7 #3
Terry: ¿¿Quieres explicarme por qué carajos me dejaste ahí parado como imbécil frente a mis invitados?? (Grito exasperado, su mirada desafiante se clava en la mía).
Paty: Y usted quiere explicarme ¿qué carajos hace conmigo? Si no soy como ellos.
Terry: Aquí el único hijo de puta que grita soy yo, así que bájame el pinche tonito.
Paty: Está equivocado si cree que vendrá a gritarme, como el Sr. todopoderoso que se CREE, yo no soy Adele que todo le soporta.
Cierro los ojos y aprieto la mandíbula para no responder una tontería más grande que solo empeore las cosas, necesito calmarme, el dolor aumenta, ¡mierda! Froto mi frente, me acerco a la cama y me siento en ella. «Contrólate, Terry, maldito dolor, contrólate o vas a mandar todo al carajo».
Terry: Dame una pastilla. (Me la acerca junto con una botella de agua y la tomo, respiro profundamente un par de ocasiones. Cuando volteo a verla, me está dando la espalda, observando la oscura noche por la ventana).
Terry: Me quieres explicar ¿qué pasó?, ¿qué dije para que salieras así? (Pregunto en tono sereno, aún dándome la espalda contesta).
Paty: ¿Le parece poco? Me dijo que yo no soy como ellos, me queda claro que su mundo y el mío son completamente diferentes y más aún cuando me enteré de que usted era un conde, lo que no entiendo, es por qué me humilla de esa forma.
Terry: ¿Humillarte yo? ¿Pero de qué hablas, nena? (Se gira, me observa con una mezcla de rabia y dolor)
Paty: De que todas las personas importantes para usted tienen derecho a hablarle por su nombre, pero como yo no pertenezco a su estatus, como yo soy solo su empleada no puedo hacerlo, ¿no? Por eso a Adele tampoco se lo permite, ¿cierto? Porque solo es una empleada.
Creo que estoy entendiendo su enfado, pero es absurdo pensar de esa forma, ese no es el motivo. Me levanto con cuidado, el dolor sigue siendo muy incómodo, me presiono el pecho, hasta ahí llega el malestar. Me acerco a ella, tratando de encontrar las palabras adecuadas para que me entienda.
Terry: Creo que tenemos una perspectiva de las cosas muy diferente, nena.
Paty: Claro, a usted le importa una mierda.
Terry: ¿Qué? No, nena, escucha… me gusta que me hablen de usted por respeto, no por una posición económica o estatus social.
Paty: ¿¿Respeto?? (Su tono de sarcasmo e incredulidad son exagerados).
Terry: No entiendo de dónde sacas que es humillante, cuando se respeta a una persona se le habla de usted.
Paty: ¡Ay, por favor! Entonces ¿por qué a mí no me habla de usted? ¿Yo no me merezco su respeto? (Una punzada en el hombro me impide responder de inmediato, cierro los ojos para contenerme de quejarme, pero ella debe notarlo).
Paty: Si no se siente bien, podemos dejarlo para mañana.
Terry: No, quiero que esto quede claro de una vez, es solo un malentendido, nena. (Respiro profundamente). Llegaste como mi empleada, y obviamente exijo respeto a todos mis empleados.
Paty: Y eso sigo siendo, su empleada, porque a su amiguita, eso le dijo.
Terry: No, ella lo dedujo porque mi asistente personal siempre pasa la mayor parte del tiempo conmigo, y no, ya no eres mi empleada, eres mi pareja.
Paty: Entonces ¿por qué demonios tengo que seguir hablándole de usted?
Terry: Te lo acabo de decir, por respeto, ellos son mis amigos, no mis empleados, ni mi pareja.
Paty: ¿Cuándo ha visto que las parejas se hablan de usted? (Me tomo un momento para contestar).
Terry: Mi madre le hablaba de usted a… el conde, lo veía con…
respeto y admiración, como si el mundo se detuviera cuando él hablaba.
Yo les hablaba de usted a ambos, nunca me imaginé que ese fuera un problema, hasta hoy que lo mencionaste, por eso me desconcertó y enfadó que te fueras así y, sí, también por egocentrismo, pero no es tu caso.
Paty: ¿Su madre le decía Sr. a su padre?
Terry: No, le hablaba de usted y le llamaba conde, como todos los demás.
Paty: Aquí eso no se acostumbra, las parejas siempre se hablan de tú.
Terry: Lo entiendo, pero nunca antes habías mencionado que te molestara y yo nunca antes he tenido pareja.
Paty: La verdad es que no me había molestado, hasta que su amiga lo trató con esa familiaridad.
Terry: Sofi es amiga mía desde la infancia y, por cierto, antes de que se fuera le aclaré que no eres mi asistente, que eres mi pareja.
Paty: Ah ¿sí?
Terry: Sí, nena, mira, no quiero discutir por esto, si quieres hablarme de tú, adelante, entiendo que aquí no se acostumbra, es parte de mi educación y un recuerdo, no voy a obligarte a seguirlo, así que puedes hablarme por mi nombre si eso te hace feliz.
Aunque para mí, que me llames Mi Sr., me resulta…
cariñoso, íntimo. Pero como gustes. (Se queda en silencio observándome).
Pero no se te vuelva a ocurrir pensar que yo podría hacer alguna diferencia entre cualquier persona y tú, y si la hubiera, serías tú quien estaría por encima.
¿O acaso no te lo he demostrado? (Asiente, mientras acaricio su mejilla).
Paty: Ahora me siento ridícula.
Terry: Anda, necesito recostarme, volvamos a la habitación.