CAPÍTULO 60
SEIS MESES DESPUÉS:
—¡Por fin, graduadas! —digo, abrazando a Olivia después de mi discurso como oradora de la promoción.
La semana que viene empezamos nuestras prácticas en Fascino: yo como diseñadora de moda y Olivia como estilista.
También he vuelto al mundo del modelaje. Tengo varios desfiles y sesiones de fotos en estudio programadas para los próximos meses.
Olivia y yo hemos decidido que, en el futuro, cuando hayamos adquirido suficiente experiencia y yo me haya graduado en gestión de la innovación y emprendimiento en la otra universidad, fundaremos nuestra propia marca como socias.
Atlas y ella siguen con su rollo de amigos con derecho y les va bien así, o al menos eso dicen.
Mi dios griego también se ha graduado. Por desgracia, ya no estaremos juntos en la universidad todos los días.
Eros, Atlas y Theodore se han convertido en socios de la agencia de publicidad en Italia. Se acordó que sería un negocio familiar, sin accionistas externos, y que cada uno tendría el treinta y tres por ciento de las acciones. Fue la forma que encontró mi padrastro de mantener a Eros trabajando con él.
Cada uno invirtió la misma cantidad en la sociedad para abrir la empresa y siguen conservando sus acciones en la empresa griega y en los hoteles.
Han pasado cinco meses desde el lanzamiento y el crecimiento ya ha superado con creces las expectativas. Por supuesto, el apellido Makris tiene peso y ayudó a ese crecimiento, pero lo que veo es que los tres funcionan como partes de un mismo cuerpo: cada uno destaca en cosas diferentes. Es decir, se complementan.
Eros compró un ático cerca de nuestra casa. Al principio pensé que eso podría alejarnos de algún modo, pero ocurrió justo lo contrario. Pasamos todo el tiempo juntos cuando no estamos trabajando o en la universidad, ya sea en casa o en el ático. Lo que hace que el ático sea tan especial es que allí estamos solos; tenemos intimidad.
Eros me abraza por detrás.
—Enhorabuena por el precioso discurso y por tu graduación —dice, besándome el cuello.
—¡Gracias! Estaba tan nerviosa hablando delante de todos.
—Lo hiciste genial. Y ahora, ¿podemos escabullirnos sin despedirnos de nadie?
—¿Quieres hacer una salida a la francesa, desconocido? Eso me suena de algo.
—Algo así —sonríe.
—¿Vamos? —digo, y salimos corriendo.
Subimos al coche de Eros.
Mientras conduce, pasa de largo el ático.
—Pensé que íbamos al piso —comento.
—Vamos a otro sitio —dice, dejándome con la intriga.
Llegamos al hotel Makris. Eros le entrega las llaves al aparcacoches, entramos en el vestíbulo de la mano y caminamos hacia el ascensor privado.
Mientras subimos, Eros me besa.
—No podemos hacer esto aquí —lo regaño.
—Es que no puedo resistirme —se acerca de nuevo.
El ascensor llega al último piso.
Vamos a la misma habitación que la primera vez, el día que nos conocimos.
—Voy a taparte los ojos —dice, cubriéndome la cara con la mano.
Caminamos unos pasos sin que pueda ver nada hasta que nos detenemos.
—Ya puedes mirar —dice Eros, apartando las manos de mis ojos.
Miro a mi alrededor y me quedo maravillada: hay flores de colores pastel por toda la terraza.
Me entrega un ramo rosa.
—Este color significa delicadeza, feminidad, belleza, armonía, ternura, juventud y amor —explica—. Algunas de las cualidades que veo en ti.
Nos sentamos a la mesa, frente a frente.
—Quise que cenáramos aquí porque este fue el primer lugar en el que estuvimos juntos —explica Eros, acariciándome la mano—. Los recuerdos de lo que pasó aquí no se me iban de la cabeza mientras estaba en Grecia, sin tener ni idea de quién era la desconocida que me puso la vida patas arriba.
—Fue mi primera vez, lo que hizo que todo fuera aún más memorable para mí —señalo.
El camarero nos sirve el vino.
Poco después, nos sirven la cena.
—Me encargué personalmente de elegir los platos —aclara Eros—. El chef conoce todas tus restricciones.
—Todo está delicioso —digo, saboreando cada bocado.
—Me alegro de que te guste.
Terminamos de cenar. Eros tiene un brillo diferente en los ojos.
Mete la mano en el bolsillo del pantalón y saca una cajita.
—Eros... —lo miro.
—Sé que ya hemos hablado de esto y que solo quieres casarte cuando te gradúes. Lo entiendo, y mientras estemos siempre juntos, me parece bien.
Abre la caja y veo un anillo con una preciosa piedra translúcida.
—Esta piedra es aguamarina —explica.
—La compré en nuestro viaje a Tailandia. Para los antiguos griegos, era un símbolo de felicidad conyugal. Por eso se ha usado durante siglos como una especie de amuleto, y pensé que sería el regalo perfecto para el amor de mi vida.
—¡Es preciosa! —digo, fascinada por el brillo radiante de la piedra.
—Cuando estés lista, aquí estaré esperándote para llevarte al altar y hacerte mi esposa. Pero incluso ahora, o mejor dicho, desde la primera vez que te vi, llevas grabada tu huella en mi corazón para siempre.
—En realidad, hay algo que llevo tiempo queriendo decirte.
—¿El qué? —veo expectación en sus ojos.
—Mis planes han cambiado —digo, y veo cómo se le forma una arruga de preocupación en la frente.
—¿De qué estás hablando, Chiara?
—Lo que quiero decir es que cuando esté en el trabajo, en la universidad o fuera por cualquier otra razón, estaré contando las horas, los minutos e incluso los segundos hasta volver a estar a tu lado, porque así ha sido desde que nos conocimos.
—¿Vas a decir lo que estoy pensando?
—Podemos dejar lo de tener hijos para cuando me gradúe en la otra universidad, pero si todavía quieres, me caso contigo hoy.
—¿Si todavía quiero? Por supuesto que quiero. Es lo que más deseo.
Eros se pone de pie, me abraza y me alza en sus brazos.
—Pues ya está, dios griego. Tenemos una boda que organizar.
Rodeo su cuello con mis brazos y junto nuestros labios.
Mi corazón late con fuerza y siento los latidos de Eros tan agitados como los míos. Es una felicidad que no se puede explicar, solo sentir.
—Chiara, le diste sentido a mi vida. Eres mi eternidad. Te amo más de lo que me amo a mí mismo, y todavía estoy atónito por la intensidad de lo que siento.
—Yo también te amo más que a nada. Quién hubiera pensado que el desconocido que creí que nunca volvería a ver se convertiría en el amor de mi vida.
FIN.