitaron las instalaciones de los centenarios Astilleros de Murueta , a orillas de la ría de Mundaka y en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai.
Acompañados por el equipo de ingenieros navales, inspeccionaron el proyecto de construcción de la primera cápsula de rescate hiperbárico atmosférico de Euskadi, diseñada para operar a trescientos metros de profundidad en la fosa de Capbreton.
La campana, fabricada con una aleación especial de titanio y acero austenítico inoxidable, contaba con manipuladores robóticos exteriores, propulsores vectoriales de posicionamiento dinámico y soporte vital para setenta y dos horas en circuito cerrado.
—Esta cápsula permitirá evacuar dotaciones completas de submarinos o buques científicos atrapados en simas marinas abisales sin que sufran variaciones de presión durante el ascenso —explicó el director técnico del astillero mientras Miren y Unai comprobaban las escotillas de cierre micrométrico y los analizadores de dióxido de carbono Dräger .
La visita selló el compromiso entre la industria naval vasca y los servicios de emergencia de la comunidad autónoma.
El 23 de junio, víspera de la noche sagrada de San Juan, el sol de media tarde iluminaba con tonos dorados y esmeraldas los monumentales acantilados del Flysch de Zumaia .
En lo alto del promontorio rocoso, acariciada por la brisa fresca del mar Cantábrico, la pequeña ermita marinera de San Telmo lucía engalanada con guirnaldas de laurel, romero silvestre y rosas blancas.
La doctora Miren Mendiluze ascendió por el sendero empedrado del acantilado del brazo de su padre Gorka.
Miren lucía un deslumbrante vestido de novia confeccionado en seda natural blanca con bordados artesanales de hojas de roble en hilo de plata, cola recogida con sobria elegancia y el cabello castaño ondulado adornado con ramas de brezo silvestre de la sierra de Aralar.
En el altar de la ermita la aguardaba el oficial Unai Etxebarria , impecable en su uniforme de gala azul marino de la Ertzaintza, con los botones dorados bruñidos y las condecoraciones al mérito policial brillando sobre el pecho.
La magistrada Elena Orue ofició la ceremonia civil y el sacerdote de Zumaia impartió la bendición matrimonial ante un templo repleto de familiares, médicos de Cruces, buzos policiales y arrantzales veteranos.
—Miren y Unai —proclamó la jueza Elena Orue con voz serena y emocionada—.
Habéis demostrado ante esta tierra y ante la ley que la lealtad, el coraje y la entrega mutua son la mayor fuerza del ser humano.
Que la alianza que hoy selláis ante este mar milenario sea tan firme e indestructible como los estratos de piedra de estos acantilados.
Unai y Miren intercambiaron las alianzas de titanio marino y esmeralda colombiana forjadas en Tolosa.
—Te entrego esta alianza, Miren, como símbolo de mi amor eterno, de mi lealtad absoluta y de mi compromiso de protegerte y cuidarte cada segundo de mi existencia.
—Recibo esta alianza, Unai, consagrando mi vida, mi corazón y mi alma a la tuya, en la calma y en la tempestad, para siempre.
Se besaron ante el altar mientras los aplausos y lágrimas de felicidad de sus padres y compañeros colmaban el recinto sagrado.
Al abrirse las puertas de madera de la ermita de San Telmo, los recién casados se encontraron con un sobrecogedor pasillo de honor que recorría los cincuenta metros de la explanada del acantilado.