El Imperio y la musa de carne y hueso EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Cuando el Rey Comprende el Verdadero Significado de la Corona

Si has llegado hasta esta última página, quizá esperabas encontrar una fórmula para conquistar a alguien.

No existe.

Y, si existiera, no tendría valor.

Las personas no fueron creadas para ser conquistadas.

Fueron creadas para ser respetadas.

Este libro comenzó hablando del Imperio.

Después habló de la Musa.

Pero, en realidad, siempre habló de algo mucho más profundo.

Habló del viaje que todo ser humano debe realizar entre el orgullo y la humildad.

Entre el miedo y la confianza.

Entre la necesidad de ser elegido y la tranquilidad de haberse elegido a sí mismo.

Si alguna enseñanza deseo que

permanezca después de cerrar este libro, es esta:

La verdadera corona no la coloca otra persona sobre tu cabeza.

La colocas tú mismo, cada vez que eliges actuar con integridad cuando sería más fácil hacerlo de otra manera.

Cada vez que respetas incluso cuando no eres comprendido.

Cada vez que construyes en lugar de destruir.

Cada vez que eliges el carácter antes que el ego.

Ese día nace el verdadero Imperio.

Y ese Imperio no pertenece a un rey. Pertenece a cualquier hombre o mujer que comprenda que la mayor victoria nunca consiste en conquistar el mundo.

Consiste en no perderse a uno mismo mientras lo recorre.

Nota del Autor

Este libro no pretende ofrecer respuestas definitivas.

Pretende invitarte a hacer mejores preguntas.

Si alguna página te hizo detenerte, reflexionar o mirar tu propia vida desde una perspectiva distinta, entonces el propósito de esta obra ya se ha cumplido.

Porque los libros no cambian el mundo.

Cambian personas.

Y son las personas quienes, con el tiempo, terminan cambiando el mundo.

Bienvenido al Imperio.

No al mío.

Al tuyo.

FIN.