El Laberinto de Toledo (Los Secretos de España 3) CAPÍTULO 23 Intrusión durante la inspección
65%

CAPÍTULO 23 Intrusión durante la inspección

BLOQUE 1

La inspección comenzó poco después de las nueve de la mañana.

Lucía había insistido en que la visita no se modificara por lo descubierto en el archivo.

La solicitud de acceso se había realizado antes de encontrar las anotaciones recientes y tenía un objetivo concreto: comprobar sobre la fábrica actual varias medidas que aparecían de manera diferente en dos levantamientos separados por décadas.

Nada justificaba alterar el procedimiento.

Adrián caminaba junto a ella mientras Marcos llevaba la documentación técnica necesaria.

Inés había permanecido en el archivo. Durante las horas siguientes revisaría las últimas referencias de las rutas reservadas y trataría de identificar quién había consultado la copia donde aparecía la frase «Pendiente de comprobación física cuando sea posible.»

La zona que iban a revisar no correspondía a la antigua cámara documental.

Tampoco a la biblioteca.

Pero estaba lo bastante próxima para que Lucía hubiera estudiado con cuidado los recorridos antes de entrar.

No buscaban una puerta.

Buscaban una medida.

Esa diferencia era importante.

Marcos se detuvo frente al primer muro.

—Acá tenemos treinta y ocho centímetros de diferencia entre los dos levantamientos.

Lucía miró las plantas.

—¿Misma referencia?

—Eso parece.

Adrián observó la pared.

No había nada especialmente llamativo.

Piedra.

Reparaciones visibles.

Encuentros de materiales correspondientes a intervenciones diferentes.

Precisamente el tipo de superficie que podía engañar a cualquiera que intentara leerla como una construcción realizada en un único momento.

Marcos comenzó a tomar medidas.

Lucía comparó con la planta más antigua.

La diferencia no provenía necesariamente de un desplazamiento del muro. Podía deberse al criterio utilizado para medir, a un revestimiento posterior o a una simplificación gráfica.

—Primero fijemos los puntos comunes —dijo.

Marcos utilizó dos referencias cuya posición podía establecerse con suficiente seguridad.

La discrepancia disminuyó.

Adrián observó.

—Entonces uno de los planos midió desde otra cara.

—Probablemente.

Lucía comprobó la anotación correspondiente.

No había misterio.

Solo dos levantamientos realizados con criterios diferentes.

Marcos registró la corrección.

Siguieron hacia el segundo punto.

Para llegar debían atravesar una circulación lateral y pasar cerca de una dependencia cuya transformación histórica ya habían reconstruido parcialmente.

Lucía reconoció uno de los encuentros de fábrica que había visto fotografiado.

No era la antigua puerta.

Estaba demasiado al norte.

Exactamente como había escrito la mano anónima.

Se detuvo apenas unos segundos.

Adrián lo notó.

—¿Es la junta de la foto?

—Sí.

Marcos miró.

—La reparación moderna.

Lucía asintió.

No había razón para examinarla otra vez.

Continuaron.

La inspección transcurrió durante casi cuarenta minutos sin ninguna anomalía.

El segundo punto resultó más interesante.

Una diferencia de espesor entre planos podía relacionarse con una regularización posterior de la pared.

Marcos tomó fotografías autorizadas.

Lucía anotó las referencias.

Adrián comparó una memoria de obra.

Todo encajaba razonablemente.

Fue entonces cuando escucharon un ruido al otro lado del corredor.

No fue fuerte.

Un golpe breve.

Después otro.

Lucía levantó la cabeza.

Marcos dejó de medir.

Adrián miró hacia el extremo de la circulación.

—¿Están trabajando hoy por acá?

Lucía no lo sabía.

La visita se había coordinado precisamente para no interferir con otras tareas inmediatas en el sector.

Eso no significaba que no hubiera personal en dependencias cercanas.

Esperaron.

No volvió a escucharse nada.

Marcos retomó la medición.

Lucía permaneció unos segundos atenta.

Un edificio de aquella escala producía sonidos difíciles de localizar. Puertas. Herramientas. Movimiento de objetos. Trabajos realizados en otra dependencia podían transmitirse de manera engañosa.

No iba a convertir dos golpes en una presencia clandestina.

Continuaron.

El tercer punto estaba más cerca de una zona de transición entre fábricas de épocas diferentes.

Marcos necesitaba comprobar una alineación.

Lucía revisó el permiso de inspección.

Podían acceder hasta una puerta de servicio, pero no entrar en la dependencia siguiente sin solicitar apertura.

Eso era suficiente.

La alineación podía comprobarse desde donde estaban.

Adrián sostuvo una de las copias mientras Marcos trabajaba.

—Si esta referencia es correcta, el muro antiguo llegaba hasta acá.

Lucía miró.

—El muro de esa fase.

Adrián corrigió.

—Sí.

Habían aprendido a no hablar del edificio como si hubiera tenido siempre una única planta.

Marcos fijó el punto.

La línea coincidía mejor de lo esperado.

Lucía estaba anotándolo cuando volvió a escuchar el ruido.

Esta vez no fue un golpe.

Fue un roce prolongado.

Después algo metálico tocó el suelo.

Los tres se quedaron inmóviles.

El sonido provenía de una dependencia lateral.

Adrián habló en voz baja.

—Eso está más cerca.

Sí.

Lucía guardó la libreta.

No avanzó.

Tampoco abrió ninguna puerta.

La inspección tenía límites claros y no iba a atravesarlos por curiosidad.

Marcos miró el plano actual.

—Esa dependencia tiene otro acceso.

—¿Desde dónde?

Marcos señaló.

El ingreso ordinario estaba por una circulación distinta.

La puerta próxima a ellos era de servicio y debía permanecer cerrada.

Lucía se acercó sin tocarla.

Estaba cerrada.

No podía saber si con llave.

Adrián observó la parte inferior.

—Hay luz.

Una línea muy fina aparecía bajo la hoja.

Eso solo demostraba que la dependencia estaba iluminada.

Lucía sacó el teléfono y llamó a la persona responsable de acompañar la inspección en aquel sector.

La respuesta llegó rápido.

No constaba ninguna tarea prevista dentro de esa dependencia durante esa franja horaria.

Lucía preguntó si podía haber personal autorizado allí por otro motivo.

Hubo una pausa.

Iban a comprobarlo.

—No hacemos nada hasta que nos confirmen —dijo Lucía al cortar.

Adrián miró la puerta.

—Si hay alguien adentro...

—Puede tener una razón perfectamente válida.

Marcos se apartó del muro.

Esperaron.

El edificio siguió funcionando alrededor de ellos.

Pasos lejanos.

Una puerta cerrándose en otro sector.

Voces amortiguadas.

Durante casi un minuto no ocurrió nada junto a la dependencia iluminada.

Después se escuchó claramente un movimiento.

Algo fue arrastrado.

Adrián giró hacia Lucía.

Esta vez ella tampoco intentó restarle importancia.

Alguien estaba allí.

Eso no significaba todavía intrusión.

Solo presencia.

El teléfono de Lucía sonó.

La persona responsable confirmó que no había ninguna intervención autorizada en la dependencia y que nadie del personal asignado debía encontrarse dentro.

Ya se dirigían hacia ellos.

Lucía preguntó por el otro acceso.

La respuesta cambió el tono de la situación.

Debía permanecer cerrado cuando no se utilizaba.

—¿Con llave?

Sí.

Lucía miró a Marcos.

—Nos alejamos de la puerta.

No sabían quién estaba dentro ni por qué.

No tenían ninguna razón para enfrentarlo.

Retrocedieron varios metros hasta un punto desde el que podían ver la salida del corredor sin bloquearla.

Adrián habló en voz baja.

—¿Avisamos a seguridad?

—Ya lo están haciendo.

Lucía no quería improvisar.

La protección del edificio no era responsabilidad de ellos.

Su función terminaba en comunicar una presencia no prevista.

Esperaron.

Esta vez escucharon un ruido diferente.

Una puerta.

No la que tenían delante.

El otro acceso.

Marcos miró inmediatamente el plano.

—Está saliendo por el lado contrario.

Lucía no corrió.

Tampoco Adrián.

Se desplazaron únicamente hasta la intersección desde la que podía verse parte de la circulación siguiente.

Al llegar, una figura acababa de cruzar al fondo.

Solo la vieron durante un instante.

Ropa oscura.

Una carpeta o funda plana bajo el brazo.

Nada más.

No podían identificar edad con seguridad.

Ni siquiera estaban seguros de haber visto el rostro.

Adrián hizo ademán de avanzar.

Lucía lo detuvo.

—No.

La persona ya había desaparecido detrás de un giro.

Perseguirla dentro de la Catedral era absurdo y podía generar un problema mayor.

Marcos miró el reloj.

Anotó la hora.

Lucía llamó nuevamente.

Explicó por dónde parecía haber salido la persona y dio una descripción limitada a lo que realmente habían observado.

No añadió interpretaciones.

No habló de custodios.

No mencionó el laberinto.

Una persona no autorizada podía haber entrado por muchas razones.

La investigación histórica era solo una de ellas.

Pocos minutos después llegaron dos responsables del edificio.

Uno se dirigió hacia la circulación por donde había desaparecido la figura.

El otro permaneció con ellos.

—¿Entraron ustedes en la dependencia?

—No —respondió Lucía.

—¿Tocaron la puerta?

—Tampoco.

Eso era importante.

La situación interior permanecía tal como la persona la había dejado, salvo por cualquier alteración que ella misma hubiera producido.

El responsable abrió la puerta desde el corredor.

La luz estaba encendida.

La habitación parecía, a primera vista, normal.

No había un boquete en la pared.

No había herramientas abandonadas.

No había papeles esparcidos.

Adrián observó desde el umbral.

Lucía no entró hasta que se lo autorizaron.

El primer indicio apareció junto a un mueble.

Estaba desplazado.

No mucho.

Tal vez veinte centímetros.

Lo suficiente para dejar visible una franja de pared que normalmente permanecía cubierta.

Marcos miró a Lucía.

Era exactamente el tipo de comprobación que la mano anónima había previsto.

«Zona probable detrás del mueble fijo.»

Pero aquel mueble no era completamente fijo.

Podía desplazarse con dificultad.

Lucía no dijo nada todavía.

El responsable se acercó.

—Esto no estaba así.

Preguntó cómo lo sabía.

La respuesta fue sencilla.

La dependencia se utilizaba ocasionalmente y el mueble debía permanecer alineado con otros elementos para no obstaculizar el paso.

Lucía observó el suelo.

Había marcas de desplazamiento recientes.

No necesitaban ningún análisis sofisticado para advertirlo.

El polvo junto a la base mostraba la posición anterior.

Adrián miró la pared descubierta.

—¿Es ahí?