El guardaespaldas (Club Southside nº 10) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

FITZ

Fitz ni siquiera había terminado su espresso cuando el ambiente cambió.

Siempre era así con JJ: un segundo, el sol entraba a raudales por las amplias ventanas de la cocina, bañando de luz su residencia de Londres, y al siguiente, una nube de tormenta aparecía detrás de sus ojos, puro cálculo frío y concentración afilada como una navaja.

Estaba al teléfono, voz baja, cortante. Sin emoción, solo información que extraía con precisión quirúrgica. Fitz conocía ese tono. Lo temía. Significaba que alguna mujer, en algún lugar, había contactado con JJ para pedir ayuda.

—Es Cherise Pardo —dijo ella—. Te acuerdas de ella. Si quisiera estar a salvo en París, en el distrito 20, ¿qué tendría que hacer?

Fitz frunció el ceño y abrió un informe que acababa de recibir en su portátil.

—Maldición. Hector ya tiene gente buscándola.

Comenzó a escribir notas, se las pasaba a JJ y le daba instrucciones. Tenía la desagradable sospecha de que las cosas estaban a punto de ponerse feas. Ella habló con Cherise un poco más y luego colgó. Cuando lo hizo, lo miró desde el otro lado de la habitación, y a él se le encogió el estómago.

—¿Cuál es el problema? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

Jordan no dijo nada. Cruzó hasta la mesa y dejó el teléfono como si fuera a morderla. Tenía la mandíbula tensa, la expresión indescifrable. Fitz veía que se esforzaba por mantenerla así.

Fitz frunció el ceño, haciendo memoria.

—¿La enfermera? ¿La que se casó con ese zángano de Interpol?

—Hector —confirmó ella—. Ya no es solo un administrador. Según Cherise, está metido en asuntos turbios, muy, muy turbios, y no de los que molan.

Fitz parpadeó.

—¿Me estás diciendo que Hector Pardo, el tipo con la medalla de la ONU y el historial impecable, es un criminal?

—Cherise dice que está involucrado con René Vallois...

—¿René Vallois, el famoso traficante de armas?

—¿Conoces a algún otro? —replicó JJ.

—Cuidado, muchacha —dijo Fitz, con ese tono de voz de Dominante—. No es demasiado temprano para darte unos azotes.

JJ respiró hondo y se recompuso.

—Cherise dice que Hector está blanqueando dinero y Vallois está usando las conexiones de Hector para mover armas en envíos protegidos bajo cobertura de Interpol. Cherise lo descubrió.

La voz de Jordan bajó.

—Ahora huye por su vida.

Dejó que aquello calara. Lentamente. Con cuidado. Luego:

—Ese no es nuestro problema.

Jordan arqueó una ceja.

—¿Quieres repetir eso?

Fitz dejó la taza, con la mandíbula tensa.

—No nos dedicamos a perseguir divorcios sucios, JJ. Cerberus no es una agencia de detectives para mujeres con maridos problemáticos. Eso no es lo que hacemos.

—No —dijo Jordan—. Lo que hacemos es neutralizar amenazas que desestabilizan el equilibrio de poder. Si Hector está aunque sea la mitad de sucio de lo que dice Cherise, ha comprometido a Interpol, el intercambio de inteligencia de Europol y tres grupos de trabajo federales importantes.

Fitz no parpadeó.

—Sigue sin ser asunto nuestro.

Ella cruzó los brazos.

—¿Entonces qué? ¿Quieres esperar a que Cherise aparezca en un canal de Brujas para actuar?

—Eso no es justo.

—Lo que no es justo es que le pedí que me llamara si alguna vez se metía en problemas, y lo hizo. Y te lo digo, Fitz, si tú no la ayudas, iré yo misma.

Ahí estaba.

Esa parte obstinada e implacable de ella, el lado que le había costado la entrada legal a varios países y la convertía en la única persona viva capaz de mandar a Fitz al infierno y hacer que él se lo pensara.

Exhaló, pasándose una mano por la cara.

—Dios, JJ.

—Por favor, Fitz...

La miró. La miró de verdad. No solo estaba enfadada. Estaba asustada. No por ella misma, sino por alguien que le importaba.

—¿Dónde está? —preguntó.

—Huyendo —dijo Jordan—. Voy a llevarla a Mónaco. Pero allí no estará a salvo, no por mucho tiempo, no sola.

Fitz suspiró.

—Bueno, estamos abriendo Opus Noir y otra sucursal de Cerberus. Nick Ryeland y Logan Radcliffe ya están allí...

Sus labios se curvaron. No era una sonrisa, solo el fantasma de una.

—Eres una mocosa, JJ.

Se subió a su regazo.

—Ajá —dijo con su mejor acento escocés—, y me quieres.

—Cierto. Muy bien, dame los detalles. Se los pasaré a Nick y Logan y lo dejaré en sus manos. En sus manos, JJ. ¿Entendido?

—Por supuesto, Master.

Fitz resopló. Jordan tenía razón. Esto era justo el tipo de misión para la que se había creado Cerberus. No era solo un favor para una ama de casa descontenta. Si Vallois estaba involucrado, aquello podía escalar fácilmente a una guerra. ¿Y la guerra? Eso era algo que Cerberus sabía hacer.

Acompaña a Nick y Cherise en su huida por Europa, perseguidos por hombres despiadados, el peligro y una pasión renovada que ninguno de los dos puede negar.

El pasado es una tormenta entre ellos: duelo, ira, traición, pero la llama sigue ahí, igual de potente, igual de explosiva.

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Pensé que mi divorcio me liberaría. En cambio, me convirtió en un blanco.

Mi exmarido, un alto cargo de Interpol, está atrapado en una peligrosa red de tráfico de armas y alianzas criminales.

Cuando descubro su secreto, paso a ser una amenaza...

y una presa. Desesperada y sin opciones, hago una última llamada a Cerberus y acabo en los brazos del hombre al que creía muerto desde hace una década.

Nick Ryeland. Fantasma. El único hombre al que nunca dejé de amar.

Ya no es el soldado que recuerdo. Ahora es más oscuro, en sus secretos y en sus deseos, con cicatrices que calan hondo y un instinto protector que roza lo posesivo.

Nick forma parte de Cerberus, una empresa de seguridad privada vinculada a un discreto club privado donde la confianza, el control y la conexión lo son todo.

Es allí, tras puertas cerradas y rodeada de lujo, donde me dicen que estaré a salvo.

Pero el peligro nunca está lejos, ni tampoco la pasión que arde entre nosotros. Mientras huimos de los enemigos que nos acechan, cada momento juntos hace aflorar sentimientos que intenté enterrar. Nick dice que me protegerá. Que le pertenezco.

Quiero creerle.

Solo espero que confiar en él no acabe con los dos.

Bienvenidos al Club Opus Noir. Donde las sombras ocultan secretos, la pasión desdibuja los límites del control y el amor puede ser la apuesta más peligrosa de todas.