CAPÍTULO 7 #2
"Quiero que tú decidas," respondió Lucía, sintiendo cómo su corazón latía descontrolado. "Pero primero, necesito saber si me sigues amando."
El silencio volvió a caer entre ellos, pero esta vez era diferente. Alejandro parecía sumido en sus pensamientos, y Lucía pudo ver cómo luchaba con sus propios sentimientos. "No sé si puedo volver a confiar, Lucía. El pasado nos ha hecho mucho daño."
"Lo entiendo," susurró, su voz llena de dolor. "Pero necesitamos una oportunidad para sanar. Nicolás merece conocer a su padre. Y tú mereces conocer a tu hijo."
Alejandro la miró con intensidad, como si la respuesta a todas sus preguntas estuviera allí, en sus ojos. Lucía sintió que el tiempo se detenía nuevamente. La decisión estaba en sus manos, pero el miedo a perderlo de nuevo le helaba la sangre.
Finalmente, Alejandro se acercó, su mirada fija en ella. "Necesito tiempo para procesarlo. Esto es... mucho."
"Lo sé," respondió Lucía, su corazón latiendo con fuerza. "Pero por favor, no te alejes. No de nuevo."
Mientras se separaban, la tensión entre ellos seguía presente, y Lucía sintió que la verdad había comenzado a abrir una puerta. Alejandro le había dado una pequeña esperanza, pero el futuro seguía siendo incierto.
Alejandro se reclinó en su silla, el sonido de las olas rompiendo en la playa resonando en su mente como un eco lejano.
La luz del atardecer se filtraba a través de las ventanas de su oficina, proyectando sombras danzantes en el suelo pulido.
La confesión de Lucía retumbaba en su interior, como un tambor que marcaba el compás de una verdad que había estado evitando por años.
"¿Cómo he llegado hasta aquí?" se murmuró a sí mismo, sintiendo el peso de la culpa aplastándolo.
Había estado tan concentrado en su carrera, en construir un imperio que pensó que podría llenar el vacío dejado por su pasado, que había olvidado lo que realmente importaba. "Era mi hijo, y no lo sabía."
Recordó momentos de felicidad, risas compartidas con Lucía, sus ojos brillantes llenos de amor y promesas.
Las noches en las que se perdían en conversaciones interminables, los planes que habían hecho para un futuro juntos.
Su corazón se apretó al pensar en cómo todo se había desmoronado en un instante.
La decisión de dejarla había sido impulsada por el miedo, un miedo que ahora lo consumía.
"¿Qué pasa si no soy lo suficientemente bueno? ¿Y si repito los errores de mi padre?"
Pero, a medida que la culpa lo atormentaba, otra sensación comenzó a surgir: la determinación. No podía dejar que el miedo lo controlara otra vez. Nicolás merecía conocer a su padre, y él merecía conocer a su hijo. Con cada respiración, la idea se afianzaba más en su mente.
Se levantó de su silla, su mente girando en torno a la imagen de Lucía.
Su vulnerabilidad, su fragilidad, y al mismo tiempo, su fuerza.
"No puedo dejarla ir. No puedo perderla otra vez.
" La decisión se cristalizó en su interior.
Necesitaba buscarla, hablar con ella, enfrentar sus sentimientos de una vez por todas.
Con un golpe de corazón, tomó su abrigo y se dirigió a la puerta de su oficina.
Cada paso que daba lo acercaba más al encuentro que sabía que debía tener.
No podía permitir que Esteban interfiriera, no podía dejar que sus propias dudas lo frenaran.
El futuro de su hijo estaba en juego, su propia felicidad también.
Salió de la oficina decidido, el viento fresco de Monterrey le dio la bienvenida. La noche caía lentamente, y la ciudad parecía vibrar con un nuevo propósito. Con cada paso, su mente se llenaba de imágenes de Lucía, su risa, sus lágrimas. "Voy a encontrarla," se dijo. "No importa lo que cueste."
Mientras se acercaba a su auto, la ansiedad se mezclaba con la esperanza. Sabía que esta conversación podría cambiarlo todo, que podría abrir viejas heridas o, tal vez, curarlas. Pero una cosa era segura: no podía seguir viviendo en la sombra de su pasado. Debía enfrentarlo, y debía hacerlo ahora.
Alejandro encendió el motor, su determinación firme. "Voy a buscar a Lucía," murmuró mientras se dirigía hacia su casa, donde sabía que ella lo estaría esperando. La tensión en el aire se sentía palpable, pero esta vez no se iba a alejar. Esta vez, iba a luchar por lo que realmente quería.
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y purpuras, mientras Lucía caminaba por la playa al atardecer.
La brisa marina acariciaba su rostro, pero no podía deshacerse de la inquietud que sentía en su interior.
Cada paso que daba la acercaba al momento que había estado evitando, y su corazón latía con una mezcla de ansiedad y deseo.
Alejandro la esperaba a unos metros de distancia, su figura fuerte recortada contra el fondo vibrante del ocaso.
Al verlo, una oleada de recuerdos la inundó: las risas compartidas, los sueños construidos, el amor que una vez habían compartido.
Pero también el dolor de la traición, las decisiones que los habían llevado a este punto.
Se detuvo, sintiendo el peso de su secreto a punto de revelarse.
Él la miró con intensidad, sus ojos oscuros llenos de emociones que parecían chocar y fusionarse.
Lucía sintió cómo la tensión en el aire se volvía palpable, como si el mundo a su alrededor se desvaneciera, dejándolos solos en esa playa.
La conexión entre ellos era innegable, un hilo invisible que los unía a pesar de la distancia que habían creado.
"Lucía," dijo Alejandro, su voz grave y cargada de emoción. "No puedo dejar que esto se quede sin resolver. Necesito saber... necesito saber qué sientes."
Ella tragó saliva, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. "Alejandro, yo... he estado pensando mucho en nosotros." El miedo a la vulnerabilidad la invadía, pero sabía que debía ser sincera. "No ha sido fácil para mí. La vida ha cambiado mucho desde que te fuiste."
"Lo sé," respondió él, dando un paso hacia ella, como si buscara cerrar la distancia que siempre había existido entre ellos. "He estado lidiando con mis propios demonios. Pero no puedo seguir ignorando lo que siento."
Lucía sintió que su respiración se entrecortaba. Estaba a punto de confesarle su secreto más profundo, el que había guardado con tanto esmero. "Alejandro, hay algo que necesitas saber..." La voz le falló un momento, y se sintió vulnerable, expuesta ante él.
Sus ojos se encontraron, y en ese instante, todo el tumulto de emociones se unió en una sola mirada. Lucía sintió que el tiempo se detenía. Se dio cuenta de que había llegado el momento de dejar atrás el miedo y el rencor. "Nicolás es tu hijo."
Las palabras salieron como un susurro, flotando entre ellos en la brisa del atardecer.
El impacto de su confesión llenó el espacio, y Lucía vio cómo la sorpresa y la confusión se dibujaban en el rostro de Alejandro.
En ese momento, supo que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
La verdad estaba fuera, y con ella, la posibilidad de un nuevo comienzo.
Alejandro la miró fijamente, como si estuviera procesando cada palabra. La tensión aumentó, y Lucía sintió que una mezcla de miedo y esperanza la invadía. "No sé cómo reaccionar," murmuró él, su voz temblando ligeramente.
Pero en lugar de retroceder, ella dio un paso hacia él, su corazón latiendo con fuerza. "Lo sé, y no espero que lo entiendas de inmediato. Solo quiero que sepas que siempre he estado aquí, esperando el momento en que pudieras escucharme."
El silencio se instaló entre ellos, cargado de posibilidades. Lucía comprendió que la revelación de Nicolás podría unirlos o separarlos aún más. La decisión de Alejandro en ese instante podría definir su futuro. La incertidumbre flotaba en el aire, pero también la promesa de un nuevo comienzo.
Mientras el sol se ocultaba, Lucía se preparaba para enfrentar las consecuencias de su confesión, consciente de que este momento podría ser el inicio de una nueva vida juntos, o el final de un sueño que había durado demasiado tiempo.