EL ECO DE MIS PENSAMIENTOS EL DÍA QUE ENTENDÍ QUE ERA UNA EMIGRANTE
80%

EL DÍA QUE ENTENDÍ QUE ERA UNA EMIGRANTE

"Porque uno puede salir de Cuba. Pero hay una parte de Cuba que nunca sale de uno."

Cuando salí de Cuba y llegué a Uruguay, nunca me sentí una emigrante.

Sí, había dejado atrás mi tierra, mi familia y todo lo que conocía, pero en mi corazón solo sentía que estaba viviendo en otro país.

Nunca regresé a Cuba durante esos años, pero tampoco vivía pensando que era una exiliada.

Mi vida simplemente había tomado otro rumbo.

Todo cambió el día que crucé la frontera entre México y los Estados Unidos.

Fue allí donde comprendí algo que hasta ese momento no había sido capaz de poner en palabras: ya no era solamente una mujer que había emigrado en busca de un futuro mejor.

Formaba parte de una inmensa comunidad de cubanos marcados por historias similares, por heridas parecidas y por una nostalgia compartida.

Personas que, como yo, habían tenido que empezar de cero lejos de su tierra.Fue en Estados Unidos donde entendí el verdadero peso de la palabra exilio.

Aquí descubrí conversaciones que antes no tenía, historias que se parecían demasiado a la mía y una forma distinta de mirar a Cuba.

Comprendí que nuestro dolor no era únicamente la distancia, sino una mezcla de ausencia, impotencia y la sensación de haber visto cómo nuestro país se iba apagando poco a poco.

Con el paso de los años, y también gracias a las redes sociales, el mundo ha podido conocer muchas realidades que durante mucho tiempo permanecieron ocultas o fueron poco comprendidas.

Los cubanos empezamos a hablar más, a contar nuestras historias y a compartir experiencias que durante años parecían quedarse únicamente entre nosotros.

Vivir tan cerca de Cuba, pero sin poder abrazarla como antes, crea una sensación difícil de explicar.

No es solo una cuestión de geografía. Es una cercanía que duele.

Saber que tu tierra está a tan pocas millas y, al mismo tiempo, sentirla tan lejana provoca un vacío que acompaña cada celebración, cada cumpleaños y cada noticia que llega desde la isla.

Esta es mi manera de entender lo que ocurrió con el país donde nací.

Crecí sintiendo que Cuba iba perdiendo oportunidades, sueños y esperanza.

Vi cómo muchas familias se separaban, cómo generaciones enteras hicieron de la emigración su único proyecto de vida y cómo tantas personas aprendieron a sobrevivir más que a vivir.

Desde mi propia experiencia, siento que el gobierno cubano terminó destruyendo las ilusiones de gran parte de la población y dejó a millones de personas convencidas de que su futuro solo podía construirse lejos de la isla.

No escribo estas palabras desde el odio.Las escribo desde el dolor.

Porque nadie abandona el lugar donde nació por capricho. Nadie deja atrás a sus hijos, a sus padres, a sus amigos y sus recuerdos si siente que todavía puede construir una vida digna en su propia tierra.

Yo no dejé Cuba porque dejara de amarla.La dejé precisamente porque la amaba demasiado y porque soñaba con una vida que allí ya no lograba imaginar.

Hoy sigo llevando a Cuba dentro de mí. Está en mi acento, en mis costumbres, en mi forma de reír, en mis recuerdos y en las lágrimas que todavía aparecen cuando pienso en todo lo que quedó atrás.

Porque uno puede salir de Cuba. Pero hay una parte de Cuba que nunca sale de uno.