CAPÍTULO VEINTISIETE
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El largo camino a Chicago
ELENA
Tres páginas yacían boca arriba sobre la mesa de la cocina de Priya, encima de Cormorant Books las puertas rojas del lado del mar estaban cerradas y la rampa, vacía. Treinta y seis días hasta el dos de junio, y la campana de aquella torre aún no había sonado. No aminoró. Al final de la calle giró y enfiló la cuesta hacia la carretera de Portland.
A unos tres kilómetros miró de reojo. La foca gris se había deslizado contra la puerta con la cabeza apoyada en el cristal, como duerme un pasajero. Hizo el resto del camino a Portland así.