CAPÍTULO 24 — EL AMANECER DE LA JUSTICIA EN CRUCES
A las nueve de la mañana de un martes de noviembre, las escalinatas de granito del Palacio de Justicia de Bilbao , en la calle Barroeta Aldamar, se encontraban flanqueadas por un amplio despliegue de agentes uniformados de la Brigada Móvil de la Ertzaintza.
Un centenar de periodistas de cadenas internacionales de televisión, diarios económicos europeos y agencias de noticias aguardaban la llegada de los furgones blindados que trasladaban a los once mercenarios y a los tres apoderados financieros de la corporación suiza Helvetia Ocean Trading .
En la Sala de Vistas Número Uno, bajo un imponente artesonado de madera noble y presidida por el escudo oficial de la judicatura vasca, la magistrada instructora Elena Orue ocupó el estrado central flanqueada por el secretario judicial y los representantes del Ministerio Fiscal.
A la derecha del tribunal tomaron asiento los fiscales delegados de la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, acompañados por los letrados del Gobierno Vasco personados como acusación popular en defensa del patrimonio ambiental y la salud pública de la ciudadanía.
A la izquierda, un equipo de seis abogados penalistas suizos y madrileños custodiaba a los acusados, quienes permanecían sentados tras el biombo de seguridad custodiados por cuatro ertzainas armados.
—Se abre la sesión preliminar en la causa especial número 418/2026 sobre delitos contra el medio ambiente marino, pertenencia a organización criminal internacional, homicidio en grado de tentativa y terrorismo ecológico —proclamó la jueza Elena Orue con voz solemne y serena—.
Tiene la palabra el Ministerio Fiscal para la práctica de la prueba pericial médica y toxicológica.
La doctora Miren Mendiluze , vistiendo un sobrio traje sastre azul marino y portando la carpeta oficial del Instituto Vasco de Medicina Legal y del Servicio de Cirugía de Cruces, avanzó con paso firme hacia el atril de los peritos.
Prestó juramento de decir verdad ante el tribunal, colocó sobre el atril los informes analíticos y dirigió su mirada tranquila y serena hacia los magistrados.
—Doctora Mendiluze, como jefa de equipo en la guardia del hospital de Cruces y perito médico forense comisionada, ¿cuáles fueron los hallazgos biológicos y toxicológicos en las víctimas recuperadas en la fosa de Capbreton y en el buque nodriza? —interrogó el fiscal jefe.
Miren activó la pantalla de proyección digital de la sala, mostrando los cromatogramas de espectrometría de masas y los estudios histopatológicos.
—Las autopsias y los análisis clínicos de los supervivientes evidenciaron un patrón de intoxicación aguda por una mezcla compleja de compuestos organoclorados de alta persistencia, fundamentalmente Coplanar PCB-126 y congéneres policlorados de dibenzodioxinas ( PCDD ), en concentraciones séricas superiores a los ochocientos picogramos por gramo de lípidos —explicó la doctora Mendiluze con absoluta precisión técnica—.
Estas sustancias actúan como agonistas potentes del receptor citoplasmático de hidrocarburos de arilo ( AhR ), induciendo una transcripción genética masiva de la enzima citocromo P450 1A1 ( CYP1A1 ), que desencadena una tormenta metabólica celular con esteatosis hepática fulminante, edema pulmonar no cardiogénico y necrosis tubular aguda.
Miren cambió de diapositiva para mostrar los registros de espectrometría de masas en tándem UHPLC-MS/MS Q-TOF .
—La huella química de las muestras tomadas en los tanques de doble fondo del carguero es idéntica en un noventa y nueve coma ocho por ciento a los residuos hallados en los tejidos hepáticos y pulmonares de los tripulantes fallecidos —concluyó Miren con voz rotunda y demoledora—.
No existe ninguna duda científica de que los vertidos fueron deliberados, sistemáticos y procedentes de los mismos reactores químicos suizos.
Un silencio absoluto se adueñó de la sala; los abogados defensores guardaron sus notas, incapaces de rebatir la solidez científica del dictamen forense.
A continuación, fue llamado a declarar el oficial Unai Etxebarria , quien compareció vistiendo el uniforme de gala de la Unidad de Buceo y Rescate de la Ertzaintza.
Unai se situó ante el micrófono con apostura marcial, saludó respetuosamente al tribunal y expuso el peritaje técnico sobre las operaciones marítimas.
—Oficial Etxebarria, detalle al tribunal las condiciones del abordaje táctico y el sabotaje de las válvulas de fondo en el carguero —solicitó el letrado del Gobierno Vasco.
Unai reprodujo en la pantalla del estrado las grabaciones submarinas de alta definición obtenidas por las cámaras frontales de las escafandras Interspiro AGA Divator MK II .
—A las cuatro y cuarto de la madrugada, los asaltantes abrieron manualmente las dos válvulas maestras de fondo ( Kingstons ) de cuatrocientos milímetros de diámetro e introdujeron barras de acero de construcción de treinta y dos milímetros en los engranajes de los volantes de compuerta para impedir su cierre —relató Unai con claridad militar—.
La entrada de agua superaba las trescientas toneladas por hora, situando la altura metacéntrica transversal ( GM ) en un umbral crítico de quince centímetros.
Unai mostró las piezas metálicas cortadas bajo el agua y depositadas como piezas de convicción ante el tribunal.
—Mediante el empleo de la cizalla hidráulica submarina Holmatro a setecientos bar de presión, cortamos las trabas de acero y completamos el cierre manual de veintidós vueltas en cada compuerta, logrando el sellado estanco y permitiendo el posterior achique con motobombas Flygt a cuatrocientas cincuenta toneladas por hora.
La jueza Elena Orue examinó los peritajes con evidente admiración.
—Oficial Etxebarria, su intervención y la de sus hombres salvaron a la costa vasca de un desastre ecológico y de una parálisis portuaria incalculable. Queda incorporado al sumario.
Tras tres horas de deliberación en su despacho, la magistrada Elena Orue regresó a la Sala de Vistas para dar lectura pública al auto de medidas cautelares.
Todos los presentes se pusieron en pie.
— Vistos los indicios racionales de criminalidad, la contundencia incontestable de las pruebas toxicológicas forenses y el peritaje subacuático y balístico aportado por la Ertzaintza y Osakidetza, este Juzgado decreta la PRISIÓN PROVISIONAL COMUNICADA Y SIN FIANZA para la totalidad de los catorce imputados.
La jueza continuó con la lectura de las medidas patrimoniales.
— Se acuerda el embargo preventivo internacional de todas las cuentas corrientes, participaciones societarias e inmuebles pertenecientes a la entidad Helvetia Ocean Trading y a sus directivos en Suiza, Liechtenstein y Panamá por un importe cautelar de setenta y dos millones de euros , así como la emisión de órdenes europeas e internacionales de detención y entrega a través de Interpol y Eurojust contra los consejeros delegados prófugos.
Los mercenarios y los financieros bajaron la cabeza mientras los agentes de la Ertzaintza les colocaban los grilletes reglamentarios para conducirlos a la prisión de Basauri.
Los aplausos de los familiares de las víctimas y de los representantes ecologistas rompieron la solemnidad de la sala.
A las dos de la tarde, en el salón de recepciones de la Fiscalía Superior del País Vasco, en el Palacio de Justicia, el Fiscal Superior y la Consejera de Seguridad recibieron a Miren Mendiluze, a Unai Etxebarria y a la inspectora jefa Irati Mendiluze.
—La coordinación entre la medicina de urgencias, la toxicología forense y el buceo policial táctico ha sentado un precedente jurisprudencial histórico en Europa en la persecución de los delitos ambientales trasnacionales —proclamó el Fiscal Superior levantando su copa de vino de Rioja Alavesa—.
Euskadi cuenta con los mejores profesionales al servicio de la ley.
Miren y Unai agradecieron el reconocimiento con la sobria humildad que los caracterizaba.
A las cuatro de la tarde, Miren y Unai se trasladaron al Hospital Universitario de Cruces.
En el vestíbulo de la quinta planta, el suboficial Joseba Agirre , vistiendo ya ropa de calle y acompañado por su esposa e hijos, firmó el documento oficial de alta médica.
Joseba caminaba erguido, con la herida hepática y torácica completamente cicatrizada gracias a la cirugía de control de daños y a la pericia de Miren.
Al ver a Miren y a Unai, Joseba se cuadró en señal de respeto y luego abrazó a ambos con lágrimas en los ojos.
—Doctora... Unai... Me devuelven a mi familia entero y con vida. Nunca olvidaré lo que hicieron por mí en aquella sala de máquinas.
Miren le sonrió con los ojos empañados de emoción.
—Joseba, cuídate mucho. El mar te espera, pero ahora toca descansar con los tuyos en Getxo.
Unai le estrechó la mano con una fuerza fraternal.
—En unas semanas volvemos a entrenar juntos en la dársena, compañero.
En la planta de traumatología, la doctora Arrate Larrea , la científica rescatada en el helicóptero de Armintza, también recibió el alta para continuar su rehabilitación en su domicilio de Plentzia, despidiéndose de sus salvadores con infinita gratitud.
A las seis de la tarde, cuando Unai y Miren llegaron a la base de la Unidad de Buceo en el puerto de Santurtzi, toda la dotación de buzos, patrones y mecánicos navales de la Ertzaintza formaba en dos hileras a lo largo del pantalán.
Al paso de Unai y Miren, los buzos hicieron sonar al unísono las bocinas neumáticas de las embarcaciones semirrígidas y levantaron sus aletas y reguladores en alto.
El cabo Iker Aldai hizo entrega a Unai del Guion de Honor de Buceo Táctico de Bizkaia , una bandera bordada en seda azul con el escudo del león marino y el lema: «Bajo las aguas oscuras, la justicia y el honor» .
—Oficial Etxebarria, doctora Mendiluze... Esta base es su casa y su trinchera. Es un orgullo servir a sus órdenes.
Unai levantó el guion hacia el cielo del puerto mientras los vítores y aplausos resonaban sobre las aguas del Abra.