CAPÍTULO 18 — LA CEREMONIA DEL ABRA Y LA NUEVA MAREA
A las diez de la mañana del dos de septiembre, un silencio respetuoso y solemne cubrió las callejuelas encaladas y las escalinatas de piedra del Puerto Viejo de Algorta .
Cientos de personas, entre familiares de los veinticuatro buzos y pescadores rescatados de las fosas abisales, patrones de pesca de las cofradías de Bizkaia y Gipuzkoa, enfermeros y médicos del Hospital Universitario de Cruces, y agentes de la Ertzaintza con uniforme de gala, abarrotaban los pretiles del muelle.
En el centro de la dársena, fondeada sobre las aguas mansas del Abra, la patrullera Itsas-Zaintza lucía su empavesada completa de banderas marítimas y la bandera vasca a media asta con crespón negro.
A bordo de la patrullera, la doctora Miren Mendiluze , vistiendo un sobrio traje de chaqueta azul marino, y el sargento Unai Etxebarria , con el uniforme de gala de la Sección Central de Buceo de la Ertzaintza, sostenían una gran corona de laureles y doscientos cuarenta claveles rojos y blancos.
A las diez y quince minutos, las sirenas de todos los barcos pesqueros amarrados en Santurtzi, Zierbena y Getxo sonaron al unísono durante tres minutos ininterrumpidos.
Unai y Miren se asomaron a la regala de proa y arrojaron la corona sobre las aguas claras del Cantábrico.
Los claveles flotaron en círculos sobre la corriente de la marea entrante, extendiéndose como un manto de honor y recuerdo eterno sobre el mar.
En la explanada del cantil de Getxo, junto al monumento a los hombres y mujeres del mar, un dantzari de la compañía de danza tradicional de Bizkaia, ataviado con traje blanco, txapela roja y pañuelo bordado, se adelantó hacia Unai y Miren.
El sonido ancestral y vibrante del txistu y el tamboril rasgó la brisa salina.
El dantzari interpretó con una solemnidad majestuosa los pasos del Aurresku de honor , alzando la pierna con fuerza elástica e inclinando la cabeza ante los dos servidores públicos y las familias de las víctimas.
Entre la multitud, la viuda del buzo Koldo Basurko, doña Maite Arrieta , tomó el micrófono con voz emocionada y serena.
— Durante cuatro largos años, el mar nos devolvía solo silencio y dolor...
Creíamos que nuestros hombres habían desaparecido en el olvido.
Pero vosotros, doctora Mendiluze y sargento Etxebarria, no os rendisteis jamás.
Descendisteis a las profundidades más oscuras para rescatar sus nombres, devolverles la dignidad y llevar la justicia hasta el último rincón del mundo.
Gracias por ser el latido limpio de nuestra tierra.
La multitud rompió en un aplauso cerrado, hondo y emocionado que resonó a lo largo de toda la bahía del Abra.
A las doce del mediodía, en la sede de la Delegación del Gobierno Vasco en Bilbao, la Consejera de Salud y el Consejero de Seguridad presidieron la presentación oficial del Libro Blanco de Seguridad en Operaciones Hiperbáricas y Rescate Subacuático .
El documento, redactado conjuntamente por la doctora Miren Mendiluze y el sargento Unai Etxebarria, establecía por primera vez en Europa la obligatoriedad de la monitorización espectrométrica rápida de toxinas en todos los accidentes de buceo profundo y la creación de la Red Vasca de Telemedicina Hiperbárica.
La Consejera de Salud dio lectura al decreto oficial del Consejo de Gobierno.
— Por su excelencia clínica, su rigor científico y su ejemplar dedicación al servicio público, se nombra formalmente a la doctora Miren Mendiluze como Directora General del Programa de Politrauma y Toxicología Marina de Osakidetza, con dotación presupuestaria prioritaria para la ampliación de la Cámara Hiperbárica de Cruces.
Miren recogió el nombramiento con una inclinación de cabeza y una sonrisa llena de orgullo.
—Este nombramiento no es una distinción individual, sino un compromiso sagrado para que ningún trabajador del mar vuelva a quedar desamparado en las profundidades.
A las dos de la tarde, en el patio central de la Jefatura de la Ertzaintza en Erandio, se celebró el acto formal de entrega de mando y toma de posesión.
El Viceconsejero de Seguridad y el Jefe de la Ertzaintza entregaron al sargento Unai Etxebarria el sable de mando y los galones de Oficial Jefe de la Sección Central de Buceo y Salvamento Marítimo .
—Oficial Etxebarria —proclamó el Jefe de la Policía—, vuestro liderazgo táctico, vuestra integridad moral y vuestro valor en la fosa de Capbreton han honrado a este cuerpo policial. Asumís el mando con la plena confianza del Gobierno y del pueblo vasco.
Unai cuadró el saludo militar reglamentario con una firmeza impecable.
—Serviré a Euskadi y a la mar con honor, lealtad y entrega absoluta hasta el último día de mi vida.
Sus compañeros de unidad, encabezados por el cabo Iker Aldai y los operadores de Berrozi, formaron en fila para estrechar su mano con un orgullo fraterno incontenible.
A las cuatro de la tarde, Miren y Unai se desplazaron a la planta baja del pabellón quirúrgico de Cruces para supervisar las obras de ampliación de la Cámara Hiperbárica Multiplaza de Gran Capacidad .
El ingeniero biomédico jefe les mostró la nueva campana de acero al cromo-molibdeno de doce plazas, presurizable hasta ocho atmósferas absolutas (8 ATA).
—Dispone de un sistema de circuito cerrado de soporte vital con esclusa de transferencia bajo presión (TUP), monitorización hemodinámica continua no invasiva por ecocardiografía transesofágica y línea de infusión automática de Intralipid y drogas vasoactivas controladas por microprocesador redundante —detalló el ingeniero—.
Es la instalación médica hiperbárica más avanzada del sur de Europa.
Miren acarició la pared acorazada de la cámara.
—Aquí es donde salvaremos las vidas que el mar intente arrebatarnos.
Unai la miró con admiración infinita.
—Y tú estarás al frente de cada rescate, Miren.
A las cinco y media de la tarde, Miren y Unai emprendieron el viaje hacia el caserío Mendiluze-Goikoa en Tolosa, llevando en la parte trasera del todoterreno el modelo a escala de la trainera pesquera en madera de teca que habían restaurado juntos.
Al llegar al caserío, Arantza Mendiluze los recibió con una bandeja de rosquillas caseras y una jarra de café recién colado.
Juntos caminaron por el sendero arbolado hasta la ermita de San Juan de Letrán.
Con la ayuda del párroco don Joseba, Unai suspendió la trainera de madera brillante bajo la viga central del retablo mayor, fijándola con cabos marineros de cáñamo.
Don Joseba bendijo la embarcación y a los presentes con agua bendita.
—Que este barco en miniatura recuerde siempre en esta montaña que la fe, el trabajo noble y el amor vencen todas las tempestades del mundo.
Los vecinos del valle de Tolosa rompieron en un aplauso cálido, celebrando la paz recuperada de su tierra.
A las siete y media de la tarde, mientras el sol de finales de verano comenzaba a teñir de tonos rojizos y dorados la imponente pirámide caliza del monte Txindoki , Unai llevó a Miren hasta las campas altas de Larraitz .
El viento fresco de la sierra de Aralar soplaba suavemente, mecía las copas de las hayas centenarias y traía el perfume a hierba húmeda y a flores silvestres.
Unai se detuvo junto al mirador natural que dominaba todo el valle del Oria, mirando a Miren con los ojos llenos de una emoción pura y profunda.
Tomó las dos manos de Miren entre las suyas, sintiendo el calor suave de sus dedos.
—Miren... el día que entré en el quirófano de Cruces contigo creí que mi vida solo tenía sentido en el fondo del mar, en la lucha contra la muerte y en la soledad de mis guardias.
Pero tú me enseñaste que la vida no es sobrevivir al naufragio, sino tener un puerto donde regresar, alguien a quien cuidar con toda el alma y una verdad por la que luchar cada amanecer.
Unai extrajo de su bolsillo una pequeña cajita de madera de roble tallada a mano en el caserío.
Al abrirla, sobre un lecho de terciopelo azul oscuro, brillaba una alianza de oro blanco con un zafiro azul marino engastado en el centro, simbolizando las aguas limpias del Cantábrico.
—Miren Mendiluze... ¿quieres compartir tu vida conmigo, ser mi esposa y navegar juntos para siempre?
Miren sintió cómo las lágrimas de felicidad asomaban a sus ojos.
Su corazón latía con una fuerza desbordante, llena de una certeza infinita y serena.
—Sí, Unai... Sí, mil veces sí. Mi corazón, mi vida y mi destino son tuyos desde el primer instante que cruzamos nuestras miradas.
Unai deslizó el anillo en el dedo anular de Miren y la atrajo hacia su pecho con una fuerza protectora y dulce, besando sus labios con una pasión infinita bajo la sombra eterna del Txindoki.
En las aguas exteriores del Abra, cincuenta traineras de competición y pesqueros de bajura procedentes de Bermeo, Ondarroa, Lekeitio y Getaria formaron una doble línea de escolta naval frente a Punta Galea.
Los patrones de pesca izaron las redes de honor y encendieron bengalas de humo blanco en los castillos de proa.
El patrón mayor de Bermeo transmitió por el canal 16 de VHF.
— A todas las embarcaciones del Cantábrico: hoy navegamos en aguas libres de veneno y de sombras. Honor y gloria eterna a los buzos caídos y a quienes los rescataron del olvido.
El sonido de las bocinas de vapor de los buques mercantes que entraban por el canal del puerto de Bilbao se unió al coro marino, haciendo vibrar el aire del mediodía con un saludo majestuoso.
En la sala de reuniones periciales del Instituto Vasco de Medicina Legal, la doctora Miren Mendiluze, la jefa de patología doctora Leire Arregi y el toxicólogo doctor Xabier Ugarte estamparon sus firmas digitales en los veinticuatro certificados definitivos de defunción judicial.