13 Lo que Noah ya notaba #2
Noah sonrió entonces. Pequeño, pero real.
Ryan vio cómo Brandon lo miraba al sonreír: no como quien celebra haber conseguido algo, sino como quien registra un signo vital.
Cuidado, sí. Pero no condescendiente. Brandon no parecía querer salvar a Noah del caos; parecía dispuesto a estar sentado allí mientras Noah decidía si quería salir de él.
Bien.
Eso hizo que Ryan se sintiera peor.
—Brandon toca bajo también —dijo Noah de pronto, como si necesitara ofrecer una ficha de personaje—. En una banda que él afirma que no tiene nombre horrible.
—Se llama The Minor Setback —dijo Brandon.
Ryan miró a Noah.
—Tiene nombre horrible.
—Gracias —dijo Noah, aliviado—. Se niega a aceptarlo.
Brandon bebió agua.
—Es un filtro. Si alguien sobrevive al nombre, merece la música.
—Eso es exactamente lo que diría alguien con una banda de nombre horrible —dijo Ryan.
Brandon sonrió.
—Me caes mejor de lo esperado.
Noah bajó la vista a su plato.
—Sí. Hace eso. Luego desaparece.
La frase cayó sin subir de volumen.
Ryan dejó el taco.
Brandon no miró a Noah con sorpresa. Quizá Noah ya había dicho algo. Quizá no. Quizá Brandon solo tenía práctica con silencios que cambiaban de temperatura.
—Noah —dijo Ryan.
Noah cogió una servilleta y la dobló por la mitad. Luego otra vez.
—No. Está bien. Tenías trabajo.
—Tenía trabajo.
—Y también no querías verme.
Ryan sintió que la respuesta automática subía: claro que quería verte, no es eso, estás dramatizando. Todas inútiles. Todas diseñadas para protegerlo a él, no a Noah.
—No sabía cómo verte hoy —dijo.
Noah se quedó inmóvil.
Brandon bajó la vista a su plato, dándoles privacidad sin irse. Una presencia elegida, no una huida.
—Eso suena peor —dijo Noah.
Ryan se pasó una mano por la cara.
—Sí.
—¿Hice algo?
La pregunta fue pequeña.
No teatral. No Noah con emojis, no Noah director de su propia tragedia. Solo veinticinco años, gafas empañadas, miedo mal escondido detrás de un taco a medio comer.
Ryan sintió que algo se le doblaba por dentro.
—No.
—¿Daniel hizo algo?
Ryan no contestó rápido.
Error.
Noah lo vio.
—Ah —dijo.
Brandon levantó la mirada entonces. No a Ryan: a Noah.
—¿Quieres que me vaya un minuto? —preguntó.
Noah apretó la servilleta.
La oferta no era rechazo. Era espacio. Brandon sabía retirarse sin castigar.
Noah negó con la cabeza.
—No. Si te vas, voy a convertir esto en una escena de película francesa y nadie quiere eso.
—Confirmo —dijo Ryan—. Nadie.
Brandon asintió, aceptando la elección de Noah sin apropiársela.
Ryan tragó.
—No puedo hablar por Daniel.
Noah soltó una risa breve, dolida.
—Qué frase más específica para alguien que solo está raro por trabajo.
Ryan miró la mesa.
—Tienes razón.
Noah esperó.
La televisión muda cambió a un anuncio de camionetas. En la cocina alguien gritó un pedido. Lluvia fina golpeó la ventana. Brandon movió su vaso apenas para que Noah tuviera más espacio sobre la mesa, un gesto mínimo que Ryan odió amar.
—Daniel dijo que quiere hablar contigo —dijo Ryan.
—Sí. Eso ya lo sé. Fue muy ominoso y muy Daniel. Pero tú también estás raro.
Ryan miró a Noah.
—Sí.
—¿Y Maya está rara conmigo porque tú le contaste algo?
Ryan cerró los ojos.
Mierda.
Noah respiró hondo.
—Vale.
—Noah—
—No. Espera. Estoy juntando piezas y no me gusta la forma del objeto.
Ryan se obligó a quedarse quieto. Eso era lo único decente que podía hacer: no tocar el objeto por él, no rearrancarle el control a la persona que ya estaba siendo excluida.
Noah miró hacia la ventana.
—¿Es sobre Dan? —preguntó.
Ryan sintió que todo el cuerpo se le convertía en borde.
—Sí.
La palabra no era la verdad completa. Pero era una puerta abierta, por fin.
Noah asintió despacio.
Brandon no se movió.
—¿Y no me lo puedes decir tú?
Ryan sostuvo la mirada de Noah.
—No todo. No así. No en una taquería con Brandon fingiendo que no está sentado en medio de un incendio.
Brandon levantó una mano.
—He estado en incendios peores. Literalmente no, pero sí emocionalmente.
Noah soltó una risa que se rompió enseguida.
Ryan añadió:
—Pero puedo decirte esto: no hiciste nada. No es culpa tuya. Y tienes derecho a enfadarte con él. Conmigo también.
Noah lo miró.
La frase entró. No como alivio. Como señal de que algo había estado mal el tiempo suficiente para necesitar permisos.
—¿Contigo? —preguntó.
Ryan no apartó la vista.
—Sí.
Noah se quedó muy quieto.
Durante años, Ryan había visto a Noah usar el humor como una manta eléctrica: enchufarlo rápido, cubrirse, fingir que no tenía frío. Ahora no lo hizo. Eso fue peor que cualquier chiste.
—Hoy cancelaste porque sabías algo que yo no —dijo.
Ryan asintió.
—Sí.
—Y porque no podías actuar normal.
—Sí.
—Pero podías dejarme pensar que era yo.
Ryan sintió el golpe en pleno centro.
—No quise.
Noah rio sin humor.
—Eso está resultando una frase bastante inútil hoy.
Brandon bajó la mano bajo la mesa. Noah la miró. Dudó. Luego apoyó dos dedos sobre los de Brandon, no más. Brandon no cerró la mano encima. Solo dejó que el contacto existiera. Agencia, pensó Ryan con una claridad extraña. No rescate. Oferta.
Noah respiró.
—Tengo que ir a casa de Daniel.
Ryan asintió.
—Sí.
—¿Tú vas a estar allí?
—No, salvo que tú lo pidas.
Noah lo miró de golpe.
—No sé qué voy a pedir porque no sé qué está pasando.
—Lo sé.
—No digas “lo sé” como Dan.
Ryan aceptó el golpe.
—Vale.